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‘El hombre del norte’: la irregular fantasía vikinga de Robert Eggers

Robert Eggers es uno de los directores americanos emergentes más interesantes de los últimos años. Sus dos primeras obras (‘La bruja’ y ‘El faro’), independientes y tremendamente personales, eran viajes fascinantes a tiempos tenebrosos. Su capacidad para transportar al espectador y sumergirlo en un entorno peligroso y completamente ajeno a su realidad era uno de los puntos fuertes de ambas películas.

En ‘El hombre del norte’, una producción con muchísimo más presupuesto y medios, esa habilidad permanece intacta. La época vikinga encaja perfectamente con el universo que el director ha ido creando en su incipiente carrera, y este no se ahorra aquí la crudeza y la violencia de aquellos tiempos, representándola de manera visceral. La historia nos sitúa en Islandia, donde seguimos los planes de venganza a lo largo de los años de un príncipe que tuvo que presenciar la muerte de su padre y el rapto de su madre cuando era niño.

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Parece un milagro que Focus Features haya decidido apostar sus dólares en una propuesta de esta naturaleza, ya que, al contrario de lo que sugería su tráiler, Eggers no ofrece un espectáculo comercial sino una película decididamente autoral. Su importante batacazo en taquilla no resulta sorprendente, pero sí da cierta rabia. Aunque ‘El hombre del norte’ sea a todas luces la película más floja de su director, también es la más ambiciosa, en la que arriesga y lleva las grandes virtudes de su cine hacia un nuevo terreno.

La estética sucia y oscura, a medio camino entre la ensoñación febril y el hiperrealismo crea momentos realmente hipnóticos. Estos no siempre están acompañados de un guion que les saque el máximo partido, por lo que la unión de lo narrativo y lo estético queda a menudo desequilibrada. El principal problema es que Eggers dilata el metraje excesivamente, haciendo que lo que podría ser una experiencia condensada e intensa termine por resultar algo agotadora.

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No obstante, las ideas visuales y la puesta en escena compensan estas debilidades, haciendo que la película cobre especial fuerza en los momentos sensoriales, donde Eggers mejor se maneja. Su talento para crear atmósferas siniestras y asfixiantes es prodigioso, y a lo largo de la cinta encontramos varias escenas que logran impresionar por su aterradora belleza. También un reparto entregado realza el film, donde brilla especialmente su protagonista, Alexander Skarsgård. Las pequeñas intervenciones de Willem Dafoe o Björk son meramente anecdóticas, ya que, para decepción de muchos, no se puede decir que este se trate del regreso al cine de la cantante islandesa, puesto que su presencia en pantalla no debe llegar ni a los tres minutos.

‘El hombre del norte’, pese a su irregularidad, es una película interesante que muestra el lado más grandilocuente de su autor. Podría haber hecho –y seguramente es lo que se esperaba- un blockbuster mucho más accesible para el espectador medio, con menos violencia y menos pretensiones artísticas, pero Eggers ha puesto su visión por delante del potencial comercial. Y eso es lo mejor que se puede decir de ‘El hombre del norte’, que es exactamente la película que quiere ser.

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