No hubo euforia: desangelada victoria de ‘Voy a quedarme’ para Eurovisión

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No hubo euforia: desangelada victoria de ‘Voy a quedarme’ para Eurovisión

No ha durado 3 horas ni ha terminado a las 2 de la mañana, como a RTVE le gusta. Eso es lo mejor que puede decirse de ‘Destino Eurovisión’, que en nuestro foro del festival, desierto y exento de cualquier tipo de hype en una noche de final nacional, nada menos, el usuario Svampita describía así: «Siguen el guión de la gala del 2001, más o menos». «Parece un festival en TV Almansa», añadía Oscar. Por lo demás, la final noruega parecía acaparar más interés.

A Blas Cantó, en televisión, da gusto verle: es guapo, parece buena gente, mira a cámara todo el rato, reprime las ganas de llorar hablando de la muerte de su padre en 2020 por cáncer y de su abuela por covid-19, y se termina de romper con las compañeras con las que intentó ir a Eurovisión Junior 2004 cuando era pequeño. Es un amor, y para muestra la intervención de Yolanda Ramos, llorando por él. «¡No sufras!», le repetía una y otra vez, «pase lo que pase», mientras uno pensaba en tatuarse el «tip». Otro tema es lo de esas canciones aspirantes a ir al certamen, que sí, son mejores que ‘Universo’ porque tal cosa no es que fuera muy difícil, pero no han inspirado la más mínima emoción en nadie con un mínimo de sentido de siglo XXI.

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El artista arrancó el programa con un popurrí del festival, acompañado de una serie de bailarines y coristas que se echaron de menos en sus desangeladas actuaciones. ‘Voy a quedarme’ comenzó a capella y logró captar cierta atención, desde el principio se planteaba como favorita. No había mucho misterio: tenía más streamings en Spoti, Vanesa Martín afirmó sin rubor que la prefería, a Blas le recuerda a los que en su vida ya no están. Y ‘Memoria’ era como la hermana fea de ‘Euphoria’. Hasta Beatriz Luengo, elogiándola, las comparó. La terminaba de hundir ese técnico oculto detrás de una columna que parecía que iba a dar una sorpresa escénica, pero no. Nada pasó. Ganó ‘Voy a quedarme’, como se venía anticipando toda la noche.

Cuestionada por un grave error en los rótulos que animaban el televoto, RTVE fue capaz de organizar, de manera insólita, mejores actuaciones que las ideadas para representar a España en Eurovisión. Se invitó a una serie de cantantes amigos y colaboradores de Blas Cantó, con parte de la audiencia reivindicando a Nia como representante de 2022. ‘Lucía’ de Serrat continúa siendo un temazo, la versión del clásico de Salvador Sobral fue emocionante pese al programado speech inicial y la versión de Queen junto a Edurne fue un dechado de energía.

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Una noche, pues, para alimentar los rumores de que RTVE no quiere celebrar Eurovisión, cuando las actuaciones de las canciones candidatas son las más austeras, baratas y tristes de ver de toda la noche; por mucho que después se intentara vender un exacerbado optimismo, en contradicción, simplemente imposible para este 2021: «Eurovisión vuelve con más fuerza que nunca», dijo uno. «Nos vemos en Rotterdam», añadía otro. Ya veremos si el festival no ha de celebrarse de manera telemática, aunque al menos este año se garantiza el certamen, a diferencia de la holgazanería vista el año pasado.

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