Primavera Club 08

Por | 15 Dic 08, 23:56

De nuevo hemos podido disfrutar de un suculento cartel invernal gracias al Primavera Club, en esta ocasión también en Madrid. En JNSP tememos por la continuidad en esta ciudad, fundamentalmente porque, dadas las limitadas audiencias obtenidas (a pesar de lo de «aforo completo» por doquier) principalmente por la fiera persecución a la que el Excelentísimo Ayuntamiento somete a la gran mayoría de las salas, imaginamos que la aventura no ha sido todo lo satisfactoria que cabía esperar. Ojalá que todo pase y la opción Primavera Club se consolide también en Madrid, porque parece que existe una verdadera cruzada contra la cultura. ¿No pasarán?

Jueves 11

Mika Miko: Tenían pinta de ser cuatro pardillas que se juntaron en su insti en L.A., les gustaba el metal y les dio por tocar en el garaje de una de ellas, escondiéndose de la crueldad de sus compañeras cheerleaders. Bueno, digo que tenían pinta pero seguramente no vaya desencaminado. De repente nos vimos trasladados a mediados de los 90 y unas L7 en miniatura soltaban sapos y culebras en forma de punk-pop urgente. La cantante, un clon de Darleen la de ‘Roseanne’, berreaba con tranquilidad sobre las furiosas y deslabazadas canciones. La otra cantante, un clon de Scarjo en ‘Ghost World’, bailaba mientras gritaba/cantaba por el auricular de un teléfono doméstico reconvertido en micrófono. Un flipe. Scarjo le cambió el teléfono por la guitarra a una doble de America Ferrara, que se pasó el resto del concierto tirada en el suelo, pidiendo a los técnicos que no hicieran parpadear los focos porque le hacían sentir mal. Y en una canción la doble de Darleen metió bulla con un saxofón. Muuuuuuuy divertido. Caniche.

Boss Hog: Y la conclusión a la que llegamos tras ver ayer a Boss Hog, uno de los no sé cuántos proyectos paralelos que debe de tener Jon Spencer, es que este hombre tiene que ser hiperactivo. El grupo es una banda que montó Jon en los primeros 90 junto a su señora esposa, Cristina Martínez (de supuestas raíces extremeñas) tras la extinción de los seminales Pussy Galore. Lo que presenciamos fue toda una descarga de punk-rock, garage-rock… punk-blues (si no etiquetamos, no nos quedamos satisfechos), sexo y sudor. Cristina se hizo famosa en los primeros conciertos del grupo por salir desnuda a cantar, y ahora ya salió toda de negro, con unas botas altísimas con las que no paraba de moverse de un lado al otro. Pero a pesar de todo el despliegue de encantos con los que Cristina nos deleitó, no consiguió quitarle ni un ápice de protagonismo a Jon Spencer, que termina por acaparar casi toda la atención. Ver tocar la guitarra a este señor fue una delicia. Todo un concierto como tiene que ser, de rock a pelo. iko.

Viernes 12

The Extraordinaires: Llegamos sólo a tiempo de ver el final de su show, pero fue suficiente para darnos cuenta de que pertenecen a la generación de bandas de rock americano en la línea de Decemberists, aunque ellos con un marcado punto freak (tocaron con una guitarra pez y el cantante con un sombrero de oso). Sonaron bien y entretuvieron. Para ser un grupo del que pocos habían oído hablar, cumplieron. Supervago.


La Buena Vida: Por primera vez en varios años, La Buena Vida se han reunido para tocar en directo su segundo mejor disco, ‘Soidemersol’ (soy uno de esos raros que prefieren ‘Hallelujah‘). Lo hicieron en el mismo orden y sin concesiones a temas de otros discos ni en el bis, para el que simplemente salieron abrazados para interpretar la pista sorpresa de este álbum, compuesta a base de silbidos. En el pasado se ha criticado mucho a la banda por sus conciertos, pero esta vez fueron tan buenos como nunca. El sonido de la orquesta era perfecto, millones de veces mejor que cuando tocaron con la orquesta Et Incarnatus, y también lo fue el de las voces de Mikel e Irantzu, que cantó tan alto y claro como nunca. En resumen, calcaron el sonido de ‘Soidemersol’ a la perfección, sin sorpresas pero sin defectos, emocionando enormemente en ‘Buenas cosas mal dispuestas’, ‘Verano’, ‘Desde hoy en adelante’ y ‘Adiós, muchachos’. Supervago.

Eli «Paperboy» Reed & The True Loves: Eli salió dispuesto a darlo todo. Mientras su banda le presentaba y tocaba ya los primeros acordes del primer tema del show, pudimos verle aún en el backstage practicando boxeo, calentando. Las canciones de su debut ‘Roll With You’ sonaron energéticas y emocionantes. La sección de vientos, como en el disco, recordaba a los clásicos del soul con alguna guitarra que sonaba a los himnos más bailables de Jackson 5. Fue una gozada ver algo así en directo. La voz de Eli se desgarraba y se quebraba, emocionante, aunque al final el tipo resultaba algo excesivo. Y quizá le falte definitivamente algún temazo para convertir los buenos momentos de su concierto en verdaderos «highlights». Que en Madrid el público no terminó subido en el escenario como en Barcelona y nos faltó un pequeño subidón. Supervago.

Sábado 13

The Wave Pictures: Tanto estos jovencitos como Darren Hayman se mostraban confusos sobre lo que significaba ese concierto en Nasti, pero el público se encargó (más o menos) de hacerles ver que los allí congregados no vieron su show del viernes en El Sol, lo cual no disuadió a los de Loughborough de hacer un show sin sus «hits» (David Tattersall alucinado y divertido preguntaba cuál de sus canciones creíamos nosotros que podía llamarse «hit»). Así, se marcaron un show con canciones semi desconocidas de su amplio repertorio (tienen un montón de CD-Rs autoeditados) entre las que destacó la preciosa ‘Now You’re Pregnant», cantada de forma encantadoramente nerviosa por el batería, Jonny. David, apoyado en su repertorio más rockero y divertido, se mostró como un guitarrista increíble, de un virtuosismo inesperado, que casi eclipsó al propio Jack Hayter, que improvisó como guitarrista invitado en un buen montón de canciones, entre las que (aunque casi rezongando) no faltaron ‘Kiss me’, ‘Strange fruit for David’ o ‘I Remembered’, incluidas en el gran ‘Instant Coffee Baby’. Confirmado: son muy grandes. Caniche.

Darren Hayman & Jack Hayter: Dudo si Darren bromeaba cuando dijo que su intención en Nasti era tocar solo material nuevo y nada de Hefner, pero ante el berreo generalizado, no hubo más remedio. Eso sí, pidió permiso para tocar canciones poco habituales en los shows de Hefner para que a Jack y a él les resultara más divertido. Y claro, nosotros encantados de poder escuchar de nuevo (o por primera vez) en vivo ‘Lee Remick’, ‘Hello Kitten’, ‘Christian Girls’, pero también de que nos concedieran (en gran parte del show acompañados al bajo y batería por Franic y Jonny, sus compañeros de cartel) sus himnos al servicio postal, al alcohol y al tabaco, ‘Good Fruit’, ‘The Greedy Ugly People’, ‘The Weight Of The Stars’, ‘The Sad Witch’, ‘The Librarian’ y otro buen montón de sus memorables canciones, que forman parte de las vidas de muchos. Tanto como la entrañable, desgarbada figura de su autor. Anunció que su próximo disco será editado en breve por Acuarela. Esperamos ansiosos. Caniche.


The Dodos: Percusión, batería y guitarra, con varios pedales de efectos conectados, eso sí, pero nada más. Eso fue lo único que le hizo falta a uno de los grupos revelación de este año para dejar a todo el mundo embobado. Los Dodos no son sólo un «hype», son muy grandes, como demostraron en la presentación en directo de su último trabajo, ‘Visiter’. Logan Kroeber, baterista, y Meric Long, guitarrista y cantante del grupo, se ganaron el favor hasta de los más escépticos. Contaron con el apoyo de un tercer miembro que unas veces golpeaba un barreño metálico, otras se tiraba a descansar en el suelo. Comenzaron con esa súplica que es ‘It’s That Time Again’, que sentenció con cada uno de los golpes de la batería, y a partir de ahí se desataron. Muy corto, muy intenso, muy grande. Pena que no tocasen ‘Ashley’. iko.

Isobel Campbell & Mark Lanegan: Negro, muy negro fue todo. Isobel, el Sr. Lanegan y su banda salieron de negro, a la oscuridad. Isobel con sus botas de cuero negro, el pelo teñido de negro y sin terminar de convencer en ese papel de mala que quiere interpretar desde que dejó Belle & Sebastian. Le salvó del aburrimiento supremo la encandilante voz de Mark y el apoyo de la banda que llevaba, porque a ella ni la vimos ni la oímos, pero mientras siga teniendo a estos colaboradores, quedará esperanza para algo. iko.

Giant Sand: Con lo bien que suena habitualmente la sala Joy Eslava no cabía imaginar que precisamente con la banda de Howe Gelb, uno de los momentos más esperados del festival, pudiera haber problemas de sonido, pero el grupo pasó casi la mitad del concierto sin sonido de monitores, lo cual acabó por lastrar un tanto el show. Pese que a Gelb no le sentara este percance demasiado bien, el trío de daneses que le acompaña resultó pasmosamente compacto y certero persiguiendo al veterano músico de Tucson en sus a veces alocados (y por tanto geniales) desvaríos: nunca deja de alucinar cómo en plena canción prueba cien trucos con los pedales, que cuando parece que le están llevando a mil kilómetros del lugar correcto, termina volviendo de forma pasmosamente coherente al punto adecuado de la canción. Pero Gelb siempre regala joyas en la dispersión de su show, como ese ‘Ain’t Misbehavin´’ popularizado por Ella Fitzgerald o Louis Armstrong improvisado al piano antes de invitar a su ¿hija? (aún no he podido confirmar si era o no) a cantar con él ‘Spiral’ y ‘Pich & Sway’, dos de los números más destacados de su reciente ‘ProVISIONS’. También aprovechó la ocasión Gelb de lucir camisa de flecos al más puro estilo cowboy e invitar a repetir a la Campbell su colaboración en el álbum cantando ‘Stranded Pearl’, que la escocesa no se sabía y tenía que agacharse a leer, luciendo cacha. Cerró tocando con desgana un ‘Shiver’ (bueno, kind of) que concedió al público. No dejó de ser curioso verle caminando por la céntrica calle Arenal hacia el hotel con la guitarra al hombro, acompañado por su ¿hija? y la ternesca Isobel. Caniche.

Fotos: Cristina del Barco para Primavera Club.

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