Las Nietas del Charli pertenecen a esa estirpe de músicos capaces de silenciar una pequeña sala únicamente usando sus dos voces y sus dos guitarras. Como Pauline en la Playa, María y Raquel Rubio son hermanas, en este caso de Madrid, y recuerdan sobre todo a una banda que también constituía una familia, en aquel caso un matrimonio, los trágicamente desaparecidos Low.
A los autores de ‘Things We Lost in the Fire‘ recuerda el gusto por lo acústico de Las Nietas del Charli, el uso que hacen de los silencios y de una parca percusión, que de manera muy aislada aporta Borja Barrueta.
La producción de Campi Campón (Jorge Drexler, Vetusta Morla, Natalia Lafourcade, Valeria Castro) sabe dejar todo el protagonismo a las voces y letras de las Rubio, que se recrean en la sensación de intimidad cuando susurran, murmullan o comienzan algunas pistas riendo o contando «un, dos, tres». Justo ‘Distancia’ es una de sus piezas más relevantes, el retrato de una escena de amor, de alcoba, y sobre todo de protección hacia el ser que queremos: «Cómo quiero ver tu cara / Pasearme con los dedos / Y ver cómo te entra el sueño / Ir sacando con cariño, el veneno».
A lo largo de esta composición, hay un par de cambios en ritmos y registros, siendo el tarareo del último minuto y medio el más sobrecogedor. Porque las canciones de Las Nietas del Charli no tienen prisa por terminar ni por llegar a un lugar concreto. Muchas duran 5 o incluso 6 minutos, desafiando las modas actuales. Ni en una playlist de moda les ha preocupado estar. La mejor puede ser ‘Rabia
‘, una de las más vehementes y expresivas, en la que más posibilidades encierran sus voces, protestando contra el uso de la violencia. La cruda percusión, ausente en la mayor parte del tracklist, impacta más precisamente por ese motivo.No necesariamente hablan sus letras de amor o «rabia». También hay espacio para la mitología (‘Lauri’), el aprendizaje (‘Camino’ convierte el «temor» en algo que «como el sol, quema, pero da calor») o las supersticiones procedentes de nuestro folclore (‘Conjuro’).
Hay algo de tradición nacional, hay algo de tradición anglosajona, pero sobre todo hay mucha paciencia y mucha calma para transmitir sus inquietudes con un lenguaje muy personal y ciertas dosis de misterio. Es difícil penetrar en la letra de ‘Trece’, pero ‘Montaña’ podría ser un alegato a favor de ser un poco intensa («No pide perdón la montaña, no he visto disculparse al mar / entonces por qué me avergüenzo de mi inmensa profundidad»), y ‘Pájaro de plata’, una canción de ánimo hacia la libertad.