Requin Chagrin es el alias de la francesa Marion Brunetto, una multiinstrumentista que a lo largo de la última década ha producido cuatro excepcionales álbumes. Situado en la parte alta de la escena indie, es un proyecto que no ha llegado a dar el salto al éxito mainstream en su país a pesar de editar desde 2019 en KMS Disques, sello distribuido por Sony Music. Un destino que quizá es lo mejor –o lo más lógico– para una creadora que tiene clarísimas las cosas y que es difícil que se salga creativamente de su universo sonoro personal, un universo profundamente rico, musicalmente.
‘Décollage’ lleva publicado varias semanas y las críticas en Francia han vuelto a ensalzar un talento para la composición realmente excepcional, que combinado con su excitante paleta sonora hace de este nuevo disco otro gran triunfo. La fórmula de Requin Chagrin consiste en melodías directas al corazón envueltas en gasas de eco y guitarras con efectos, algo que la crítica tiende a encasillar –con cierto piloto automático– en ese vértice tan recurrido del dream pop y el shoegaze.
Para mí el proyecto de Brunetto es simplemente reverbcore. Montañas de eco y ambientes ensoñadores creados no en pos de la evocación por la evocación, sino como expresión de una melancolía muy evidente en su voz ocre y elegante, y todavía más en las letras. Además, lo contundente de sus baterías y guitarras la acerca mucho más al pop new wave de, por ejemplo, The Cars (con extra de reverb). También hay ecos de las piezas más reverberantes de Beach Fossils, o coincidencias con la audacia melódica de los La Femme más guitarreros.
‘Décollage’ pule y perfecciona un sonido que ha ido en ascenso desde aquella majestuosa ‘Sémaphore’ que conquistó nuestro corazón en 2019. Y parte de lo eficiente de esta nueva entrega es la precisión con la que está secuenciado: las tres primeras pistas, ‘Décollage’, ‘Parachute’ y ‘For You’ son bangers con impacto y sorpresas melódicas en sus excelentes estribillos. Tres pepinazos de pop que ponen el listón muy alto para el resto del disco: ‘Décollage’ resplandece en sus efectos chorus y flanger con ciertos ecos de The Cure, y ‘For You’ con su riff de guitarra al estilo de los grandes maestros galos del pop romántico twangy ochentero: Indochine. No es ninguna sorpresa por lo tanto que su líder –Nicola Sirkis– sea el dueño del sello que sigue apostando por Requin Chagrin, o que Marion y su banda suelan telonear a la icónica banda francesa.
En esta andanada inicial comprobamos también que la seductora bruma de texturas tan propia de Requin Chagrin sigue intacta, y enriquecida con sutiles capas de electrónica que envuelven muy bien las características letras de derrota, a menudo desesperanzada: “Al borde del mundo, contemplando las olas / llorando a mares, nos dejabas en la sombra / Cuando todo se derrumbe, arrojaremos todo lo que nos queda al azul”.
Ese listón inicial tan alto no decae conforme avanzamos: en la sección central, ‘Forever’ resulta un medio tiempo melódicamente de diez, con una cadencia rítmica excepcional (todas las baterías están tocadas por ella). ‘Coeur joie’ retoma el guiño a esos bajos staccato al estilo de ‘Electricity’ de OMD que ya habían aparecido en ‘For You’, complementados con guitarras procesadas muy ochenteras… pero siempre sin un atisbo de pastiche: Requin Chagrin no es un proyecto retro: suena contemporáneo, fresco, singular. Una anomalía pop.
‘BB’ vuelve a besar el cielo e incluso recupera esa rara avis del pop de comienzos del siglo XXI, el millenial whoop (con el apoyo vocal de Nicola Sirkis de Indochine) . En cuanto a ‘Ultra fort’ incorpora el necesario cambio-de-tercio-a-mitad-de-disco gracias a un protagonismo mayor de los sintes, sin olvidar el correspondiente estribillo con gancho.
‘Lucky Star’ abre la recta final del álbum mediante un curioso dúo con Sade Sanchez, vocalista del grupo californiano L.A. Witch (un grupo que nos ha visitado en directo muchas veces, un buen exponente del sonido reverbcore en su variedad garage-rock). Quizá no sorpresivamente, es la pieza menos seductora de todo ‘Décollage’. Podría ser su melodía más plana, o simplemente por el hecho de que acoger un elemento externo en este cosmos sonoro tan concienzudamente trazado y tan personal, altera negativamente su esencia.
Por suerte la canción ‘Voyager’ endereza el rumbo con un excelente loop baggy y texturas acústico-electrónicas bellísimas. En toda la sección final la melodía se repite en un remolino de ambientes vaporosos mientras ella canta esos melancólicos versos: “Nací en el aire de una noche de verano / Entre relámpagos y remordimientos / Ver cómo se alejan las luces es lo único que sé hacer, lo único que sé”.
‘Altitude’ trae de vuelta aires Indochinescos y es otra prueba más del talento compositivo de la francesa: la canción aguanta perfectamente minuto y medio de estrofas, riffs y preestribillos hasta la llegada de lo que es sin duda el mejor estribillo del disco. Los versos “Agárrame más fuerte / me arriesgaría a desaparecer / de nuevo en el viento” son cantados sobre una melodía inolvidable.
Sólo en la pieza final, ‘Rêveries’, se suelta Marion el pelo completamente con los sintetizadores, mostrando que sus presupuestos pop, su voz, sus inspiradas melodías, pueden funcionar también en un contexto netamente electropop. Sin embargo las guitarras forman parte tan inseparable de su personalidad musical que no pueden evitar hacer su aparición en el último minuto, un alarde final instrumental gloriosamente sumergido en reverb y delay. Una vez concluidas estas 11 canciones el eco de esas guitarras perdura en el corazón igual que el disco en sí: una colección de joyas de pop inolvidable.
