Cuando vi la portada del nuevo disco de Harry Styles me pareció que el cantante británico estaba bailando en el Basoa del Bilbao BBK Live, con la bola de discoteca haciendo de luna iluminando la oscuridad. Después recordé que el artista había sido avistado en el público del Kalorama Madrid asistiendo a un concierto de LCD Soundsystem, una de las bandas que inspiran el sonido del nuevo disco.
Sorprende, al escuchar ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’, lo poco que el disco cumple con las expectativas de estas dos pistas visuales, aunque luego miras los créditos y lo entiendes un poco más, ya que vuelven a estar profundamente involucrados Kid Harpoon y Tyler Johnson, como en los discos anteriores de Styles. El mensaje es que Styles ha querido arriesgar, pero sin pasarse de la raya.
Llama la atención la cautelosa manera en que Styles habla en las entrevistas de sus experiencias en el mundo de las discotecas. Los clubs de Berlín han sido otra de sus influencias, y no hay que ser muy listo para entender lo que quiere decir Styles cuando cuenta que la música electrónica le ha permitido vivir experiencias “trascendentales” y “espirituales” en los clubs que ha frecuentado. El mensaje está implícito, y lo está también la propuesta musical.
‘Aperture’ ha sido un single sorprendente, entregado a la electrónica introspectiva, de exquisita línea melódica, pues Jamie xx y Floating Points son otros artistas que han inspirado al ex-integrante de One Direction. Pero el álbum después no es tan electrónico, ni mucho menos «disco», sino que recupera un poco de soslayo distintos sonidos del indie de décadas pasadas, como el dance-punk, el art-rock -la actuación de Styles en los BRITs tenía mucho de David Byrne-, los sintes a lo Future Islands en ‘Carla’s Song’ e incluso algo de pop clásico: atención a la cantidad ingente de cuerdas incluidas en los créditos.
El cambio de dirección es evidente y de agradecer, sobre todo porque ‘As It Was’ (2022) sigue petándolo tres años después y nadie quería más de lo mismo, pero sorprende lo poco lejos que llega Styles con estos nuevos sonidos, y eso que se ha convertido en runner.
El dilema que presenta ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’ -aparte del expuesto en este título tan sumamente treintañero- es que las canciones son eficientes porque Styles trabaja mano a mano con profesionales, pero las canciones no cumplen con su promesa de riesgo. Una promesa materializada en ‘Aperture’ pero que después se diluye: la influencia de la electrónica es muy puntual y comedida, y las texturas sintéticas y orgánicas se conforman con evocar otras propuestas que sí son originales, pero sin explorarlas a fondo en absoluto.
Styles, con todos sus recursos, millones e influencia, podría haber colaborado con un productor de electrónica reconocido, ya que tan bien habla de gente como Four Tet, o habernos descubierto un talento nuevo, como ha hecho FKA twigs
con Koreless, pero ha preferido contar con Kid Harpoon, su colaborador de confianza, para escribir las mejores recreaciones del sonido de otros artistas que se les han ocurrido.Esta colaboración garantiza que Harry entregue canciones correctas y eficientes en lo compositivo, tanto cuando se visten de LCD Soundsystem en ‘Ready Steady Go’ como de Vampire Weekend / Talking Heads en la polirrítmica ‘Are You Listening Yet?’, o de disco triste en la sorprendentemente vulnerable ‘American Girls’, que examina la racha de uniones conyugales de sus amigos mientras él permanece soltero. Pero también significa que composiciones como ‘Pop’ suenen aburridamente cómodas. Styles no es el vocalista con más carácter, pero la paleta de sonidos nueva podría haberse estirado más. En su lugar, pisa sobre seguro y cohibe el potencial artístico de sus propias canciones, asegurando un producto comercialmente asequible, pero no demasiado interesante en lo artístico. Al final, que no haya hits «obvios» es lo de menos.
La gran ironía, por tanto, de ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’ es que los coros comunales y la energía bailable de piezas como la dance-punk ‘Season 2 Weight Loss’ -sobre convertirse en la mejor versión de uno mismo- o la disco-glam ‘Dance No More’, que visita Studio 54 por la vía de Jessie Ware y Prince, no dan tanto la talla de sus aspiraciones como las canciones que casi ni tocan la electrónica en absoluto. Lo que nos lleva a preguntarnos para quién es este disco entonces.
Porque resulta que, aparte de la sorpresa de ‘Aperture’ y de la melancolía sintética de ‘Carla’s Song’, las mejores canciones de ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’ son las orquestales y folk. Y ahí hay que hablar de la apacible ‘The Waiting Game’ -la primera que escribió Harry tras asentarse en Italia por un tiempo- y sobre todo de la chamber pop ‘Coming Up Roses’, donde las cuerdecillas pulsadas dibujan un sonido adorable. Esta canción es un intento de Styles de escribir una canción navideña, pero se convierte en una reflexión sobre las sensaciones agridulces después de una ruptura.
Es revelador que Styles cuente en una reciente entrevista -la de los runners- que lo pasó regular durante su anterior gira porque no terminaba de entender «qué aportaba de valor al mundo», mientras cada noche se bañaba en la adoración y los aplausos de su enorme audiencia. Da la impresión de que a Styles saberse un gran pop star, pero no tanto un autor con mirada propia como esos en los que se inspira, le genera cierto conflicto interno, y de ese conflicto parece nacer este agradable aunque insustancial cuarto disco.