Los seres humanos nos proponemos cambiar nuestras vidas dos veces al año: el día 1 de enero y al volver de las vacaciones de verano. Uno de los propósitos más firmes es el de apuntarnos a un gimnasio, aunque a la hora de la verdad lo cumplimos muy poquitos. Quizás si fueran tan divertidos como el de Olivia Newton-John, la cosa sería muy distinta.
Porque Olivia, además de ‘Grease’, ha hecho otras muchas cosas. Vale que ahora está perdida buscando a su desaparecido marido, pero durante los ochenta tuvo una carrera musical bastante aceptable. Sin duda, su gran éxito fue este ‘Let’s Get Physical’, canción que fue varias veces número uno en las listas por el año 81. En él, Olivia se revela como una visionaria entendiendo el gimnasio como uno de los templos del ligoteo gay. Lástima que, como buena mariliendre, después de ayudar a sus amigos a convertirse en hombretones de «pro», la pobre chica se queda compuesta y sin novio viendo como todos prefieren divertirse entre ellos. Y es que tomarse la amistad gay como una profesión nunca trae nada bueno.
Han pasado 25 años y hoy día se sigue escuchando la canción en algunos locales. Eso si, en una versión bastante más bakalaera. Pero algo tendrá este tema para que Goldfrapp lo haya versionado en ‘Physical (UK Girls)’ o Kylie Minogue hiciera su actuación más sexy hasta la fecha cantándola en directo durante su gira ‘On A Night Like This’.
Venga, a trabajar el músculo.



Después de haber editado cinco álbumes en menos de tres años (incluyendo ‘EP’, un recopilatorio de caras b’s y rarezas que para mí es, curiosamente, su mejor obra), los hermanos Friedberger han demostrado ser una de las bandas más prolíficas del momento, con desiguales resultados, y han cosechado tantos fans como detractores. De hecho, creo que incluso sus fans se tornan detractores en determinados momentos y al revés, y que su ecléctica forma de concebir el pop como un remedo experimental de rock-blues-disco-pop-electro-ópera (art-pop, dicen los listos) busca abiertamente ese amor-odio por parte del oyente.

Sólo uno de cada 100 artistas descubiertos en Myspace merece la pena y una de las afortunadas es 






¿A qué se dedicarán los Franz Ferdinand en sus ratos libres cuando una noche duermen en Gotemburgo y la siguiente en Bolonia, para dos días después volar a Melbourne? Yo suponía que a descansar, pero hay uno de sus miembros que ha encontrado una vía de escape a esas giras por todo el mundo, a esas promos interminables y a esa vorágine que les acompaña desde 2004. Me refiero a Nick McCarthy, el guitarrista (y algunas veces voz), ese chico tan bailongo y sonriente a la derecha de Kapranos que desde 2005 tiene un proyecto alternativo a FF junto al alemán Alexander Ragnew llamado 




Jarvis Cocker, ex líder de Pulp, una de las mejores bandas británicas de todos los tiempos; se ha subido al carro de lo que ya hicieran otras famosas como Madonna o Ana Botella: los cuentos infantiles.


Elton John, noticia todos los días por sus opiniones de los demás, ha afirmado recientemente que quiere introducir hip-hop en sus canciones. A sus 59 añitos de edad, declaró semejante bomba a la Rolling Stone: «Puede ser un desastre o ser fantástico. No lo sabré hasta que no lo intente». Su próximo disco, ‘The captain and the Kid’, sale a la venta el mes que viene. ¿Se lanzará con el ragatón para el siguiente? ¿Ha perdido la cabeza ya definitivamente? ¿Se arruinará ante tal experimento y tendrá que vender su colección de sombreros y gafas? ¿Echará de menos su polémico dueto con Eminem?
Es muy fuerte lo que han hecho Dover. Recuerdo que antes de sacar su single ‘DJ’, que sucedía al exitoso ‘Devil came to me’, prometieron un cambio que nos iba a dejar alucinados. Pero nada de eso. El grupo siguió haciendo más de lo mismo hasta que les perdí la pista hace unos años y ya no sé cuántos discos llevan ni nada. Cuando han decidido pasarse al tecno es ahora. El nuevo disco se llama ‘Follow the city lights’ y el single ‘Let me out’ (‘







Quien me conoce, sabe bien lo poco amigo que soy de las fusiones, y de esa manía de mezclar electrónica con cualquier cosa que nos dejó el nunca suficientemente denostado chill-out. La propuesta de Gotan Project, sin embargo, de excéntrica me pareció atractiva. Mezclar tango con electrónica. Yo es oír la palabra «tango» y sentir una especie de no sé qué a la altura de la espalda.
Desde que ser DJ se ha convertido en toda una profesión con arte las variantes de la misma no dejan de sucederse: duelos, parejas de DJs, sesiones acompañadas de montajes audiovisuales… Cualquier cosa vale con tal de que el club en cuestión haga de sus fiestas algo especial para su público. Hace más de cinco años que 




