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ODDLIQUOR / 4×4

Lo mejor: 'No se lo digas a mamá', 'Tiro el micro', 'Feliz con poco, aunque quiera más', 'Eso es demasiao', 'Idiota', 'Porno'
Te gustará si te gustan: C. Tangana, Recycled J o Alizzz pero también el hip-hop y el R&B contemporáneo internacionales
Escúchalo: Youtube

ODDLIQUOR es uno de los productores españoles más comentados de los últimos tiempos gracias a su trabajo para artistas como Nathy Peluso (‘Sandía‘), Natalia Lacunza (‘tarántula‘) o Cruz Cafuné (su single conjunto ‘La reina’). Él, por su cuenta, sin prisa pero sin pausa, ha ido cavando su lugar en el mundo del por urbano a través de dos discos largos como ‘Serendipia‘ (2016) y ‘Vibrato‘ (2018) en los que ha explorado su interés por el R&B contemporáneo de corte modernillo, sin renunciar a cantar él mismo sus propias canciones, pues además cuenta con un talento vocal nada habitual en el mundo de los productores y que él atribuye a las enseñanzas aprendidas en sus clases de interpretación, pues además es actor.

Aunque ha llegado al mercado en una fecha tan extraña como un 10 de diciembre, decisión que probablemente tenga que ver con que el álbum sea autoeditado, el nuevo disco de Marcos Terrones es cosa seria. ‘4×4’ nace de un momento de crisis en el que el madrileño se plantea su carrera y termina encerrado en el estudio con sus «personas favoritas». Ahí, rodeado de «sintetizadores e instrumentos nuevos» con los que nunca habían trasteado, Marcos y sus compañeros se «volvieron locos» experimentando. Ciertamente, ‘4×4’ es una locura a nivel de producción que poco tiene que envidiar a las producciones de factura internacional. Él afirma que aunque sea un lanzamiento autoeditado «suena como si hubieran invertido 10 sellos” y no miente.

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En este trabajo en el que ODDLIQUOR se acompaña de otros productores como Gase Da O, Tuiste, Mayo, Zulo o Luichy Boy (Cupido) para terminar de llevar a cabo su visión, el músico de Parla se vuelve a acercar a los sonidos negros con los que se ha criado, especialmente al hip-hop y R&B contemporáneos, aunque hay algún guiño big beat (‘No voy patrás’), pero su ambición como productor lo empapa todo. El estupendo primer single, ‘Tiro el micro’, llama la atención por lo elaborada de su producción llena de efectos vocales varios; y lo mismo sucede en otras pistas igual de elaboradas como el funk modernete a lo Bruno Mars de ‘Porno’, dedicada a la lealtad entre amigos; el funk-hop presumido de ‘Hoy me he levantao pibón’ o el emotivo cierre a lo Bon Iver de ‘Salao’, en el que aparece la madre de Marcos como lo hace en la pista introductoria.

En el espectáculo de sonidos que ofrece ‘4×4’ al final llaman la atención las trompetas a lo D’Angelo de ‘Eso es demasiao’ y el reggaetón de ‘Tengo la cara cansada’ pero, sobre todo, la pieza más minimalista de todo el largo con muchísima diferencia. ‘No se lo digas a mamá’ es una producción espectacular e inaudita que cruza pop urbano y música de cámara para relatar una historia llena de miedos y «ataques de ansiedad» provocados por trabajar en la industria de la música. Marcos, cuyo timbre vocal se acerca a los de Post Malone o The Weeknd, emociona con su interpretación pero el verdadero protagonista de la grabación es el sonido de una orquesta sinfónica que pone los pelos de punta.

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El enfoque de ‘4×4’ en la producción da lugar a composiciones de lo más estimulantes que sorprenden a cada minuto o incluso a cada segundo. ‘Idiota’ es una pieza llena de detalles (y de autoflagelación) en la que se cuentan un mínimo de tres beats distintos en sus primeros 50 segundos (!) que atraviesan varias épocas históricas del hip-hop, recordando lo mismo a los Beastie Boys que a Playboy Carti; y ‘Feliz con poco, aunque quiera más’ devanea entre la guitarra acústica, el R&B robusto y otras capas de producción para seguir buscando nuevos caminos incluso en sus últimos segundos (literalmente) con la entrada de un efecto tipo Prismizer y a continuación la de un órgano. Es la locura dentro de la locura.

En ocasiones la sombra de la llamada «sobreproducción» termina asomando en ‘4×4’ cuando te preguntas si era necesario que ‘Cuando me dejo 11evar’ trabajara tantas texturas vocales distintas o si ‘Nadie me va a joder el mood’ resistirá el paso del tiempo más allá de hacerte cosquillas a los oídos con esa exuberante producción que remite a los últimos pasos de Kanye West, entre otras cosas. ODDLIQUOR no evita del todo que ‘4×4’ suene como un catálogo exhaustivo de todas o casi todas las ideas sonoras que habitan en su cabeza, lo cual a veces parece querer compensar una falta de imaginación en las composiciones y, aunque la escucha del álbum total nunca resulta abrumadora, los cuantiosos efectos especiales aplicados a algunas canciones sí llevan a pensar que el más es más no siempre es buena opción. Sin embargo, es uno de los pocos peros que se le pueden poner a un álbum tan sumamente elaborado que abrirá ODDLIQUOR muchas nuevas puertas si el mundo es justo.

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