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‘Benedetta’: la película más kitsch, guarra y blasfema de Paul Verhoeven

Con él llegó el escándalo. Paul Verhoeven irrumpió en el pacato Hollywood de los noventa como la protagonista de su ‘Instinto básico’ (1992): sin bragas y empuñando un picahielos. Con ‘Robocop’ (1987), ‘Desafío total’ (1990), ‘Showgirls’ (1995), ‘Starship Troopers’ (1997) o el mencionado thriller que convirtió en sex symbol a Sharon Stone, el cineasta holandés recibió todo tipo de acusaciones: sexista, ultraviolento, morboso, fascista…

Y eso que estaban avisados. ‘Delicias turcas’ (1973), el romance erótico que le lanzó a la fama (y a su protagonista, Rutger Hauer), fue nominada al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa. Y ‘El cuarto hombre’ (1983), su último filme en Países Bajos antes de volar a Los Ángeles, estaba lleno de sexo y gore. Con el cambio de siglo, el director neerlandés regresó a Europa. Y siguió tan insobornable e irreverente como siempre: ‘El libro negro’ (2006), ‘Steekspel’ (2012), ‘Elle’ (2016).

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‘Benedetta’ es su segunda producción francesa tras el exitazo de ‘Elle’. La película está basada en el ensayo de Judith C. Brown ‘Afectos vergonzosos: sor Benedetta, entre santa y lesbiana’ (Crítica, 1989), y narra la historia de Benedetta Carlini, una monja italiana que vivió en el siglo XVII y fue investigada por la Inquisición a causa de sus sospechosas visiones místicas y pecaminosas relaciones con Sor Bartolomea, otra monja del convento.

Verhoeven ha adaptado la vida de esta religiosa mezclando referentes de todo tipo, del más elevado al más prosaico. Desde la iconografía blasfema de Buñuel (las sacrílegas visiones místicas de Benedetta), el marxismo cristiano de Pasolini (el levantamiento revolucionario que protagoniza la monja) o el discurso lesbofeminista, hasta el melodrama religioso -tipo ‘La religiosa’ (1966) o ‘Agnes de Dios’ (1985)-, el esteticismo de ‘Narciso negro’ (1947), o el subgénero de la nunsploitation. De hecho, tiene gran importancia la aparición de un dildo sacrílego que recuerda a las escenas de masturbación de ‘Los demonios’ (1971) o ‘Interior de un convento’ (1978).

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La mayoría son referentes pasados de moda o desprovistos de la potencia transgresora que podían tener en épocas menos laicas y relajadas moralmente que la actual. Sin embargo, Verhoeven consigue combinarlos de tal manera, con un desparpajo, socarronería y sabiduría narrativa (son más de dos horas que pasan en un suspiro), que en ningún momento parece un refrito anacrónico o una parodia posmoderna. No escandaliza, pero sorprende y divierte.

‘Benedetta’ es una gamberrada erótica y escatológica, una fábula sobre el deseo y la corrupción (moral y carnal), una fantasía pegajosa y hortera que está muy cerca temática y espiritualmente de una de las películas más infravaloradas del director: la “pestilente” ‘Los señores del acero’ (1985). Una visión terrenal, irreverente y kitsch de la vida de la mística Benedetta Carlini, que bordea gustosamente el ridículo y se acerca por momentos a lo sublime.

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