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‘El ser querido’: Sorogoyen emociona con las heridas de una paternidad rota

Durante los años 70 y 80 se puso de moda entre la prensa el término “enfant terrible” -expresión popularizada por la novela de Jean Cocteau ‘Les Enfants terribles’ (1929)- para describir al genio rebelde y provocador. Aplicado a cineastas y actores, el calificativo contribuyó a construir una imagen romántica del creador excesivo, imprevisible y ajeno a las convenciones.

Sin embargo, esa etiqueta servía también para embellecer y justificar comportamientos menos admirables: la arrogancia, las humillaciones, los abusos de poder, los ataques de ira. Destrozar una habitación de hotel, agredir a periodistas o hacer llorar a los actores durante un rodaje se presentaban como manifestaciones de una “genialidad difícil”, propias del “artista perfeccionista o atormentado”. Ejemplos hay a patadas: actores como Klaus Kinski, Gérard Depardieu o Sean Penn, y directores como Rainer Werner Fassbinder, Lars von Trier o Álex de la Iglesia.

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Uno de esos viejos enfants terribles es el protagonista de ‘El ser querido’, un aclamado director de cine con un largo historial de violencia y excesos. Frente a él, una de sus víctimas, su propia hija, una actriz que trabaja de camarera. La nueva película de Rodrigo Sorogoyen parte así de una premisa que, casualidades de la distribución, se parece mucho a la reciente ‘Valor sentimental’ (2025). Por suerte, solo hay otra coincidencia importante: las dos son excelentes.

‘El ser querido’ avanza en dos direcciones. Por un lado, es un drama paternofilial; por otro, la crónica de un rodaje. El difícil reencuentro entre padre e hija, marcado por la culpa de uno y el resentimiento de la otra, articula toda la trama. Desde el impactante arranque, una larga secuencia rodada con cámaras ocultas y construida en plano/contraplano, que alcanza cotas extraordinarias de naturalidad y verdad, hasta ese juego de miradas furtivas que recorre toda la película y cristaliza en dos momentos de enorme fuerza dramática: la escena del coche, mientras suena ‘La noche eterna’, de Él Mató a un Policía Motorizado, y la del bufé, acompañada por la música de Olivier Arson. Una partitura con ecos de Georges Delerue y ‘El desprecio’ (1963) (otra película ambientada en un rodaje) que reaparecerá al final como una hermosa rima musical.

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Y luego está el cine dentro del cine. En la tradición de títulos como ‘La noche americana’ (1973), la mencionada ‘El desprecio’ o la muy pertinente ‘Atención a esa prostituta tan querida’ (1971), donde Fassbinder retrataba a un equipo sometido a las tensiones, caprichos y abusos de un director despótico, ‘El ser querido’ convierte el set en un escenario de relaciones de poder. Sorogoyen muestra las dinámicas tóxicas que puede generar un director acostumbrado a que nadie le lleve la contraria y, de paso, retrata una figura no demasiado frecuente en la pantalla: la del artista que presume de progresista y comprometido mientras se comporta como un tirano egocéntrico y machista.

A esta vertiente pertenece otra de las grandes secuencias de la película, a la altura de la célebre escena del bar de ‘As bestas’ (2022): la repetición de una toma que no termina de salir bien y que va complicándose hasta adquirir una tensión casi insoportable. Sorogoyen demuestra ahí un dominio apabullante de la puesta en escena, el ritmo dramático y la dirección de actores (Bardem y Victoria Luengo están formidables).

Una secuencia extraordinaria que contrasta con lo que me parece el aspecto más discutible de la película: la utilización de ciertos recursos expresivos -mezcla de formatos, texturas y sonidos, alternancia entre color y blanco y negro- cuyo sentido Sorogoyen no termina de comunicar con suficiente claridad y acaban resultando más artificiosos que necesarios.

¿Suficiente para empañar el conjunto? En absoluto. ‘El ser querido’ es, sin duda, una de las películas españolas de 2026. Otro año que, como ocurrió en 2025 (‘Los domingos’, ‘Sirat’, ‘Romería’), promete un nuevo trío de ases. Solo falta ‘La bola negra’.

Durante los años 70 y 80 se puso de moda entre la prensa el término “enfant terrible” -expresión popularizada por la novela de Jean Cocteau ‘Les Enfants terribles’ (1929)- para describir al genio rebelde y provocador. Aplicado a cineastas y actores, el calificativo contribuyó...'El ser querido': Sorogoyen emociona con las heridas de una paternidad rota