Por qué seguimos sin superar la muerte de John Lennon

El año en que se cumplen seis décadas de ‘Revolver’, también toca volver a enfrentarse a la muerte de John Lennon gracias a la reedición de ‘Season of Glass‘, el primer disco que Yoko Ono publicó tras su asesinato. Volver a mirar esa portada, con las gafas ensangrentadas que Lennon llevaba la noche en que Mark David Chapman le disparó frente al edificio Dakota, sigue siendo una experiencia impactante. El contraste entre ese objeto, convertido en símbolo de la violencia, y el resto de la escena -las vistas al parque, el vaso de agua, la luz tenue- transmite una inesperada, aunque muy intencionada, sensación de calma después de la tragedia.

Lo curioso es que, más de cuatro décadas después, seguimos enfrentándonos constantemente a la muerte de Lennon. No solo por ‘Season of Glass’, sino porque nunca realmente hemos dejado de hablar del icono británico. Lennon fue asesinado el 8 de diciembre de 1980, apenas unas semanas después de publicar el entonces incomprendido ‘Double Fantasy‘ junto a Yoko Ono y cuando se preparaba para volver a la palestra tras un lustro. Su historia quedó interrumpida de forma tan abrupta que siempre parece haber una conversación pendiente con él.

Las circunstancias de su asesinato tampoco han dejado de alimentar esa sensación. La inolvidable fotografía de Annie Leibovitz, tomada apenas unas horas antes, con Lennon desnudo abrazando a Ono; la maqueta recién terminada de ‘Walking on Thin Ice’, cuya cinta llevaba consigo cuando recibió los disparos; o el hecho de que Mark David Chapman siga vivo (tiene 71 años) y continúe solicitando sin éxito la libertad condicional hacen que la historia vuelva una y otra vez al presente. Cada noticia relacionada con cualquiera de estos elementos reactiva inevitablemente el recuerdo de aquella noche.

A ello se suma que el universo de los Beatles sigue expandiéndose. En los últimos años hemos vuelto a ver a John Lennon en el documental ‘Get Back‘ de Peter Jackson, hemos escuchado su voz en ‘Now and Then‘ gracias a la restauración asistida por IA y pronto lo veremos encarnado por Harris Dickinson en el biopic de Sam Mendes, una película que probablemente no eludirá su muerte. Porque es imposible hablar de la vida de John Lennon sin mencionar lo corta que fue: murió con solo 40 años, una edad demasiado temprana para cualquiera. Como ocurre con otras muertes prematuras de la música, la sensación de una obra inacabada nos sigue fascinando.

También influye el hecho de que Paul McCartney y Ringo Starr continúen publicando discos, ambos este mismo año, y subiéndose a los escenarios. Los dos Beatles supervivientes mantienen vivo el legado del grupo más popular de la historia, pero sin Lennon no hubo Beatles. Recientemente, Macca ha reconocido que Lennon era el favorito del resto de los Beatles: «Todos le admirábamos. Era un líder y un tipo muy ocurrente».

El legado de Lennon tampoco depende únicamente de los Beatles. Canciones como ‘Imagine’ -a pesar de la animadversión que ha podido suscitar- o su versión de ‘Stand by Me’ siguen acumulando cientos de millones de streams, mientras Yoko Ono y Sean Ono Lennon han trabajado durante décadas para preservar su obra mediante reediciones, documentales y publicaciones inéditas. Incluso la carrera de Sean, colaborando con artistas contemporáneos, mantiene vivo un vínculo con la figura de su padre. Del mismo modo, entrevistas como la que Lennon y Ono concedieron a Dick Cavett en 1971 siguen descubriendo a nuevas generaciones la persona que existía detrás del icono.

Quizá por eso conviene recordar, ahora que Hollywood vuelve a interesarse por esta historia, que John Lennon y Yoko Ono no eran personajes de un true crime cutre de Netflix, sino personas de carne y hueso. ‘Season of Glass’ conserva toda su fuerza precisamente porque humaniza a ambos. Ono deja de ser el personaje sobre el que tantos proyectaron prejuicios para convertirse en alguien que acaba de perder a su compañero de vida, mientras Lennon deja de ser una estatua del rock para recuperar la condición de hombre cuya vida fue arrebatada de forma absurda.

La reedición de ‘Season of Glass’ recupera además un disco que ofrecía una dignísima reflexión sobre el duelo y la resiliencia. Lejos de quedar paralizada por el miedo, Ono convirtió el trauma en una obra que buscaba seguir adelante. Ella misma rechazó interpretar la muerte de Lennon como «el fin de una era» y prefirió afirmar que los años 80 estaban llenos de posibilidad, convencida de que eso era lo que a él le habría gustado escuchar. Lennon nunca llegó a conocer esa década, pero el tiempo ha demostrado que la era de los Beatles nunca terminó. Y, de algún modo, tampoco la de John Lennon.

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Publicado por
Jordi Bardají