Emerald Fennell ha tenido el detalle de poner comillas en su versión de «Cumbres borrascosas», porque su adaptación de la novela decimonónica de Emily Brontë es libre. La atracción fatal entre los personajes de Cathy (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi) está ahí, como muchas otras cosas, pero ha cambiado su entorno, su desenlace, algún que otro personaje y sobre todo el trasfondo, la profundidad.
La directora conocida por su trabajo en la serie ‘Killing Eve’ y en el notable film ‘Una joven prometedora‘ -eso sí que era un final inolvidable- sigue aquí más bien la senda iniciada en la cuestionable ‘Saltburn’. Da igual de qué siglo hablemos, lo que interesa a Fennell es el amor perverso, el incontenible deseo, la relación entre el sexo y la muerte. En la primera escena de «Cumbres» ya contrapone un ahorcamiento con una suerte de orgía. ¿Provocación a lo Lars Von Trier o fraude? ¿Revelación o timo?
Estamos en la Inglaterra de 1847 y llueve mucho, muchísimo, porque -SPOILER-… estamos en «Cumbres borrascosas». Un niño es rescatado de la mendicidad por una familia, pero lo que parece un sueño hecho realidad deriva en pesadilla cuando el padre resulta un alcohólico maltratador, con lo que ahora llamaríamos graves problemas mentales. Mitad sirviente, mitad hermanastro, el niño se refugia en la hija, quien devanea entre lo malcriado y lo tierno, incluso con el paso los años.
En algún lugar de esa contradicción había grandes personajes que desarrollar, luchando por dejar atrás traumas y miserias. Pena que la película decida destruirlos cuando convierte a la protagonista femenina en una inocua princesa color chicle con cierta pinta de influencer. Las Converse de María Antonieta por la vía de Sofía Coppola amenazan con salir en plano en cualquier momento.
Si Margot Robbie deja dudas, qué decir de ese Jacob «fucker» Elordi, que directamente arranca alguna carcajada en la sala con su transformación a lo ‘Betty la Fea’. La evolución de su personaje, que no llega a explicarse, no puede ser más impostada, y así muy difícil empatizar con cualquiera de los dos protagonistas. Tras varias escenas que inspiran un buen «que les zurzan», el final lo que produce es indiferencia. Y es que donde «Cumbres borrascosas» tenía que establecer una relación de amor/odio con el espectador similar a la de un Polanski en ‘Lunas de hiel’; o simplemente conformar un buen sexy-thriller como ‘Fuego en el cuerpo’, se reduce a una postal que ni es bonita ni es molesta. En tiempos de, por un lado poliamor, y por otro de neo-castidad, «Cumbres borrascosas» no logra ni seducir ni escandalizar, a menos que sigas acordándote de ’50 sombras de Grey’ cada día de tu vida.
No suman secundarios tan maniqueos o directamente ridículos -creados para la ocasión o firmemente adulterados- como el de Nelly, el de Edgar, el del padre o el de Isabella, que pasa del humor voluntario al involuntario en tan solo una escena. Con este pastel, es un poco boutade decir que lo mejor de la película es la música de Charli XCX, pero lo cierto es que lo es. Porque ya sucedía en ‘Saltburn’. Muy adecuada y bien integrada, nada abrasiva salvo en alguna escena y en los créditos finales, con un protagonismo moderado pero relevante, y dejando el espacio necesario para el verdadero «score» de Anthony Willis, la banda sonora de ‘Wuthering Heights’ es el único tanto artístico que puede anotarse la productora.