Bon Iver / 22, A Million

Por | 30 Sep 16, 0:05

JV1-640x640Justin Vernon ha explicado que tras el éxito de ‘Bon Iver’ (o ‘Bon Iver, Bon Iver’), su segundo disco, padeció una profunda depresión. Lo cuenta también su mejor amigo desde la infancia Trever Hagen (el “Hagen” de ‘Towers’) en una estupenda y extentísima carta que trasciende los límites del concepto “nota de prensa”, publicada en su web. Sus sueños sobre hacer música y vivir de ello no solo se habían hecho reales sino que se habían convertido en su misma vida de arriba a abajo, sin espacio para nada más. Vernon huyó en solitario a las Islas Griegas en temporada baja. “Para encontrarme a mí mismo. No lo logré”, dijo en la rueda de prensa de presentación del disco. Y allí llegó la peor parte de su enfermedad mental, con fuertes crisis de ansiedad que tuvo que superar en soledad. Pero, en ese vendaval, también surgió la frase que le ayudaría a superarla y que vertebra ’22, A Million’, su nuevo álbum: “Pronto se habrá acabado”.

Esa línea, “it might be over soon”, se repite como un mantra en ’22 (OVER S∞∞N)’, la primera canción que conocimos del disco. Una canción que juega con el doble sentido de la frase: todo esto pasará, sí, pero puede que sea porque todo estará bien o porque la vida, simplemente, se acaba. Ese “soon” cuyas «oes» son símbolos de infinito resultan la metáfora gráfica perfecta. Si Vernon se caracteriza por una escritura bastante críptica, lo de ’22, A Million’ es ya un ejercicio de auténtica tortura, con todos esos números y símbolos no alfabéticos poblando cada rincón del álbum.

El impresionante artwork del tercer disco de Bon Iver está repleto de pequeños dibujos, símbolos cristianos y paganos y, sobre todo, números. Cifras que titulan cada corte del disco y que, además, son un juguete gráfico y simbólico (el mismo título del disco es, simplemente, la cominación de su primera y última canción). Hay una explicación detrás de muchos de estos y sus seguidores ya se afanan en interpretaciones, algunas de las cuales se facilitan en el texto de Hagen. A veces marcan salmos de la Biblia, otras son, sencillamente, números importantes en la vida diaria de Vernon (22 es el número que vestía en su equipo de fútbol y, al parecer, programa sus alarmas 22 minutos antes de la hora).

La cantidad de información que parece esconderse tras cada verso (en su primera presentación en vivo, fueron entregados al público de forma íntegra, en un formato similar al de un libro de salmos cristiano), cifra o dibujo es abrumadora. Pero, como en el arte impresionista, fijarse demasiado en los detalles no ayuda a comprender la obra por completo: es mejor dar pasos atrás y observar globalmente. ’22, A Million’ parece la transposición de esa crisis personal llevada a la globalidad, cuestionando la fe religiosa, el amor y la vida misma, pero abriendo la puerta a la aceptación y la esperanza de vivir en paz consigo mismo, como parece evocar el espiritual himno final ‘00000 Million’.

Toda esta parafernalia también podría despistar de lo que sigue siendo lo más importante de Bon Iver, sus canciones. ’22, A Million’ vuelve a ser un verdadero vuelco a su predecesor en lo formal, sobre todo en su primera mitad, donde queda plasmada la sintonía que Vernon mantiene con Kanye West, Frank Ocean, James Blake o Francis and the Lights. Y no sólo en el tratamiento sonoro de voces y otros instrumentos clásicos (Francis Starlite vivió casi un año en casa de Justin, de ahí su activa aportación): la espiritualidad de muchas melodías se acerca al soul y al R&B, y la contundencia de algunas bases rítmicas, como las de ‘10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄’ o ‘33 “GOD”’ (con sus insólitos samples), se aproximan al hip hop más expansivo.

Esos, precisamente, son los momentos más poderosos y abrumadores del disco, los que marcan al oyente de manera más clara. Más allá, el gran hallazgo de ’22, A Million’ es la profunda arquitectura sonora, con apariencia de accidente, que dispone Vernon con el equipo técnico de April Base, su estudio, diseñando una perspectiva inédita (‘____45_____’ y ‘21 M♢♢N WATER’, por ejemplo, coquetean con el free-jazz) que hace sonar de forma insólita incluso las canciones más tradicionales. Es el caso del desarmante corte introductorio, ‘22 (OVER S∞∞N)’, la fantástica ‘29 #Strafford APTS’, interpretada con guiños de hillbilly por su fiel S. Carey mientras vientos y cuerdas parecen sonar a millas de allí, o de la sinuosa ‘666 ʇ’, no demasiado alejadas de ‘Perth’ o ‘Holocene’. Como ocurrió con ‘Bon Iver’, ’22, A Million’ presenta un nuevo estándar musical que será referencia futura para muchos.

Pero detrás de ese reinventado muro de sonido hay canciones, canciones emotivas y certeras en las que emerge el autor de ‘Skinny Love’. La progresión mecida por saxos de ‘8 (circle)’, las hechuras tradicionalistas tras la voz de otro mundo de ’715 – CRΣΣKS’, los aires gospel del sobrecogido cierre, ‘00000 Million’… Si bien es cierto que, aunque muy levemente, el poderío mostrado en la primera mitad se diluye en la segunda, ’22, A Million’ vuelve a confirmar a Justin Vernon y su equipo como uno de esos raros grupos que no juegan la misma liga que los demás. Simplemente, crean una propia y el resto debe conformarse con mirar, aprender y disfrutar.

Calificación: 8,2/10
Lo mejor: ‘33 “GOD”’, ‘22 (OVER S∞∞N)’, ‘00000 Million’, ‘10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄’, ‘29 #Strafford APTS’
Te gustará si te gustan: los últimos discos de Frank Ocean, James Blake y Kanye West.
Escúchalo: Spotify
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