El absurdo de las notas «random» corregidas por Pitchfork

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El absurdo de las notas «random» corregidas por Pitchfork

Pitchfork celebra sus 25 años. Parece mentira, ¿verdad? Quizá sea porque su influencia comenzó a ser mucho mayor hacia mediados de los 2000, y al menos en Europa rara es la persona que descubrió en su seno valores como The Avalanches o Magnetic Fields, procedentes de finales de los 90. Por aquí éramos más de Rockdelux, Mondosonoro y Radio 3. Fue alrededor de 2005, cuando empezaban a despuntar Arcade Fire, Sufjan Stevens, The National o The Knife, que la influencia de lo que entonces se llamaba Pitchforkmedia empezó a sentirse de verdad en el plano internacional. Pero existir, existían desde 1996.

25 años después, podemos abrir el enésimo debate sobre la relevancia de los medios de comunicación en la era de las redes sociales, cuestionar el atino de sus últimos hypes o su aproximación paulatina a la música comercial, pero nadie puede citar un medio de comunicación musical que resulte más influyente en el globo terráqueo. Lo que no sabemos es si Pitchfork celebra este aniversario con la mejor idea: un listado de los 200 artistas más importantes para ellos durante estos 25 años, en el que no está Adele, la autora del disco más vendido del siglo y ganadora de varios Grammys; y un artículo en el que se pretende corregir la calificación de 19 discos mal puntuados cuya valoración «cambiarían si pudieran». Ni 21 ni 25. 19 como el debut de la misma Adele.

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La idea es divertida, hasta que hace aguas por todos lados. Un disco de Liz Phair que recibió un 0 pasa a recibir un 6. Se hace un poco de justicia -tampoco mucha- a ‘Born to Die’ de Lana del Rey; a ‘Stories from the City, Stories from the Sea’, el clásico de PJ Harvey que fue inexplicablemente castigado por el portal; o al EP de Charli XCX que tan importante fue para el desarrollo del hyperpop. Una de las cosas que comentábamos en nuestro podcast «Criticar por criticar» era la necesidad de informar a la audiencia sobre aquellas reseñas de las que nos arrepentíamos. Justin Timberlake, el segundo de Beyoncé, Joanna Newsom son algunos ejemplos recurrentes de nuestros archivos. Pero en este caso, Pitchfork no la ha ejecutado de la mejor manera. No a la altura de sus interesantes reseñas dominicales, por las que hace poco pasó nada menos y al fin, el debut de The Cranberries puntuado con un 8,5 sobre 10.

En este caso, Pitchfork no ha explicado bien por qué ha escogido 19 discos en lugar de otra cifra. Se limitan a decir que son álbumes de los que hablan a menudo en la redacción. Parte de la selección parece totalmente irrelevante: nadie había dejado de dormir por 1 punto de más para el último disco de Grimes, ni por 1 punto de menos para el último disco de Chairlift. Una selección de disco por año, es decir, 25, habría sido una decisión no sé si muy relevante pero desde luego sí más estética y narrativa: nos habría dicho algo de la misma evolución de Pitchfork. Rolling Stone y Rockdelux hacen ese tipo de artículos muy bien.

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Otra opción habría sido preguntar a varios redactores o excolaboradores de qué crítica se arrepienten más. Sin embargo, los nuevos textos no están escritos por los críticos musicales originales, por lo cual en ocasiones la selección se convierte en una manera totalmente aleatoria de desacreditar a compañeros de profesión y de medio. O directamente son un crimen. Todavía no me he recuperado de esto: alguien ha decidido que era buena idea bajar la nota del disco final de Daft Punk, ‘Random Access Memories’, porque no ha sido tan «crucial» o «influyente» para la música pop como lo fue ‘Discovery’. El propio autor de este nuevo texto reconoce que las escuchas de ‘Random Access Memories’ siguen siendo multimillonarias, así que sólo puedo añadir que ojalá hubiera sido más «influyente», pero probablemente en los tiempos del bedroom pop no todos los músicos tenían millones de dólares para afrontar una superproducción tan prodigiosa y pornográficamente cara.

Pero el verdadero peligro de esta selección de 19 discos mal puntuados, en la que también se ha subido 1,2 puntos al segundo de los Strokes (de un 8 a 9,2), es que parece revalidar que el resto de miles de críticas publicadas por el portal son correctas. Y eso incluye las rácanas valoraciones realizadas en su momento de ‘Back to Black’ de Amy Winehouse, quien misteriosamente sí aparece en el listado de artistas esenciales (puntuado con un 6,4); ‘Vespertine’ de Björk (puntuado con un 7,2); ‘Parachutes’ de Coldplay (puntuado con un 5,3); o ‘NYC Ghosts & Flowers’ de Sonic Youth, que recibió un orondo 0. Hablo de críticas no borradas por el site, como sucedió con ‘The Boy with the Arab Strap’ de Belle & Sebastian, que se puntuó con un 0,8 en su momento, pero luego fue revisitado con un 8,5. Pero también habría que hablar de todos aquellos «best new music» ensalzados que no es que hayan sido demasiado influyentes. Grimes e Interpol han sido las víctimas fáciles de un troleo por su popularidad, pero lo bueno habría sido abrir el melón de dónde quedó el hype de gente como Girls, EMA o Hercules & Love Affair, pese al cariño que siento por los tres.

Y es que, si realmente Pitchfork se arrepiente tanto de sólo 19 críticas, ¿no habría sido lo suyo revisitarlas durante los próximos meses o años, una a una? Una jugada rara, de la que lo único bueno que se puede decir es que nos ha hecho pasar un rato, debatir… y también recordar, paradójicamente, los inicios más amateur de Pitchfork, que no sé si era la intención.

Revisitar un álbum, cambiarle la nota, genera un debate lícito y necesario: es un ejercicio incluso habitual cuando, por ejemplo, nos enfrentamos a un aniversario o una reedición, porque el tiempo y el devenir de las modas pone a cada cosa en su lugar. Pero con estas formas el movimiento genera cierto recelo. No se puede pasar por alto que el creador original de Pitchfork, Ryan Schreiber, vendió el site en 2015 al gigante editorial Condé Nast, dueño de Vogue, The New Yorker, GQ, Glamour o Vanity Fair. Entre 2018 y 2019, Schreiber se desvinculó definitivamente del portal. El giro de Pitchfork hacia el mainstream, lejos de los inicios de indie radical, había empezado algo antes, si bien consolidándose a lo grande estos últimos tiempos. No seré yo quien diga que Pitchfork ya no es lo que era, porque ignorar el mainstream siempre me pareció un error, pero antes al menos estaba claro de qué pie cojeaba el sitio y cuál era su alma, equivocaciones incluidas. Este último revuelo simplemente parece un clickbait torpe, holgazán y sin demasiado sentido. Que ‘Born to Die’ es un clásico ya lo sabemos, pero respecto a lo que hoy en día piensa Ryan Schreiber de tal álbum, lo cierto es que nos hemos quedado igual.

Podcast: Criticar por criticar

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