El veredicto Summercase

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El veredicto Summercase

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No podemos negar que el Summercase nos ha dejado a todos un muy buen sabor de boca. Ha habido grandes aciertos:

  • El cartel, que era de vértigo (54.200 asistentes según la organización, entendemos que sumando Madrid y Barcelona)
  • La ausencia de conflictos (aunque cuando salimos de la sesión de Gato sí había unos díscolos rompiendo mobiliario del festival).
  • Las dos cancelaciones que ha habido (Captain y Mystery Jets) fueron anunciadas con bastante antelación.
  • Como comentaba con Supervago antes del concierto de The Cardigans, todos los conciertos han sido extraordinariamente puntuales. Él respondió que los periódicos hablarían de “puntualidad británica” y un tipo a nuestro lado nos aclaró algo así como que los Cardigans no son británicos sino suecos, cosa que nos hizo mucha gracia.
  • Merece una mención especial la ausencia de colas al entrar y lo rápido que te vendían los tickets de comida y bebida.
  • Increíble lo bien organizado que estaba el transporte: las lanzaderas realmente funcionaron a la perfección.
  • La magnífica calidad del sonido en absolutamente todos los escenarios y carpas.
  • La asistencia de Fran Perea a conciertos como el de Belle & Sebastian.
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    Pero aunque para ser la primera vez no ha habido grandes problemas, sí que nos vemos en la obligación de señalar algunos:

  • Los horarios. Muchas veces, si querías ver a algún grupo, tenías que correr de lo lindo. A muchos otros nos los perdimos porque había que elegir. Lo más doloroso, Sigur Rós. Una pena.
  • Ese suelo de piedras con aristas que nos ha destrozado los pies durante dos días. Para el año que viene, queremos un recinto pavimentado como el del Fòrum, que parece mentira que una ciudad como Madrid no tenga infraestructuras de este tipo, qué vergüenza.
  • Una pena que no hubiese otros sellos vendiendo discos y merchandising dentro del festival aparte de Sinnamon.
  • La comida estaba un poco mala, y los precios no eran precisamente populares.
  • El aire acondicionado en las carpas no era suficiente… ¡¡¡qué calor!!!

    Aun así, la organización se merece una altísima nota, y esperamos que este festival se repita muchos años. Después del salto, las críticas de los conciertos.

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    The Paddingtons: Con la difícil papeleta de abrir los conciertos del Summercase en Madrid, los británicos ofrecieron un sólido concierto, a pesar del calor que hacía en ese momento en la Terminal S. Punk del bueno que seguro que sirvió a muchos para seguir de cerca la pista de este grupo. Hator

    The Dandy Warhols: Inaguraron la Terminal O el viernes dando un concierto bastante entretenido y animado, a pesar del calorazo. Dentro de su repertorio de pop-rock psicodélico no faltó el mundialmente conocido hit ‘Bohemian Like You’, que hizo botar y rebotar a los fans y a los que sólo pasaban a echar un ojo. Courtney Taylor y su pandereta estuvieron totalmente entregadas. Elena

    The Divine Comedy: Aún de día, Divine Comedy, con un elegantísimo Neil Hannon al frente, emocionaron con uno de los conciertos más sólidos y perfectos del festival. Tras la apertura con la excelente ‘To die a virgin’, alternaron sus mejores éxitos, como ‘National Express’, ‘Generation Sex’, ‘Something for the weekend’ o la final ‘Tonight we fly’, con algunas de las nuevas canciones, más que dignas, como ‘Mother dear’ o ‘A lady of a certain age’. Una pena que faltara ‘Come home Billy Bird’, pero en cualquier caso uno de los pocos grupos de los 90 que sigue en plena forma. Supervago

    Two Gallants: Los cuasi-imberbes californianos, como ya auguraba su último disco, son una bomba en directo. El dúo, algo así como Nirvana haciendo versiones de bluegrass, optan por emocionar a base de volumen y potencia, pasándose la pericia instrumental por todo el forro. Destacaron ‘Steady rollin’, una de las canciones del año, y ‘Las Cruces Jail’, en la que los micros de la batería apenas aguantaron en pie. Caniche

    Rufus Wainwright: Sólo 15 minutos pude ver de Rufus Wainwright, a cuyo directo prestaremos más atención en el FIB. Solo con su guitarra o su piano, tocó temazos como ‘California’ en compañía de su hermana Lucy. Supervago

    Happy Mondays: Incluso Shaun Ryder negó en 2003 los rumores del regreso de los Happy Mondays. Celebramos que se equivocara y que el viernes pasado pudiéramos disfrutar de uno de los conciertos más divertidos del festival. Un auténtico fastidio que coincidiesen los dos grandes de Manchester en el cartel. En cuanto empezó a sonar el ‘Crystal’ de New Order la mayor parte del público salió despavorida. Los que nos quedamos con los Happy Mondays pudimos disfrutar de los greatest hits de esta mítica banda. Bez (Mark Berry), popular por sus maracas, contagió a los fans y británicos que optamos por seguir con ellos con sus bailes estrambóticos al estilo «soy el rapero al que le queda una neurona viva». Parecía que el tiempo no hubiese pasado. Sin mantener los pies en el suelo un solo momento, no paramos de bailar con sus grandes temas: Desde ‘Kinky Afro’ a ‘Step On’, pasando por ’24 Hours Party People’, siendo el momento de mayor desfase del concierto el mítico ‘Hallelujah’ de la banda. Eso sí, Shaun Rayder nos impresionó con unos cuantos kilos de más. Nani.

    New Order: De nuevo el concierto de New Order dividió al público, como sucediera el año pasado en el Primavera Sound. Algunos (como Caniche) tuvieron que abandonarlo porque no podían soportar verlos “tocar tan mal” ni oír los gritos de Peter Hook en temazos como ‘Love will tear us apart’, y otros (como Elena o Hator) no dejaron de bailar en todo el concierto. Todos coincidimos en que hubo momentos gloriosos como ‘Your silent face’, ‘Temptation’ o el mix entre ‘Perfect kiss’ y ‘Blue Monday’, pero si van a venir cada año, deben ir afinando y no acentuando los defectos de su set, sobre todo en lo que a nitidez de sonido se refiere. Que ya empiezan a recordar al desastre de Fangoria. Supervago

    Cut Copy: un concierto buenísimo técnicamente que se vio truncado porque la organización les cortó su sonido. Ayudaba a mantener los horarios pero ¿hay que ser tan estrictos? Hator

    Primal Scream: Menos drogado de lo que parece que suele ser habitual, Bobby Gillespie hizo un gran concierto de hits en el que los Primal Scream repasaron prácticamente todos sus discos. Con uno de los mejores directos de este festival, sonaron contundentes, como si en vez de guitarras tuviesen ametralladoras, y dejaron a la gente con la boca abierta. Es la reacción habitual tras ser bombardeado por ‘Shoot speed, Kill light’, ‘Swastika eyes’ o ‘Kowalski’. iko

    The Long Blondes: Estuvieron a la altura de las expectativas, porque no esperaba gran cosa y me sorprendieron gratamente. Estupendas fueron ‘Separated by Motorways’ o ‘Giddy Stratospheres’. Mal por Reenie y Emma, que parecían dos estatuas en el escenario y quitaban mucha emoción al conjunto del show. Kate es estupenda e irradia energía y elegancia, mucho más que en sus vídeos. A mitad de concierto se mosqueó un poco porque no se oía por los monitores, pero pronto se solucionó el problema. Powerpop directo y divertido. ¡Larga vida a The Long Blondes!. Angèle Leciel

    Nathan Detroit: la verdad es que caí por la sesión de este tipo así como sin querer, sólo porque era antes del DJ set de los Chemical Brothers. Demasiado poligonero y muy rollo culto al DJ, que son dos cosas que no me van nada. Farala

    Chemical Brothers: La «fiestuni» en estado puro. Si normalmente sales por el Radikal o te mola el techno de lo más duro, éste era tu sitio. La verdad es que tuvo mucha gracia ver cómo los bakalas llegaban por centenares a la Terminal S. Hasta yo ligué con uno… Farala.

    Razorlight: Aunque de forma un poco casual, presencié gran parte de la actuación de esta banda y sólo puedo decir a aquellos que están hastiados del revival de los ochenta, que se preparen, porque aún podía ser peor. Y es que, por lo visto, estos chavales han decidido disfrazar a su cantante de Jeff Buckley para luego ponerle a interpretar insulsos temas que parecen sacados de las caras b’s de The Police o, horror de horrores, Sting. Caniche.

    Soulsavers: Por la hora (a las 3’15) y por los temas tan conocidos pinchados (de New Order, The Strokes, The Killers, Ramones, entre otros) meclados a la perfección, Soulsavers consiguió que el público siguiese con el subidón del festival y que nadie parase de bailar en una muy repletita Terminal N. Elena

    Gato: No termino yo de encontrarle el punto a este DJ. No estuvo mal, pero me pareció que la sesión anterior, a cargo de los Soulsavers, fue muchísimo más completa. Me decepcionó un poquillo y terminé largándome antes de que acabara. Farala

    The Boyfriends: Para mí desconocidos hasta ahora, los Boyfriends dieron un simpático concierto en el que su cantante, completamente de blanco y petao, con una camiseta guarra y una voz un poco Morrissey, entretuvo al escaso público asistente al ritmo de temas un poco Franz Ferdinand. Supervago.

    Dirty Pretty Things: puntuales y con un sol de justicia -que no les impidió ir ataviados con unas chupas de cuero negro- aparecieron los DPT en la Terminal O ante mucho más público del que yo me esperaba a esas horas y con ese calor. Después de la primera canción (y también la primera del disco, ‘Deadwood’) se deshicieron de las cazadoras y continuaron tocando los temas de ‘From Waterloo To Anywhere’ casi en el mismo orden que aparecen en el disco. A pesar de su actitud de rockeros súper duros y de vuelta de todo, DPT sonaron con mucha nitidez, no dieron más sorpresas que ‘Death On The Stairs’, ofreciendo un concierto muy sólido y muy ensayado que nos permitió comprobar que Carl Barât funciona fenomenal con su nueva banda. Patata

    Astrud: Con un público fugado del concierto de Dirty Pretty Things, Astrud comenzaron a la hora su recital de 45 minutos de duración. Doce canciones en total que no dieron lugar a sorpresas, definidas por Genís como «actos de violencia gratuita». Continuando con su estado de «rockerización», Astrud, acompañados de una batería, dieron un repaso a temas como ‘Masaje’, ‘Me afecta’, ‘Los Novios Instantáneos’ y ‘Todo da lo mismo’. Especial mención merece ‘Bailando’, que unió en un estado de locura colectiva a un público agradecido por la que es, sin duda, su canción más veraniega y festivalera. Piscu.

    Supervago: Con un público fugado del concierto de Astrud, el integrante de JNSP pinchó -a mi parecer- con bastante buen tino. Yo no paré de dar saltos y de aplaudir las canciones, y la sesión se me hizo muy corta. Tiene gracia que estuviese pinchando sobre un cartel de Mondo Sonoro. Paradojas de la vida. Farala

    Adam Green: Si el pequeño Leonard Cohen llegaba a Madrid precedido de su fama de ‘enfant terrible’, en el Summercase confirmó que es un artista realmente único. Sólo alguien como él es capaz de aparecer en el escenario completamente borracho y, al mismo tiempo, bordar uno de los mejors shows del festival. Cantó en castellano, enseñó el culo al público, tuvo serias dificultades para sostenerse en pie y, aún así, lo que pudo convertirse en un espectáculo bochornoso lo transformó en un divertido espectáculo que hizo las delicias de sus fans. El momento final en el que dio a elegir al público la canción que cerraría el concierto (el ‘Dance with me’) acompañado de dos groupies que subieron al escenario, fue realmente especial e inolvidable. Hator

    Belle & Sebastian: Stuart Murdoch y los suyos están cada vez más desatados. La terminal en la que actuaban estaba abarrotadísima y al ya clásico de subir a unas chicas al escenario para que se echen un baile con ellos, esta vez Stuart se las dio de rock star y se puso a hacer equilibros en la barra de contención frente a un montón de fans que no podían dejar de tocarlo. Las canciones más jaleadas fueron las de sus dos últimos discos, con la explosión ‘I’m a cuckoo’, pero también dejó contentos a sus más fieles y viejos seguidores. Gracias por ‘Jonathan & David’ y ‘Le pastie de la Bourgeoisie’. iko

    My latest novel: Los escoceses cumplieron con creces en un directo intimista en el que demostraron sobre el escenario que son uno de los grupos revelación de año. Con la interpretación de ‘Sister Sneaker Sister Soul’ alcanzaron uno de los momentos álgidos del festival. Hator

    Sparks: Las cuatro guitarras acústicas que sonaron simultáneamente en ‘Baby, baby, can I invade your country’ fueron mi momento favorito del Summercase, con permiso de toda la actuación de los Cardigans. Elegantes, con un sonido perfecto y con ese aspecto tan freak que nos encanta, Sparks dieron un buen repaso a su nuevo disco, sin olvidarse de viejos éxitos como ‘Number 1 song in heaven’, ante un considerable y entregado número de fieles. Supervago

    Midlake: La banda tejana resulta totalmente inclasificable, tocando casi todos los palos posibles en el rock de hoy. A mí me sonaron como una especie de pastiche que a ratos les aproxima a Grandaddy, Bonnie ‘Prince’ Billy, The Frames o (atiende!) Coldplay (pero en bien). Y aunque todo esto suene fatal, en realidad hicieron un set brillante, emocionante e intenso. Muy bien. Caniche.

    The Cardigans: Una de las actuaciones más esperadas que… ¿fue cortísima o es lo que se me hizo a mí? Lo bautizaría como el concierto de los singles porque los tocaron casi todos: desde el ‘Rise and Shine’, hasta el ‘Don’t Blame your Daughter’, pasando por ‘Lovefool’ o ‘You’re the Storm’, hit tras hit. A pesar de que alguien me dijo al acabar que Nina era un poco estirada para mí estuvieron simpáticos a rabiar; la Persson es un poco tiquismiquis y eso se nota en escena, pero el resultado siempre ha sido más que positivo. La emoción se convirtió en nudo en el estómago con ‘Hanging Around’ y ‘For What Is Worth’: de las guitarras más perfectas que he oído en directo. Y ahora sólo quiero que vuelvan pronto. Angèle Leciel

    The Spinto Band: Los amantes del indie rock noventero pudimos gozar de un revival del movimiento en toda regla gracias al concierto de este sexteto norteamericano: Spinto Band, con claras influencias de Pavement, Yo la Tengo, Talking Heads, Flaming Lips o los más recientes The Arcade Fire. Estuvieron presentando el sábado en Madrid el repertorio de su primer, relativamente hablando, disco ‘Nice and Nicely Done’. Y «relativamante» porque esta banda lleva gestándose nada menos que desde 1996 y se había autoeditado, previamente, 7 elepés; lanzando su primer (octavo) disco en toda regla con una edad media de 23 años. El grupo, a pesar de tener en su contra grandes competidores sonando en otras terminales como The Cardigans, Daft Punk o Sigur Rós, pudo disfrutar de un público bastante considerable. Sonaron grandes temas como ‘So Kind, Stacey’, su hit ‘Oh Mandy’ (pude ver a gente entrando en avalancha desde fuera en cuanto empezó a sonar), seguido por ‘Brown Boxes’ y finalizando con una de mis favoritas, ‘Spy Vs. Spy’. Nani.

    Daft Punk: Una puesta en escena bastante espectacular, en forma de triángulos luminosos gigantes ayudó a la gente a engancharse a su set, en el que no faltaron sus hits ‘One more time’ o ‘Around the world’ entremezclados. Muy entretenido. Supervago.

    Massive Attack: Seguro que muchísima gente pensó que un error gordo del festival era poner a Massive Attack a las 2 de la mañana, pero en absoluto resultó ser así. Una magnífica puesta en escena (esta vez sin proyecciones), basada en un panel de fondo lleno de luces intermitentes de colores que se encendían y apagaban al ritmo de la música y que visto de lejos era espectacular, recurrir a todos los grandes éxitos recogidos en su último disco, un 3D entregado al show y un Daddy G muy elegante, las intervenciones emocionadas de los vocalistas Horace Andy y Elizabeth Frazer… Todo ello dio como resultado un concierto precioso que se ganó un público megasatisfecho. Elena

    Fatboy Slim: La verdad es que no hay nada como acudir a un concierto que crees que en principio no te va a gustar para darte a ti mismo un pescozón. Muy fuerte lo de este tío, que fue capaz de sacar mi vena más bakalaera y tenerme saltando un montón de tiempo. Me encantó y salí emocionado después de escuchar sus remezclas. La cámara del escenario no paraba de enfocarle, y él escribía mensajes en las cubiertas de los discos. El show acabó con una bandera de España proyectada en los videowalls, cosa que a todo el mundo le hizo bastante gracia. Sin acritud, que conste: ¿en Barcelona también fue así? Farala

    James Murphy: Con la locura colectiva que suelen suponer los conciertos de LCD Soundsystem, tenía curiosidad por ver lo que el capo del punk-funk era capaz de liar a los platos. Y, la verdad, no fue gran cosa. La escasez de público (apuesto a que los ‘moernos’ que van a los shows de LCD estaban trotando con lo de Fatboy Slim) no ayudó demasiado y en ningún momento consiguió que la prole se metiera en su dinámica de tema-con-bombo-y-cencerro y tema-funky-con-voz-de-negra. Reseñar además la incipiente barrigaza de Mr. Murphy que la cámara de la sala no dejaba de enfocar. Al final, lo mejor fue el pavo que se paseaba por la carpa con un cartel en la mano que decía ‘Temazo’. Caniche.

    Amable: no defraudó en absoluto y fue un perfecto broche de oro para este festival. Nunca había visto a tanta gente aplaudir a un DJ cuando empezó a sonar ‘Such Great Heights’ de los The Postal Service. Temazo tras temazo se fue despidiendo el Summercase, con un profundo amargor en la boca. Otra de las cosas graciosas fue ver el cabreo que se pilló todo el mundo a las 6:00, cuando dejó de sonar la música… Farala

    La terminal del tabaco: A los fumadores del Summercase no les faltó ni un ‘piti’ durante todo el festival ya que la organización instaló una minicarpa con unas 6 máquinas de tabaco, cada una de ellas especializada en una marca. Vamos, que sólo le faltaba música. Elena

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