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‘Otra ronda’: Thomas Vinterberg ya puede ir brindando por el Oscar

Pase lo que pase en los Oscar –es la favorita en la categoría de Mejor película internacional y Thomas Vinterberg está nominado como Mejor director- ‘Otra ronda’ es la película europea del año. Por premios (Cine Europeo, Cesar, San Sebastián), nominaciones (prácticamente solo se han olvidado de ella en los Goya) y repercusión internacional.

Es algo parecido a lo que ocurrió con la estupenda ‘La caza’, que estuvo nominada a todo (aunque ganó poco, lo más premiado fue la interpretación de Mads Mikkelsen), pero esta vez sin contrincantes de tanto peso como ‘La gran belleza’ o ‘Amor’. Lo que está claro es que Vinterberg y Mads Mikkelsen deberían juntarse más. Son como Penélope y Almodóvar: unidos funcionan de maravilla.

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‘Otra ronda’ comienza casi como una comedia. La premisa argumental de la que parte podría ser la de un filme tipo ‘Resacón en Las Vegas’. Cuatro profes cuarentones en plena crisis de la mediana edad deciden poner en práctica un experimento “sociológico”, una de esas ideas que solo se te ocurren cuando estás rodeado de amigotes y medio beodo: pasar la jornada laboral manteniendo un nivel constante de intoxicación etílica. En concreto un 0,5%, el porcentaje de alcohol que, según el psiquiatra Finn Skarderud, le falta al cuerpo humano. O, lo que es lo mismo, buscarse una coartada intelectual para, en vez de ir al psicólogo, ir pedo todo el día.

Sin embargo, conforme las borracheras empiezan a ser menos divertidas, menos relajantes, menos estimulantes para la creatividad y menos facilitadoras de la sociabilidad, ‘Otra ronda’ empieza a hacer eses por la calle del drama. Afortunadamente, el director apenas cae en el dramón aleccionador. De hecho, cuanto más moralista es su discurso, peor es la película. Y cuanto más nihilista, más existencialista (las referencias a Kierkegaard son constantes), más interrogativo, mucho mejor: ¿Se puede mantener un nivel óptimo de embriaguez? ¿Se vive más feliz, más tranquilo, más lúcido, bebiendo? ¿Merece la pena la vida sin chuzarte…?

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Mención aparte merece la interpretación de Mikkelsen. Un actor muy desaprovechado en Hollywood (su mejor actuación ha sido en televisión, en la serie ‘Hannibal’), que se ha convertido, gracias a sus trabajos en ‘Un asunto real’, la mencionada ‘La caza’ o las películas de Nicolas Winding Refn (‘Pusher’, ‘Valhalla Rising’, ‘Fuera de sí’), en uno de los grandes intérpretes europeos del momento.

Aquí está fantástico. De los cuatro amigos, su personajes es el mejor desarrollado. Lleva todo el peso de la película, consiguiendo transmitir de forma extraordinaria el camino que va de la angustia a la felicidad, y de la felicidad (etílica) a la aceptación de la derrota. Le echaremos de menos en los Oscar.

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