Fuerza nueva / Fuerza nueva

Por más que digan los Fuerza nueva, medio de coña, medio no, que todo el arco parlamentario español en la actualidad es en realidad socialdemócrata, parece inevitable encontrar un nexo de unión entre la parafernalia estética de este disco conjunto de Los Planetas y Niño de Elche con al menos una idea de Íñigo Errejón. Me refiero a ese discurso del ahora líder de Más País en el que afirmaba que “hay que disputar a la derecha la idea de España”. Y no hablo sólo de la genialidad de Javier Aramburu para transformar la portada de ‘Unknown Pleasures’ en un mapa del país atravesado por un rayo –o el Atlas que carga con la piel de toro y ese aguilucho con cuerpo de rata, que coronan el libreto del disco–. Sino, sobre todo, del punto de partida de este trabajo: tomar himnos atávicos a la patria (o patrias que se circunscriben en ella) y sus costumbres más sagradas (la Navidad, la Semana Santa) y apropiarse de ellos. O mejor: arrebatárselos a una parte del pueblo y hacer partícipes de ellos al resto, que hasta ahora los contemplaban no sólo como ajenos sino además con recelo.

Puede que, como afirma Jota, ’Fuerza nueva’ sea sólo un nuevo experimento en el que se trasladan palos flamencos y cantos populares al lenguaje de rock psicodélico, espacial y expansivo, cuyo principal propósito sea hacer cantar flamenco a Paco Contreras. En ese sentido, resulta muy satisfactorio, porque cortes como el espiritual ‘Santo Dios’ (con su voz doblada múltiples veces y en distintos tonos, convirtiendo el himno de Andalucía en un canto sacro), el grave ‘Los campanilleros’ (devolviéndole aquel contexto socio-económico del cristianismo original que le dio la versión por farruca de Manuel León, en contraste al amable villancico de la Niña de la Puebla), la saetera y lisérgica ‘Mariana’ (recuperando unos versos que muestran a la Virgen como, ni más ni menos, una mujer víctima de la violencia por su físico) o el subi-subidón de la cantiña ‘Santo Domingo’ encajan perfectamente en nuestra fantasía: a falta de Morente padre, bueno es Niño de Elche cantando sobre ‘La leyenda del espacio’.

Además, como ya han aprendido bien Los Planetas, la intensa jondura que implican algunos de esos palos debe ser equilibrada con números de un pop rock más asequible y reconocible. Ahí juegan un papel importante ‘La canción de los gitanos’ –cuya lectura eriza el vello, al descubrir el nexo entre el caló ‘Gelem Gelem’ y el genocidido gitano que, junto con el judío, llevo a cabo el nazismo–, la tan iracunda y solemne como pegadiza ‘Canción para los obreros de SEAT’ y ‘El novio de la muerte’, que ya Javier Álvarez nos enseñó a admirar como canción exonerándola de su peso ideológico –y que Jota dota aquí de un punto humorístico con su referencia futbolera, Glutamato Ye-Yé mediante–. ‘La cruz’, curiosamente, se sitúa a medio camino de ambos territorios: si bien los versos entonados por Contreras sí aluden a la espiritualidad de ‘La saeta’ de Serrat/Machado, la instrumentación y la voz de Jota en el estribillo nos ayudan a verlo como el clásico medio tiempo planetero

, con final explosivo.

Sin embargo, ‘Fuerza nueva’, como apuntaba al principio, ofrece otras lecturas más allá de lo musical que lo convierten en una obra importante no solo por su alianza de talentos. Porque es un disco que, además de disfrutarse como tal, invita a pensar. Para empezar, plantea una interesantísima reflexión antropológica sobre cómo una canción puede llegar a transformar su significado a lo largo del tiempo excluyendo no ya a sus oyentes o a quienes la hicieron popular, sino a sus autores y su sentido original. O cómo el contexto socio-económico y político puede llevarnos a denostar una buena construcción musical. Y también, cómo el espíritu punk o convencional que advirtamos en un artista y su obra puede residir, en buena medida, en ciertas convenciones temporales y personales. En ese sentido, entiendo que cuando Jota decía que este es el disco más experimental de Los Planetas, hablaba más de su concepto y desarrollo que de lo puramente musical que, al fin y al cabo, redunda en una idea que vienen manejando hace casi 15 años ya.

Porque, después de charlar con ellos, me queda más claro que la selección de canciones en el disco (y fuera de él) y su peculiar manera de lanzarlo (desgranando determinadas canciones en fechas de singular significado, con su imaginería estética y con los interesantes puntos de vista sobre cada tema ofrecidos por Pedro G. Romero) tiene la voluntad de hacernos reflexionar, y no se trata de un ardid para captar atención mediática (que también). Porque si alguien ve una provocación en versionar el himno de la patria catalana, ‘Els segadors’, transformándolo (devolviéndolo a su origen, en realidad) en un auténtico canto de orgullo de la clase trabajadora (dejando caer, de paso, que el actual movimiento independentista tiene más de artimaña de las oligarquías que un verdadero sentido popular), o por destacar el enorme gancho pop del himno de la controvertida Legión española, el problema está sobre todo en la mente del oyente y sus prejuicios. Al fin y al cabo, son nada más (y nada menos) que canciones. Y como tal debería uno aproximarse a ellas. Por todo eso, ‘Fuerza nueva’ no es sólo un disco conjunto de Los Planetas y Niño de Elche, sino un pequeño gran hito en la cultura popular de España –esa idea/palabra que podría ser de un uso frecuente de todos, no sólo de unos pocos–.

Calificación: 8,2/10
Lo mejor: ‘Canción para los obreros de SEAT’, ‘El novio de la muerte’, ‘Santo Dios’, ‘Los campanilleros’, ‘La canción de los gitanos’
Te gustará si te gustan: ‘La leyenda del espacio’ y ‘Voces del extremo’.
Escúchalo: Spotify

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Publicado por
Raúl Guillén