- Publicidad -

Black Country, New Road / Ants from Up There

Lo mejor: ‘Chaos Space Marine’, ‘Bread Song', ‘Concorde’, ‘Bread Song’, ‘Snow Globes’
Te gustará si te gustan: Akron/Family, American Football, Dexy’s Midnight Runners, Pulp
Escúchalo: 'Concorde'

Isaac Wood, cantante de Black Country, New Road, ha dejado el grupo, por motivos de salud mental. Ha hecho lo adecuado. Pero, egoístamente, es una pena. Porque aunque Black Country, New Road sea un grupo donde la parte instrumental tiene el mayor peso, donde es básica la pericia de los músicos… a pesar de todo eso, la voz y palabra de Woods son (¿eran?) parte fundamental de la personalidad de la banda.

Los fans de ‘For the First Time’ se pueden sentir algo desconcertados con este ‘Ants from Up There’. Si en aquel el post-rock era el género rey, aquí se ha diluido un poco, en favor de un sonido que recuerda más al de colectivos como Akron/Family. Black Country, New Road ahora suenan algo así como la versión emocore de Dexy’s Midnight Runners o The Pogues (¡esos golpes de saxo en el inicio de ‘Chaos Space Marine’!). Black Country, New Road van cargados de soul-folk, cierta épica de pop mesiánico ochentero, gotas de jazz, psicodelia y un poco de music-hall. Hay menos fanfarria, se sienten más introspectivos y melancólicos, las canciones son más concisas. Lo que se mantiene es su estupendo sonido. Esta vez se encarga Sergio Maschetzko, su ingeniero de sonido en los directos, que captura de manera magistral a la banda. El álbum es fluido, naturalista, como si estuvieras moviéndote entre los instrumentos. Si alguien está interesado en cómo ha grabado Maschetzko los instrumentos, puede encontrar la información en este tuit.

- Publicidad -

Las canciones de ‘Ants from Up There’ fueron apareciendo desde noviembre del año pasado, aunque el disco no mantiene el orden que presentaba el single ‘Snow Globes’ a principios de año. Black Country, New Road han creado un viaje, guiado por Isaac. Las canciones están repletas de letras enigmáticas, figuras y metáforas que van salpicando todo el minutaje (el avión Concorde, el sustantivo “clamp”, que puede significar cepo o abrazadera). Al parecer, esconden las súplicas amorosas de Isaac hacia una pareja o expareja que ya no le corresponde, su imposibilidad de pasar página, la lucha de Isaac entre ese amor obsesivo y la necesidad de olvidar y tirar hacia adelante. Su voz, histriónica, sobreactuada, como la de Kevin Rowland o Jarvis Cocker, es el hilo conductor. Aunque el disco abre alborozado: en ‘Chaos Space Marine’, el primer single, recuerdan a los Pulp más épicos y desatados. Pero el pesar no tarda en aparecer en ‘Concorde’, donde montan un vals emo, con el bombo de Charlie Wayne en primerísimo plano, que va de lo íntimo hasta un subidón orgánico de despliegue instrumental.

En ‘Bread Song’ sí que recuperan esos bajos tan emos y tan post-rock. Según cuentan, está inspirada en ‘Music For 18 Musicians’ de Steve Reich. Isaac se muestra doliente, suplica incluso mientras suben las revoluciones de la canción hacia al final. Sus palabras sostienen todo el peso de esta letanía sobre la pérdida amorosa: “Okay, well I just woke up/And you already don’t care/That I tried my best to hold you”. Hay espacios de calma para asirse, como el momento más Arcade Fire que ha tenido el grupo, ‘God Will Hunting’, con referencias a Billie Eilish. O algún interludio de clásico y sosegado jazz (‘Mark’s Theme’), del que pasan a su canción más puramente pop (dentro de sus parámetros), ‘The Place Where He Inserted the Blade’.

- Publicidad -

Pero todo se viene abajo cuando llega la pieza mayor del disco, ‘Snow Globes’, que ya desvelaron en enero. Nueve minutos de travesía sobre los violines folk de Georgia Ellery, las baterías y percusiones de Wayne, que suenan como si se pasearan, el saxo de Lewis Evans que acaricia el oído… contrastados por otros instrumentos volviéndose locos (el bombo, sobre todo). Como si fuera una balada irlandesa tirándose por un barranco, Isaac va perdiendo la contención para acabar gritando su estribillo, ese ‘Oh, god of weather, Henry knows/Snow globes don’t shake on their own’. Una canción que sirve para llorar y pegarse cabezazos contra la pared. Todo a la vez. Y la pieza final, ‘Basketball Shoes’, son más de doce minutos en que, a pesar del histrionismo de Woods, parece sosegarse en sus aflicciones.

Estas aflicciones de Wood, su voz y verbo son prácticamente la base de todo ‘Ants from Up There’. ¿Cuál será, pues, el futuro de la banda? Aunque el resto de componentes aseguren que continúan con el proyecto y que preparan nueva música, no deja de ser triste que Isaac ya no los vaya a acompañar más. Pena doble, además, porque no podremos vivir sus dos extraordinarios discos en directo, el hábitat natural del grupo. Por eso ‘Ants from Up There’ más que de consuelo, sirve como instigador de la melancolía.

Discos recomendados