Del tatuaje «Basoa» al «pogo queer»: el Bilbao BBK Live contado por sus asistentes

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Del tatuaje «Basoa» al «pogo queer»: el Bilbao BBK Live contado por sus asistentes

Bilbao BBK Live vuelve un año más. Los días 11, 12 y 13 de julio, el monte de Kobetamendi acogerá esperados directos de cabezas de cartel como Arcade Fire, Massive Attack, Jungle, Underworld o The Prodigy y también conciertos igualmente recomendables de grupos favoritos del público como Alvvays, Khruangbin o Parcels. En el plano nacional, artistas consagrados del calibre de El Columpio Asesino o Sen Senra y nombres pujantes como los de Jimena Amarillo o Ralphie Choo ofrecerán también propuestas en un festival especialmente querido por el público por diversas razones. JENESAISPOP ha hablado con asistentes al Bilbao BBK Live para que cuenten sus experiencias y anécdotas vividas en el festival… esas que les llevan a volver a él año tras año.

Una de esas razones es por supuesto el entorno natural en que se celebra Bilbao BBK Live. Marta Díaz lo destaca por encima de todas las cosas. “Lo que más me llevo del BBK ha sido el entorno idílico donde se encuentra, que crea una simbiosis entre los asistentes y el entorno que nos rodea. Hace que literalmente escapes del día día”. Marta enfatiza la experiencia de “dormir en el camping, en lo alto de una montaña, echándote siestas en el césped, y luego coger el autobús y, entre laderas, escuchar a tus artistas favoritos y a artistas nuevos que se convierten en favoritos”. Julia Martín también opina que “una de las cosas más destacables del BBK es el paisaje que rodea el recinto, tanto la zona del camping como la zona de los conciertos”, y subraya que “la estética del lugar hace que te quede un recuerdo súper bonito del festival”.

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Para Yolanda “lo que une cada edición es el espíritu de aventura que hace que el festival sea único”. Para ella, la aventura también se extiende a la experiencia de visitar Bilbao. “Vienen a la mente memorias de subir la montaña super justos de tiempo después de estar de pinchos por el centro para llegar a ver a Rusowsky. De bailar un mix de ‘Break My Soul’ que pinchaba Romy a las 7 de la mañana, de cantar ‘We Are Your Friends’ con desconocidos en el bus que te lleva al recinto. De cantar y bailar ‘Ay Mamá’ mientras te salen las lágrimas de felicidad, cerrando el festival en el Basoa entre los árboles con John Talabot pinchando ‘Sunshine’ mientras sale el sol. Es un festival con mucha alma y cada año es una aventura”.

A Ainhoa el paisaje de Kobetamendi le dejó un bonito recuerdo cuando ella y sus amigos llegaron al camping a primera hora de la mañana, después de toda una noche de conciertos. Sus amigos decidieron retar al cansancio y subir andando cuesta arriba ajenos a que les quedaba una hora de trayecto. Por suerte, un autobús les salvó: “Mi amiga se tiró literalmente a la carretera a la desesperada suplicando una recogida a tiempo. El conductor y todos los que estaban dentro se apiadaron de nosotros y conseguimos finalizar el tramo como debíamos haberlo empezado. Recuerdo un vago “sois los p. amos” de la gente que nos recogió”. El paisaje puso la guinda en el pastel: “En esta subida captamos el amanecer en Bilbao con un “parece un paisaje de David Friedrich” que alguien dijo por ahí de fondo, pero no recuerdo quién. Me pareció de una claridad cultural maravillosa para el momento”.

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Imagen cedida por Ainhoa

Que el entorno de Bilbao BBK Live potencia la experiencia de los conciertos es algo en lo que muchos asistentes concuerdan. Álex subraya que “lo que me gustó del BBK fue cómo ibas de un escenario a otra con súper buena energía, muy buen rollo de la gente y la presencia que tiene la naturaleza me parece clave”. Esta unión entre música y naturaleza fue especialmente clave para Marta Muñoz durante el concierto de Florence + the Machine. “Yo no conocía a Florence y recuerdo que mis amigos y yo nos pusimos bastante cerca del escenario porque ellos sí la conocían. Fue un concierto mágico. Aunque no conocía las canciones, fue una genial manera de conocerla. Tengo muy presente que nos pidió que dejáramos los teléfonos y disfrutáramos de la canción. Se me pusieron los pelos de punta. Recuerdo conectar con ella y mis amigos de una forma muy especial. Y el lugar, la montaña, hizo que el concierto fuera intenso en el buen sentido”.

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La experiencia comunal es fundamental en cualquier festival. Es la que imprime los recuerdos en la memoria, probablemente más que los conciertos. Álex recuerda sentir especial conexión en The Blaze y Jamie xx y subraya que en Arctic Monkeys “todos teníamos ese sentimiento de euforia de cuando escuchas a uno de tus grupos de la adolescencia que hacia mucho que no escuchabas”. Aunque él destaca especialmente el “público queer” del festival y recuerda con estima un concierto de María Escarmiento en el que vivió otro tipo de pogo. “No era el típico pogo que da miedo, en el que los tíos aprovechan para dar hostias, sino uno más suave y de estar a gusto”. Este asistente rememora que Escarmiento les puso a él y sus amigos “locos al escuchar las versiones de La Oreja de Van Gogh y conectar con esa época a saco”.

Para Mar Castellano, asistir a Bilbao BBK Live por primera vez supuso descubrir la experiencia de vivir la música tecno en vivo. «Fue mi primer festival, en una ciudad nueva. Fue la vez que fui a una fiesta tecno y lo entendí. Por primera vez en mi vida me hico clic la música electrónica y desde entonces no he parado. Recuerdo cuando pinchaba SOPHIE y se puso a llover como si no hubiera un mañana. SOPHIE tocaba en la carpa, todo el mundo fuimos allí para resguardarnos de la lluvia, lo cual era imposible porque el lugar estaba petado. Yo estaba cerca, debajo de un árbol, escuchando esa música bizarra de SOPHIE. Parecía el fin del mundo».

Un concierto de The Cure en 2012 está grabado en la memoria de Victor Geis: «Robert Smith salió 15 minutos antes a tocar un acústico. Y después el concierto duró tres horas y fue increíble». Ha llovido desde entonces, pero Geis sigue volviendo al festival año tras año: «Bilbao BBK Live es el único de los festivales grandes que nunca me ha decepcionado con los años. No me parece tan masificado ni tan vendido a hacer dinero por hacer dinero, pero sigue teniendo las ventajas de los festivales grandes en cuanto a nivel de los grupos o del cartel».

El mutualismo de música y naturaleza se da especialmente en el escenario Basoa, uno de los grandes favoritos de todo el mundo. Es claramente el tesoro (no tan) escondido del festival. Ainhoa describe que “cuando ya te has cansado de prestar atención a los escenarios”, Basoa es “el mejor sitio al que ir para no pensar y abandonarte durante un rato». Es, describe, «un bosque lisérgico, electrónico, con las luces reflejadas en las hojas de los árboles, sucio y lleno de barro cuando llueve, y con tendencia a la dantescada ya a ciertas horas de la madrugada, pero sin duda el escenario más especial”. Para Eva Nanini, Basoa es “ese lugar increíble en que cada vez que entras te inunda la misma sensación de felicidad, fuese el primer día recién llegado o el último”. La adoración a Basoa llega a tal punto que una amiga de Eva se ha tatuado el nombre de este escenario en el hombro. “Después de unas semanas nos volvimos a encontrar con unos colegas que también habían ido al festival y uno de ellos nos enseñó un tatuaje que decía: BASOA”.

Jorge recuerda que el Basoa no siempre fue lo que es hoy. Inicialmente daba lugar a situaciones hoy impensadas. «Fuimos el año en que Amy Winehouse confirmó, después canceló y, unas semanas después, falleció. El camping antes estaba donde la entrada, y había un cámping no oficial que es donde está el Basoa ahora. Estaba guay porque había muchos árboles y mucha sombra, pero era un caos y no había organización. Había mucha gente en el cámping que ni siquiera iba al festival. El último día apareció un grupo de argentinos y montaron una barbacoa con la parte de atrás de la nevera, el radiador, que es una rejilla. Hicieron un agujero en el suelo, lo clavaron ahí y se pusieron a hacer un asado».

Álex también ha quedado prendado del Basoa: «Lo vimos por primera vez a eso de las 20.00, aún había poca gente, y la reacción con mis amigos fue de “aquí la vamos a gozar a saco”, y así fue, porque era el lugar para perderte completamente, la música y las luces eran de otro planeta y la energía de la gente era muy buena». La magia del Basoa lleva a Ainhoa a vivir otra anécdota: «Me perdí por el festi, y le pregunté a mi amigo que dónde estaba. Su respuesta fue una foto borrosa en la que se veía un árbol, un tío de perfil con gafas y luces rosas. “Estamos aquí Ainhoa”. No sabemos cómo ni por qué, pero a los 5 minutos ya estaba con ellos. No pensamos en ello hasta revisar la conversación al día siguiente. ¿Cómo fue posible encontrarles con esa referencia? Pues será la magia oscura y magnética del Basoa».

Ese magnetismo hace que el público vuelva a Bilbao BBK Live año tras año. Claro que el éxito del festival no tiene ningún misterio: todos quienes han ido lo han hecho movidos por la calidad del cartel, por la buena gestión de barras y colas (Álex así lo atestigua) y por la experiencia de pasar unos días o bien en la ciudad de Bilbao o bien perdido en medio del monte, rodeado de un asombroso paisaje natural que efectivamente hace a cualquiera olvidar el día a día. Como dice Jamie xx en una de sus canciones más populares, cuando acudes a Bilbao BBK Live, «sabes que te lo vas a pasar bien».

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