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‘La anomalía’, el superventas más anómalo de la temporada

El ganador del premio Goncourt sorprende con un libro que mezcla géneros y lo hace muy bien.

Ganar el premio Goncourt no te hace millonario –a los vencedores les dan un cheque de 10 euricos (en el Planeta te dan un millón)-, pero te asegura ventas millonarias, sobre todo en Francia. Aparte de la simbólica dotación económica, el Goncourt tiene otras dos peculiaridades: no lo organiza ninguna editorial, ni se concede a obras inéditas, solo a las publicadas ese año. Una tercera característica –esto ya lo añado yo- es que las obras premiadas suelen estar muy, muy bien: ‘El orden del día’, ‘Nos vemos allá arriba’, ‘El mapa y el territorio’, ‘Canción dulce’…

En año pasado lo ganó Hervé Le Tellier, un autor minoritario, muy desconocido en España (solo tiene una novela publicada, ‘No hablemos más de amor’), que se ha convertido en uno de los fenómenos literarios de la temporada. ‘La anomalía’ (Seix Barral) ha arrasado en Francia (más de un millón de ejemplares) y se ha traducido a medio mundo. Y, cómo no, los derechos ya se han vendido para hacer una serie de televisión.

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Mejor no contar nada del argumento. Aunque la editorial lo resume en la contracubierta –la premisa es demasiado atractiva como para no hacerlo-, es mucho mejor no saber cuál es esa “anomalía” que da título al libro. Para que el lector se haga una idea sobre la novela, es suficiente con tirar al vuelo algunas referencias o conexiones que se pueden rastrear en ella: el tema del doble, las teorías sobre la realidad virtual de Nick Bostrom (muy de actualidad con el anunciado proyecto Meta de Zuckerberg), series como ‘Perdidos’ o ‘Black Mirror’, la filosofía de Platón…

En ‘La anomalía’ hay mucha mezcla de géneros, personajes y estrategias (meta)narrativas. La novela es muy juguetona e ingeniosa, como corresponde a un miembro del grupo de vanguardia Oulipo como Le Tellier (quien además es matemático). La estructura narrativa, muy coral, recuerda un poco a la comentada ‘Perdidos’. Cada pasajero del avión que aparece en la historia tiene su propio relato, y cada relato –aquí difiere con la serie de J. J. Abrams- su propio género literario: thrillerher, ciencia ficción, drama familiar, novela romántica, sátira política (aparecen Trump y Macron), metaliteratura…

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La mezcla desconcierta al principio, pero funciona de maravilla. El autor consigue algo muy difícil: fabular sobre un hecho inverosímil, “imposible”, narrándolo con enorme verosimilitud; hablar sobre temas complejos, exponiéndolos de manera sencilla (el libro se lee con la claridad de un bestseller); lanzar preguntas de gran peso filosófico –sobre la identidad, la intimidad, la transhumanidad– como quien lanza un avión de papel. El libro está lleno de cuestiones existenciales y metafísicas, pero hay una que va dirigida directamente al lector: ¿qué harías tú en esa situación? ¿Cómo te comportarías si te ocurriera esa “anomalía”?

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