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Alana Haim y Cooper Hoffman brillan en ‘Licorice Pizza’

Cada nueva película de Paul Thomas Anderson despierta una inevitable expectación, tanto entre la cinefilia más palomitera como en la autoral, ya que es uno de esos escasos directores que conectan con prácticamente todo tipo de público.

‘Licorice Pizza’, que acaba de conseguir tres nominaciones a los Oscar, se ambienta en la ciudad de Los Ángeles en los años 70, un periodo y un lugar donde el cineasta pasó su adolescencia. La historia, contada desde una perspectiva puramente nostálgica, reúne a Gary Valentine, un actor adolescente con una gran visión empresarial y a Alana Kane, una joven de 25 años que anda algo perdida en la vida y trabaja haciendo fotos en un instituto. Tras conocerse por insistencia de Gary, que le pide una cita nada más verla, ambos comenzarán a trabajar juntos y se acabarán enamorando. La película va construyendo su relación de manera ligera, en su mayoría en tono cómico y sin un rumbo fijo aparente. Algo que es un gran acierto muchas veces y otras, también un ligero lastre.

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Durante la primera hora el tono es divertidísimo y todo fluye a la perfección: la meticulosa dirección de Paul Thomas Anderson y sus preciosos planos secuencia hacen que la cinta se sienta viva, en constante movimiento. Así como el magnífico detalle de que sus personajes estén continuamente corriendo, buscando desesperadamente ser felices, crecer, encontrar su lugar en un mundo a menudo cruel. Aquí, la no-estructura de la película hace de ella una experiencia encantadora. Anderson deja los papeles principales a dos debutantes: Alana Haim, de quien el director es amigo y con quien había colaborado anteriormente dirigiendo sus videoclips, y Cooper Hoffman, hijo del difunto Philip Seymour Hoffman, con quien Anderson contó para prácticamente todas sus películas.

Los dos están excelsos y son el alma de ‘Licorice Pizza’, aportando una necesaria frescura. Su presencia en pantalla es enérgica y deslumbrante. Alana Haim es quien tiene el papel más jugoso y aprovecha cada instante para demostrar su vis cómica y su enorme talento para la interpretación, que le ha valido nominaciones a los Globos de Oro y a los BAFTA. En el reparto también están el resto de la familia Haim (sus otras dos hermanas y sus padres) en roles muy secundarios, y con más tiempo en pantalla aparecen Sean Penn, Tom Waits, Bradley Cooper y Benny Safdie, todos ellos bastante inspirados.

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El problema de ‘Licorice Pizza’ es que hacia la mitad el interés comienza a decaer y la construcción de la relación entre ambos protagonistas falla a la hora de hacer que el espectador conecte y entienda su historia de amor. Un poco de tijera le hubiese venido inmejorablemente para resultar menos dispersa y que su impacto fuese mayor. Pero aún con todo, las grandes ideas visuales de su director, el altísimo nivel de sus intérpretes y algunas escenas escritas de forma verdaderamente ingeniosa y divertida hacen que valga la pena. Como en varias de sus películas, Paul Thomas Anderson a veces puede equivocarse, pero sus aciertos casi siempre pesan mucho más.

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