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‘Expediente Warren: Obligado por el demonio’ es más cursi que terrorífica

‘Expediente Warren’ ha resultado ser una de las sagas de terror más elogiadas por crítica y público de los últimos años. Este prestigio tiene mucho que ver con que no quisieran explotar el éxito de la primera antes de tiempo, haciendo una película cada año (como, por ejemplo, ‘Saw’), sino que crearon spin-offs, a menudo de peor calidad, como ‘Annabelle’ o ‘La monja’ con el principal objetivo de hacer dinero pero sin mancillar directamente el nombre de la serie original. La tercera parte de esta llega ocho años después de la primera, de nuevo con Vera Farmiga y Patrick Wilson como protagonistas.

Ambientada en los años 80, narra la historia real de un joven que comete un asesinato poseído por el diablo y cómo los demonólogos Ed y Lorraine Warren tratan de resolver el caso e intentan reducir su condena. La diferencia entre esta y las anteriores entregas es clara desde el principio: si en aquellas se intentaba hacer un tipo de terror más contenido y atmosférico sin la necesidad de recurrir a continuos “jump scares”, en esta el exceso se adueña de la pantalla desde el primer segundo. Esto no es algo necesariamente malo, de hecho el prólogo, que parece un clímax de lo desatado que es, es lo más valioso de la película y una declaración de intenciones en cuanto a estilo.

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Con esta carta de presentación quizá uno no espere encontrarse con una gran película –ya que dichos excesos tienen también sus contras, como en el machacón uso de la música o la poca sutileza al presentar ciertos temas- pero desde luego sí deja esperanzas para presenciar una aterradora experiencia palomitera entretenida y disfrutable.

Desgraciadamente, tras dos primeros actos solventes, la trama poco a poco va tomando unos derroteros cada vez más enrevesados y ridículos, cuando no sencillamente bochornosos. Y es una pena, pues como película de terror sin más pretensiones que el simple entretenimiento, funcionaba por encima de la media: tiene buenas interpretaciones, buenos sustos, una atmósfera lograda… Sin embargo, por algún inexplicable motivo, como ya se podía tantear en la segunda película, decide centrarse de nuevo en la historia de amor de los Warren y también en la de la otra pareja protagonista, aunque esta vez de forma mucho más cursi, mucho más torpe, mucho peor. Las dosis de sentimentalismo barato que se alcanza durante el tercer acto echa por tierra todo lo anterior, destruyendo así lo que podía haber sido un episodio más que digno de la saga.

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Contra todo pronóstico –a juzgar por lo que indica la primera parte de la película-, ‘Expediente Warren: Obligado por el demonio’ peca de tomarse demasiado en serio a sí misma, y precisamente por ello acaba siendo mucho más estúpida que terrorífica. La culpa no parece venir de la eficiente labor de dirección de Michael Chaves, que entiende bien el camino sembrado por James Wan en las dos primeras, sino más bien de un guion de David Johnson que no termina de aclararse con qué tipo de película quiere ser. Así, pese a algunos buenos momentos, la sensación que deja se acerca más a la decepción que a cualquier otra cosa.

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