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King Princess / Hold On Baby

Lo mejor: 'Cursed', 'Winter is Hopeful', 'For My Friends', 'Let Us Die'
Te gustará si te gustan: Fiona Apple, HAIM, Troye Sivan
Escúchalo: Youtube

King Princess es una artista que se rodea de los mejores. Publica en el sello de Mark Ronson, cuenta entre sus fans a Harry Styles y a Fiona Apple y, en su nuevo disco, el fallecido Taylor Hawkings de Foo Fighters toca la batería, en concreto, en la pista final, ‘Let Us Die’. Además, Aaron Dessner de The National aparece en otras dos pistas como autor y Tobias Jesso Jr. en otra (curiosamente, Dave Hamelin de los extintos The Stills también colabora). Todo ello invita a preguntarse por qué los discos de King Princess no son mejores, por qué no están incendiando las listas de éxitos como deberían.

‘1950’, el primer single de King Princess, es también su mayor hit hasta la fecha. Quizá llegó justo en el momento adecuado. Desde entonces, Mikaela Strauss parece haberse convertido sin querer en una artista de álbumes. ‘Cheap Queen’, su debut, era cohesivo y contenía temas estelares como ‘Ain’t Together’ o ‘Trust Nobody’. El conjunto no era magnífico, pero sí prometedor, y lo mismo se puede decir de ‘Hold On Baby’, un segundo disco en el que el R&B y el soul dan paso a las guitarras, pero no a una evolución significativa a nivel compositivo.

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El germen de ‘Hold On Baby’ se encuentra en el confinamiento. La carrera de King Princess se encuentra en ascenso cuando el coronavirus le obliga a parar y a encerrarse en casa. Este encierro involuntario significa que Strauss está más en contacto consigo misma y con sus pensamientos que nunca, lo cual le hace reparar en sus problemas de autoestima. En la atmosférica pista inaugural, de título muy Xiu Xiu, ‘I Hate Myself, I Want to Party’, plantea un escenario patético de fracaso. Canta “quiero fingir que soy una estrella otra vez”, a la vez que juega a la PlayStation en bragas. Strauss lidia con la depresión también en el synth-pop de ‘For My Friends’, donde canta sobre su tendencia a desaparecer… solo para volver de nuevo.

La honestidad brutal de King Princess siempre ha sido una de sus bazas, incluso cuando va dirigida hacia otra persona. En el indie-pop de ‘Little Bother’ desafía a su ex a que recuerde el amor que ha dejado escapar “mientras te quedas mirando cómo se seca la pintura”, en el interludio de ‘Hold On Baby’ proclama no ser otra cosa que “una payasa que necesita atención”, y con ‘Change the Locks’ desea que la gente se sienta “como si estuviera menstruando en el festival Lilith Fair” al escucharla.

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Sin embargo, ‘Hold On Baby’ genera dudas por las composiciones. Hay algunas estupendas. ‘Cursed’ es una canción 100% King Princess en el mejor de los sentidos, excelente. La miniatura de ‘Winter is Hopeful’, entre el soul y el dream-pop, aporta una necesaria capa de ternura a un álbum lleno de sentimientos agridulces. Tampoco están mal los singles ‘Little Bother’ y ‘For My Friends’, y la apesadumbrada balada ‘Crowbar’ sigue describiendo la depresión de King Princess con una melodía clásica muy bien construida.

Pero el disco pronto decae. La debilidad de las melodías de Strauss se hace especialmente patente en ‘Dotted Lines’ -pese a la participación de Ronson- o ‘Sex Shop’ y es una pena que una canción que versa sobre la “experiencia disfuncional sáfica de la co-dependencia” no sea mucho más impactante de lo que es ‘Change the Locks’. En ‘Hold On Baby’, King Princess mantiene la elegancia de su debut, especialmente en sus sensuales interpretaciones vocales, pero no termina de dar un paso más allá hacia la consolidación, pese a rodearse, de nuevo, de nombres muy queridos en la industria.

El álbum concluye con ‘Let Us Die’, otro buen single que cuenta con la colaboración del mencionado Hawkings y que habla sobre un amor masoquista. La producción busca un sonido crudo, pero termina sonando algo amateur, un problema que ya sufrían los singles de King Princess previos al lanzamiento de este álbum, temas como ‘Pain’ que transmitían que Strauss andaba algo perdida en lo musical. En ‘Hold On Baby’ se ha vuelto a encontrar. Falta que nos dé ese disco a la altura de la estrella que ella misma dice ser.

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