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No todos los artistas valen para el foco, y tampoco hace falta

La caída de Luna Ki en Benidorm Fest ha sido la mayor decepción de esta 5ª edición. Era una de las pocas artistas que tenía un background detrás. Su abandono hace unos años por haberse presentado con una canción que requería Auto-Tune estuvo en boca de todo el mundo. Menos se habla de que Luna Ki era una de las pocas aspirantes a la Sirenita de Oro con un relato: hits como ‘Septiembre’, un discurso como artista no binarie y cierta solvencia en vivo. Tuve la ocasión de verla en concierto durante una edición de Brava y a mí al menos me atrapó.

Poco se habla también de que ‘CL34N‘, el primer disco de Luna Ki, estaba bastante bien por mucho que ya no la represente. Seguidora de Lady Gaga, ahora parece estar en una etapa más ‘Joanne’, más desnuda, de «quitarse capas», materializada en la balada a piano ‘No soy diosa’. Pero eso no hace viejas canciones como ‘Voy a morir’ o ‘Febrero‘ menos válidas.

Aquel «Me voy a correr, me voy a mear, abre la boca y dime AH» es historia del género gamberro, llámese electroclash, trap o hyper pop. Era el momento más gráfico de un álbum que incluía un tema llamado ‘Putón’ y un dúo con Lola Indigo, ‘Piketaison’.

Estos días escuchando música de Luna Ki, he recordado que aquel álbum contenía una preciosa canción junto a Babi, lo cual es muy significativo. Tras su retirada de Benidorm Fest durante la primera semifinal por una crisis de ansiedad, Luna Ki ha declarado, tirando del título de su tema ‘Bomba de amor’, que «la bomba le ha caído a ella».

Como era de esperar en tiempos de malismo, en tiempos en que parece que hay que aplicar una teoría de la conspiración a todo, su decisión ha topado con bastante incomprensión por parte de la audiencia. «Si no vales para torear, para qué te metes» y argumentos así.

De unos años de cierta conciencia sobre la salud mental, parecemos estar pasando a la opinión generalizada de que la salud mental no puede ser una excusa para todo. Como no tengo el expediente médico de Luna Ki, ni personalmente tampoco lo necesito, prefiero hablar de que estemos sobreentendiendo que un artista tenga que estar preparado para el foco y la presión mediáticos per se.

Es posible que Luna Ki no se haya dado cuenta de sus límites hasta encontrarse en una retransmisión en directo frente a audiencia millonaria, y miles de personas gritando; también es posible que sólo haya tenido un mal día. Pero estos problemas no son nuevos para quienes se hayan informado sobre los casos de Zayn, que tuvo problemas de pánico escénico después de estar en una de las bandas más famosas del globo; de Pastora Soler, que pasó por el mismo trago después de haber estado en un evento del tamaño de Eurovisión; o de Miley Cyrus, que asegura que le parece «desolador» actuar en estadios de 100.000 personas.

Y está el caso de Babi, que hace ya 5 años cantaba junto a Luna Ki un estupendo tema llamado ‘Disney’. Babi es una artista que lleva casi una década en esto, no actúa en directo, no rueda grandes videoclips, apenas tiene redes sociales y jamás concede entrevistas. No le gusta estar en el foco, ella ha tomado esa decisión y sus streams monstruosos le permiten vivir de la música, de los derechos de autor que genera con cientos de millones de reproducciones. Suele escribir sola, no comparte créditos con 15 personas como está de moda hoy, y eso ayuda.

Ahora hace un año que no sabemos nada de Babi, pero quizá sus últimas canciones hablen por sí solas. O estén realizando algún tipo de juego con el oyente. ‘Clean’, junto a Oktoba, iba sobre estar superando la agorafobia: «Volví a ser mía / Volando en el ala de psiquiatría». ‘Sutura‘, la penúltima que nos dio, brillante en su estribillo «me alejo de ti porque no sé querer / igual que no bebo porque no sé beber», rimaba «depresión de caballo, ansiedad galopante» con «un par de ovarios acojonantes». Contradicciones que podrían alumbrar el camino de Luna Ki tanto como esta estrofa:

«Mirando al vacío, los coches pasan
No me asomo que sé que me ingresan
Me llaman cobarde y en qué se basan
Cuando mueran en vida ya me lo cuentan»

Estaba buscando una foto de Luna Ki con Babi de la era ‘Disney’ (2021) para ilustrar este artículo, que evidentemente no existe. Y quizá sea mejor así. Puede que no la necesitemos tanto como el recuerdo de que algún día se nos fue la olla de lo lindo con lo que significa esta cultura de la imagen -en la última década en torno al vídeo porque una imagen no bastaba-, y de la exposición mediática.

A raíz de un artículo sobre la infelicidad de los jóvenes actuales tras un estudio con millones de entrevistas que se ha realizado durante décadas, el sociólogo Jonathan Haidt situaba las redes como causa directa de ese malestar tan asociado a las nuevas generaciones: «Las redes sociales son una causa sustancial —no solo una pequeña correlación— de la depresión y la ansiedad, y por tanto de conductas asociadas a estas enfermedades, incluida la autolesión y el suicidio».

En épocas en que se ha asimilado que para desarrollar una carrera tienes que exponerte en redes, hay que recordar que también pueden existir otros caminos para los autores al margen de actuar en vivo, salir en televisión o ser juzgado constantemente en Instagram y X. Desde luego no todo el mundo puede hacer los números de Babi, pero recordemos cómo Julio de la Rosa y Remate se reciclaron a través de bandas sonoras y sincronizaciones en series, y que hay artistas que simplemente han pasado de realizar giras, como Enya o Kate Bush. Algunos incluso han convivido toda su vida con su miedo escénico, como Brian Wilson, Axl Rose o Cat Power. Los seguidores de esta artista siempre supimos que al ir a verla podía ocurrir cualquier cosa -un día se echaba a llorar, otro repartía pegatinas- y simplemente aceptamos que no pasaba nada.

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Publicado por
Sebas E. Alonso
Tags: babiluna ki