«Tengo la sensación de que ya no estamos en Kansas». Esta frase de ‘El Mago de Oz’ es lo primero que me ha venido a la cabeza escuchando el debut de Haute & Freddy. El dúo formado por Michelle Buzz y Lance Shipp no viene de Kansas, sino de California, pero te llevan igualmente a un mundo imaginario en el que huir de ti mismx.
Hasta ahora Michelle y Lance eran más conocidos por escribir para otros. Ella escribió, por ejemplo, un tema para Dagny en 2017 que terminó referenciado en ‘Never Really Over’, lo que significa que la cantante tiene créditos en un gran hit de Katy Perry. A él le hallamos en un tema algo random de Britney Spears de 2016 (‘Coupure Electrique’) o, mucho mejor, en ‘Obsessed’ de Calvin Harris.
Por alguna razón, juntos suenan mucho más compactos, dando con un universo propio de fantasía y purpurina, muy «de ferias clandestinas del siglo XVIII», en el que lo más importante es la libertad, «performar», salir de noche y pasarlo bien, no necesariamente en ese orden.
‘Big Disgrace’ es un debut introducido por hasta 7 singles de presentación, 8 contando el «focus track» del día de salida, a cual más identificable desde la primera escucha. El primero que sacaron allá por 2024 fue ‘Scantily Clad’, que como el segundo ‘Anti-Superstar’, estaba muy en la línea de los 80 de la Human League y el revival que hicieron Goldfrapp 25 años después de ‘Dare’. «Clad» habla sobre el revuelo que provoca ante un rey y su reina alguien que aparece «ligero de ropa», mientras ‘Anti-Superstar’ versa sobre ser «un guilty pleasure en la parte trasera del bar» o «tu beso de culto clásico en la oscuridad».
Uno de los temas que mejor ejemplifica su filosofía es ‘Dance the Pain Away‘, pues la gran vocación de Haute & Freddy no es otra que hacernos bailar para lograr que olvidemos nuestras penas; y uno de los que tiene mayor vocación de himno generacional es ‘Freaks’. Pocas canciones se han hecho de manera tan explícita para los «gays and girls» que se sienten diferentes. «Todas las chicas guapas y todos los chicos guapos son freaks», afirma con un sonido más épico y orgánico.
En otras ocasiones, Haute & Freddy exploran una vena más melódica, cercana a la primera Ellie Goulding o incluso a Florence + the Machine. Hay quien defiende ‘Shy Girl’ como su mejor composición, pero tiene poco que envidiarle un tema más de cantautor/a como es ‘Sophie’. En él, el dúo se fija en un personaje que conocemos de vista en nuestra ciudad, de repente desaparece de nuestra vida, pero jamás olvidamos. Es una incógnita cuál de todas estas canciones dará la campanada en TikTok, pero esperemos que no le lleve 5 años, como a ‘Pink Pony Club’.
Tras esta retahíla de singles, el álbum no ofrece canciones tan categóricas (imaginad que Haute & Freddy hacen el disco del año tan pronto como en marzo). Pero sí logran generar un relato muy concreto con esa intro tan musical que representa la teatral ‘Symphony for a Queen’, la reflexión sobre género que supone ‘Femme Hysteria’ o la inspiración en María Antonieta de ‘Fields of Versailles’. En sintonía con la cinta posmoderna de Sofia Coppola, esta canción recuerda -de manera estrafalaria- el incendio de su boda, que acabó con la vida de decenas de personas.
Aún quedan ases en la manga y además de un tema que podría haber firmado Gwen Stefani cuando molaba (‘Sweet Surrender’), el álbum incluye una «power ballad» ochentera que recibe el dramático título de ‘I Like My People Weird’. Podría haber sonado en la radiofórmula de los 80 entre ‘Take My Breath Away’, ‘Total Eclypse of the Heart’ y ‘What a Feeling’, solo que dejando un mensaje sobre autoafirmación e identidad. Es todo muy 2026, aunque a nadie extraña que se pongan para componer cosas como ‘Rocky Horror Picture Show’.
