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Así sobrevivió ‘Te estoy amando locamente’ a un verano

Cerca del medio millón de euros en recaudación, ‘Te estoy amando locamente’ es una de las películas españolas del verano. No es ‘Campeonex’ pero tiene mérito que el público esté acudiendo a las salas para ver una opera prima que más pronto que tarde aparecerá por Netflix.

El debutante es Alejandro Marín, a quien apenas se conocía por su trabajo en la película colectiva ‘La hija de alguien’ y por compartir créditos en ‘Maricón perdido‘, la serie sobre Bob Pop. Este vuelve a ser un proyecto LGTB+ -cuyo guión Marín ha firmado a medias con Carmen Garrido- que se sitúa en la Sevilla de 1977. Cuando algunos incautos imaginamos que muerto Franco, se había acabado la rabia, la ley de peligrosidad social continuaba vigente, enviando al calabozo a «maricones y travestis» por el simple hecho de no vestir prendas «de género masculino» por la calle.

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‘Te estoy amando locamente’, que cuenta con música vieja de Mari Trini y nueva de Rigoberta Bandini -ambas muy bien integradas- toma evidentemente su nombre del hit de Las Grecas. Sobre todo de su frase «Quisiera que me comprendieras», no tanto de la de «prefiero no pensar, prefiero no sufrir». Cuenta la historia de Miguel, interpretado por la revelación Omar Banana, un joven de 17 años que va para abogado, pero cuyo verdadero sueño es acudir a cantar a Gente Joven, aquel icónico programa de RTVE para nuevos artistas -qué tiempos-, donde debutó algo parecido a lo que luego sería Mecano.

Miguel, que bien podría haberse apellidado Bosé, irá descubriendo su talento (o no) para el escenario en una cinta que acierta al evitar por completo los componentes sexual y romántico. Como diciendo que ya hemos tenido suficientes autodescubrimientos y guaperas en el cine LGTB+ -muchísimas gracias- Marín pone toda la carne en el asador para mostrarnos dos mundos igual de apasionantes que el amor y el sexo. En primer lugar, la relación del movimiento LGTB+ con el obrero, la causa feminista o incluso el clero, lo que la conecta con la película ‘Pride’. Y en segundo lugar, el viaje que tendrá que emprender la madre del protagonista, soberbiamente interpretada por Ana Wagener, para comprender a su hijo. Algo nada fácil en 1977, que no puede ser despreciado con la mirada de hoy. Ni que decir tiene que Wagener es lo mejor de la cinta, desdoblada en sendas matriarcas españolas: la que temes y la que amas.

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‘Te estoy amando locamente’ pulula de manera mejorable, eso sí, entre la reivindicación, la comedia y el drama. Porque en cuanto a lo primero, su guión carece de la fascinante complejidad y el vértigo de ‘120 pulsaciones por minuto’. En cuanto a lo segundo, Alba Flores cumple con creces y La Dani y Alex de la Croix se suman a la lista de revelaciones, algo desaprovechadas incluso, y para muestra esa escena en la que Flores insiste en que no la dejen hablar, en que no la dejen hablar… y al final habla… pero demasiado poco. Y lo del drama tiene tintes telefilmescos, sobre todo en la escena del juicio.

Pero la baza de la película es que la vida a veces es un telefilm de verdad, que la realidad puede superar a la ficción. La parte reivindicativa de lo que muestra ‘Te estoy amando locamente’ ocurrió en Sevilla en la vida real -por supuesto con alguna licencia-, por lo que la cinta termina siendo un sentido homenaje a gente como Paca La Borde, y a todos los que se jugaron la vida por los derechos que hoy disfrutamos todos. O que estamos en camino de conseguir en 2023.

Como todavía no sabemos quién va a gobernar nuestro país, pues el PP va a pasar un mes negociando con «los enemigos de España» y suplicando transfuguismo a miembros del PSOE, la emoción por lo que pueda ocurrir con nuestros derechos si VOX entra en alguna ecuación de gobernabilidad, es palpable en los pases de la cinta. Muchos amigos me dijeron «tienes que verla antes de las elecciones» y aún decenas de personas aplauden a su término (al menos sucedió en mi pase estos días en los Renoir), como si en un festival continuara presentándose, 2 meses después de su estreno.

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Fabiana Palladino