Música

Carly Rae Jepsen / Day and Night

Esta vez Carly Rae Jepsen ha ido con todo de golpe. En lugar de lanzar primero un disco y a los pocos meses su cara B, como llevaba haciendo desde ‘Emotion’, ‘Day and Night’ se presenta conjuntamente y supone el primer álbum doble de su carrera. Las canciones están divididas entre el día y la noche, siendo las del primer grupo las más luminosas y sosegadas, y las del segundo, apuntando directamente a la pista de baile. Un concepto no demasiado original que la canadiense resuelve con su habitual solidez, y es que si hay una artista pop en la que puedes confiar siempre, esa es Carly Rae Jepsen.

Conviene dejar claro desde el principio que ‘Day and Night’ es excesivo (¿podría ser de otra manera un álbum de 24 canciones y casi hora y media de duración?), y va a gusto del consumidor si quiere zampárselo de una tacada o si se lo toma en dos dosis. Sea como sea, se llega a otra evidencia: el producto es de alta calidad, elaborado por los mejores profesionales (Kyle Shearer, CJ Baran, Arthur Bresna y Cole MGN., como productores principales) y empaquetado con un perfecto lazo rojo.

‘Day’ ofrece un lado de Jepsen que si bien habíamos visto en pinceladas en discos como ‘Dedicated‘ o ‘The Loneliest Time’, nunca había explorado con tanto detalle. Es un sonido refinado, en el que la artista se permite salirse de su más frecuente pop eufórico para adentrarse en terrenos psicodélicos, con un pop de cámara donde su voz se funde más que nunca con la instrumentación. ‘After All’ abre el álbum con una pandereta y unas notas de piano a los que se unen unos preciosos arreglos de cuerda. El resultado es una declaración de intenciones de lo que se encuentra en toda esta primera parte: una energía tan entusiasta como tranquila.

Carly está atravesando uno de los momentos más felices de su vida, acaba de casarse con Cole MGN y de tener un hijo. Es inevitable que todo ese furor acabe permeando en la gran mayoría de las canciones, y hay poca gente que sepa reflejar esa onda expansiva de amor y optimismo como ella. En ‘Habits of Creatures’ quiere que su pareja le dé “sus noches y sus días”; en ‘Versailles’, que ofrece un brusco cambio melódico en el estribillo, quiere ser “buena, mala, pasárselo bien, sentirse desesperada”; mientras que en la elegante y sexy ‘Soft’ suplica que le den “besos suaves como el cielo”.

El hechizo de Cupido atraviesa también la gran ‘On Wires’, uno de los experimentos más interesantes y satisfactorios que ha hecho la artista en su carrera, en el que rinde homenaje a la psicodelia de los 70. Las guitarras distorsionadas y su voz llena de reverb transmiten ese urgente deseo que refleja la letra. Otro gran guiño a esa década es ‘Blue Skies’, donde la interpretación vocal de la cantante alcanza nuevas cotas, elevándose como si quisiera tocar el cielo. Y lo termina de alcanzar con la esplendorosa ‘Burning Heart’, en la que Carly se envuelve en una cama de guitarras e instrumentos de cuerda y termina con un inesperado y magnífico solo de saxofón. Aunque en ‘Day’ no todo es color de rosa. La excepción es ‘Something Tragic’, que retrata con una insistente percusión y sintetizadores inquietantes el después de una ruptura. Es el momento más reflexivo de esta parte del proyecto y un necesario cambio de tono.

Por otro lado, ‘Night’ está dedicado a perderse en sintetizadores ochenteros, melodías triunfales y enormes estribillos. La electrónica irrumpe desde la primera pista, ‘Never Let a Good Thing Die’, que mira directamente a la discoteca y rinde homenaje al funk. En un estilo similar, ‘Amalfi Coast’ es una muestra de dance inquietante, llena de capas y texturas house. Una canción con un significado especial, ya que Carly encontró inspiración para el concepto visual y sonoro del disco durante unas vacaciones en la Costa Amalfitana.

En ‘Don’t Leave Me On the Dancefloor’ invoca a ABBA en uno de esos números electropop tan propios de la factoría CRJ, con su voz al frente sobre unos centelleantes sintetizadores. Quizá menos sofisticada pero igual de efectiva es ‘Motivation’, una oda a la familia, cuya falta de sutileza la compensa con una melodía altamente adictiva.

En ‘Near or Far’, Jepsen se adentra por primera vez en el terreno del deep house con resultados muy satisfactorios. La canción resulta todo un misterio que poco a poco va empujando al oyente a lo desconocido. Bajando los BPM, el melódico medio-tiempo de ‘That’s Just Me’ funciona como ese bajón durante una noche de fiesta recordando a un ex.

En la parte final, ‘No Labels I Love You’ es un tiro pop marca de la casa que bien podría encajar en cualquier álbum de la artista. Curiosamente, fue la primera canción que escribió de este disco durante las sesiones de ‘The Loveliest Time’. Más estimulante y extraño es el corte final ‘Super Sage’, una de las producciones más originales que ha firmado hasta ahora la canadiense. Comienza cantando con un vocoder sobre unos sintetizadores claustrofóbicos que paulatinamente van esclareciéndose. La canción transita por diferentes zonas sonoras, con bruscos cambios melódicos y sonidos burbujeantes que aparecen y desaparecen hasta que llega en los últimos segundos al clímax con la repetición de la frase “I love you baby so much”. Es un final acertado para un disco que se mueve siempre entre polos opuestos, lo nuevo y lo ya conocido, el día y la noche.

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Publicado por
Fernando García