La 5ª temporada de ‘Black Mirror’ es un desastre de dimensiones distópicas

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La 5ª temporada de ‘Black Mirror’ es un desastre de dimensiones distópicas

Black Mirror’ es ya historia de la televisión. Su creador, Charlie Brooker, lleva casi una década demostrando su rapidez de reflejos a la hora de detectar los temores, inquietudes y esperanzas de nuestra sociedad con respecto a los avances tecnológicos. ‘El himno nacional’, ‘San Junípero’, ‘Ahora mismo vuelvo’, ‘Toda tu historia’… Muchos de los veintitrés episodios de la serie son obras maestras de la ciencia ficción contemporánea, fantasías anticipatorias tan realistas y plausibles que más bien parecen reflejos deformados de nuestro presente. Además, la nómina de realizadores de la serie es envidiable: Joe Wright (‘El instante más oscuro’), James Watkins (‘Eden Lake’), John Hillcoat (‘La carretera’), Dan Trachtenberg (‘Calle Cloverfield 10’), Jodie Foster (‘Money Monster’)…

Aunque siempre ha habido algún que otro episodio un pelín flojo –‘El momento Waldo’, ‘Cabeza de metal’-, el nivel general de la serie ha sido asombrosamente alto. Entonces, ¿qué ha pasado en esta quinta temporada?

Striking Vipers (Owen Harris)

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Este primer capítulo parte de una premisa atractiva aunque no demasiado original: ¿qué pasaría si la realidad virtual hubiera avanzado tanto que pudieras experimentar un videojuego de forma física? Brooker explora las posibilidades lúdicas de esta inmersión total en un juego (la mejor parte del capítulo) y lo mezcla con una historia sobre la crisis de la mediana edad. ¿Y qué imagen se le ocurre al guionista para ilustrar ese tedio existencial? Una barbacoa familiar. Esta analogía tan trillada parece el síntoma inequívoco de otro tipo de crisis: la de la imaginación de Brooker. El resto del capítulo lo confirma. ‘Striking Vipers’ es una perezosa fantasía sobre la realidad virtual, la crisis matrimonial y la represión sexual, con un discurso LGTB+ que parece sacado del siglo pasado. 4.

Añicos (James Hawes)

‘Añicos’ es, por lo menos durante su primera parte, un eficaz thriller de suspense que mezcla los VTC con la adicción a las redes sociales. Una suerte de ‘Taxi Driver’ en tiempos de Uber, que destaca por tres aspectos: la estupenda interpretación de su protagonista (Andrew Scott, de actualidad también por ‘Fleabag’), la inclusión de agudos apuntes de sátira sociopolítica (las grandes empresas tecnológicas consiguiendo información personal de un sospechoso con más rapidez que la propia policía), y la incorporación de una emotiva subtrama (la de la madre y su hija fallecida) con mucho potencial dramático. El problema aparece cuando se desvelan las intenciones del protagonista. A partir de ese momento, ‘Añicos’ hace honor a su nombre. Los elementos de interés de la trama se caen a pedazos, y lo que queda es un vulgar drama de sobremesa con mensaje aleccionador, que parece financiado por la DGT de Estados Unidos. 4’5.

Rachel, Jack y Ashley Too (Anne Sewitsky)

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El cierre de esta temporada no podía ser peor. Y eso que la premisa argumental prometía mucho. Por medio de dos líneas narrativas, ‘Rachel, Jack y Ashley Too’ cuenta la historia de una estrella del pop harta de su vida (Miley Cyrus en plan Ariana Grande) y la de una fan de quince años harta de la suya. La conexión entre las dos se establece a través de una muñeca-robot, una Alexa del futuro con la que la adolescente puede interactuar y paliar su soledad. Si por algo ha destacado el trabajo de Brooker en ‘Black Mirror’ es por su capacidad para exprimir las posibilidades dramáticas de sus ideas, sorprender al espectador con giros inesperados y proponer estimulantes reflexiones sobre nuestra relación con la tecnología. No es este el caso. ‘Rachel, Jack y Ashley Too’ es una tontorrona comedia juvenil (si han querido hacer una parodia no les ha salido), donde las ideas simplemente quedan enunciadas -las distintas formas de mercantilización de una estrella del pop- pero nunca desarrolladas. ¿Es hora de que Brooker se tome un descanso? 3.

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