Bon Iver / Bon Iver

Por | 20 Jun 11, 17:08

Justin Vernon dejó claro ya en el directo que ofreció en 2008 en el Primavera Sound que ‘For Emma, Forever Ago‘ fue una especie de accidente personal (aquella ya famosa reclusión que le llevó a componer y grabar esas devastadoras canciones de desamor en una cabaña perdida en una montaña, etc.) y que en realidad sus miras artísticas no se quedaban ahí. Entonces, acompañado ya por su actual banda de apoyo (Sean Carey, Mike Noyce y Matt McCaughan), la terrible sensación de aislamiento que transmitía su debut quedaba en parte atenuada en favor de una música igualmente emocionante pero más colorista y rica en lo que a arreglos y texturas se refiere. Por fin, aquellas pistas se concretan hoy en este ‘Bon Iver’ (¿o será ‘Bon Iver, Bon Iver’?), aún conectado a la emoción de ‘Flume’ o ‘Skinny Love’ pero a la vez lejos de ellas.


Algo que no cambia es que Vernon sigue siendo el principal artífice y responsable de Bon Iver: el álbum está enteramente escrito y producido por él mismo, y grabado en un estudio construido cerca de su hogar paterno con la ayuda de su hermano. Sin embargo, nos encontramos en ‘Bon Iver’ con el sonido de una banda bien sólida que, aún con la presencia ocasional de aquel mismo falsete espectral que daba vida a su debut, huye de la desnudez de sus primeras canciones y se encomienda a una peculiar sofisticación mediante una paleta de sonidos variada y sugerente, en la que una ambientación creada por teclados es la base fundamental y que le aproxima en cierto modo al sonido de artistas y bandas como Chicago, Bruce Hornsby o el Bruce Springsteen de ‘Tunnel Of Love’.

Que nadie se asuste, que la cosa no es lo grave y acartonada que puede parecer, sino todo lo contrario. Soportada en el núcleo instrumental mencionado en el primer párrafo, además de esa base de teclados, la banda incorpora ahora a toda una pléyade de virtuosos (Colin Stetson –Godspeed You! Black Emperor-, Mike Lewis y Cj Camerieri en los vientos, Greg Leisz en la pedal steel, Rob Moose en las cuerdas…) que aportan textura, color y relieve a unos retratos que Vernon, al menos en apariencia, dedica a lugares muy específicos, como denotan los títulos de estas canciones (‘Perth’, ‘Minnesota, WI’, ‘Hinnom, TX’, ‘Wash.’, ‘Calgary’, ‘Lisbon, OH’…). Aunque dado lo críptico de sus letras, bien podría tratarse de sucesos o personas vinculados a esas ciudades.

Lo importante, lo grande, es que estas canciones son como mínimo tan emotivas, sugerentes e impactantes como sus primeros pasos, aunque desde una perspectiva diferente y nueva. ‘Perth’ abre el álbum mostrando su capacidad para voltear la delicadeza del falsete de Vernon y de un sonido de guitarras bellísimo con un apabullante giro rítmico comandado por un doble bombo brutal, que tras apagarse enlaza imperceptiblemente con la ambiental ‘Minnesota, WI’ que, otra vez, engaña y estalla en ritmos y arreglos riquísimos mediada su duración. Esa es la gloriosa tónica de este soberbio álbum, pero no la única. ‘Hologene’ y ‘Michicant’ retoman la pátina intimista de ‘For Emma…’, pero tamizada a través de esta nueva manera de entender sus canciones, con un sonido muy natural y poco pulido que contrasta con la forma milimétrica en que las decenas de diferentes e imaginativos arreglos se incorporan a cada canción.

Vernon se permite, incluso, que el optimismo y la ortodoxia country invadan en cierta medida ‘Towers’, pero este sobresaliente álbum deslumbra cuando se recrea, con imaginación y sin redundancia, en unos hallazgos que cautivan más y más a medida que avanza el álbum, sublime en su recta final con la delicada ‘Wash.’ y la ya conocida, magnífica ‘Calgary‘. El álbum se cierra con una desconcertante sorpresa que se aproxima al patinazo más de lo razonable. ‘Beth/Rest’, inesperadamente, sí peca de los temidos tics que sugerían aquellos artistas mencionados más arriba, paradigmas del AOR ochentero más melifluo, con un Vernon embutido de repente en efectos de autotune, un piano eléctrico propio de una balada de ‘Flashdance’ (por poner un ejemplo) y con unas pinceladas de saxo que suenan al clarinete de Kenny G. Y, aun con este currículo, el tema acaba ganándose la empatía del oyente por coherencia y, qué coño, por bonito. Al fin y al cabo, el crecimiento de la cultura pop de muchos de nosotros también se alimentó de ese tipo de canciones.

Ni los mejores augurios podían adivinar que ‘Bon Iver’ sería una obra de tal calibre, que estremece de manera inmediata y promete nuevas y enriquecedoras escuchas durante largo tiempo. Se trata de uno de esos álbumes que no solo confirma a un gran artista sino que redimensiona sus expectativas de futuro, en una feliz reinvención que, en cierto modo recuerda, a las de artistas análogos como Sufjan Stevens o Iron & Wine.

Calificación: 8,5/10


Temas destacados: ‘Calgary’, ‘Perth’, ‘Wash.’, ‘Holocene’.


Te gustará si te gustan: Iron And Wine, Sufjan Stevens.
Escúchalo: en NPR, The New York Times

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