Versus: Mi nombre es Harvey Milk

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Versus: Mi nombre es Harvey Milk

‘Mi nombre es Harvey Milk’ cuenta la historia de un político estadounidense que, después de salir del armario, se marcha con su novio a vivir a San Francisco, donde monta una pequeña tienda de fotografía, enfrentándose desde el primer momento a la discriminación por su orientación sexual en el barrio de Castro. Poco a poco, se va convirtiendo en un referente para todos los gays norteamericanos, en una época en la que eran discriminados tanto en el trabajo como para alquilar un piso. Y después de mucho luchar, se convierte en el primer gay (reconocido, que vete tú a saber) en ocupar un cargo político en Estados Unidos. Es la última de Gus Van Sant y cómo no, provoca sentimientos encontrados.

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Harvey Milk sí: Es verdad que Gus Van Sant parece haberse entregado por completo al telefilm en ‘Mi nombre es Harvey Milk’. También es cierto que algunas escenas, de puro obvio, dan vergüenza ajena. La escena final, por ejemplo, es de lo más facilongo que le hemos visto a Van Sant, y roza incluso lo disparatado. Sin embargo, que el director haya abandonado los arduos caminos de ‘Elephant’ y la experimentación para presentarnos ahora este biopic al uso, no tiene que ser tan malo.

De hecho, es incluso positivo que, en un momento determinante para la comunidad gay alrededor del mundo, en el que hay abierto un debate feroz sobre los derechos de los homosexuales, esta película sea lo más accesible posible. Así, muchos de los que hoy en día se oponen a que este colectivo obtenga beneficios sociales tales como un matrimonio equiparable al que tienen los heterosexuales, podrían cambiar de opinión tras el visionado del filme. Esta parece la intención de Van Sant, y este es el motivo por el que, en mi opinión, se ha vuelto tan obvio. Hay algunos momentos del largometraje en el que notas una cierta tendencia a la provocación del llanto, pero es que estamos ante una historia verdaderamente triste.

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Por último, cabe destacar la magnífica actuación de Sean Penn, que casi ha calcado los movimientos torpes de Milk cuando hablaba en público, aunque quizá haya tirado demasiado de un personaje anterior que casi todos recordamos: a Sam de ‘Yo soy Sam’. Pese a todo, su actuación huele a Oscar, sobre todo porque tanto James Franco como Diego Luna (ejerciendo de Scott Smith, novio de Harvey en un primer momento y Jack Lira, amante destructivo de Harvey poco después), hacen también un trabajo memorable. 7,5. Farala.

Harvey Milk no: Ahora que por fin la Casa Blanca va a tener un inquilino negro, era de esperar que Hollywood se apuntara por fin al carro de la rentable causa gay con el biopic de este Malcom X de la homosexualidad estadounidense llamado Harvey Milk. Lástima que lo haga cometiendo los mismos fallos de toda película que pretende elevar la figura de un hombre normal a los altares siguiendo el gusto de todos los públicos. Me refiero, una vez más, al infantilismo facilongo y sensiblero que tan buenos resultados ha dado a filmes como ‘El club de los poetas muertos’ o, más recientemente, ‘Mar Adentro’.

Lo siento, no estoy en contra de llorar en el cine, de hecho me gustaría poder hacerlo más a menudo, pero me cabrea soberanamente que me tomen por tonto y me lleven de la manita hacia un final dramático utilizando recursos más dignos de un telefilm que de una producción de alguien llamado Gus Van Sant, sí, responsable de ese remake-engendro titulado ‘Psicosis’, pero también autor de ‘Mi Idaho Privado’ o ‘Elephant’, que ya es más de lo que muchos podrán decir en su vida. En serio, de Ron Howard, e incluso de Spielberg, me podría esperar un retrato tan manido. ¿Pero de Van Sant? ¿Qué le ha pasado? ¿Quién le ha dicho que una cámara lenta y una música orquestal con bien de instrumentos de cuerda eran suficientes para arrancarnos una lágrima? No sé, igual es que no ha visto el final simple y perfecto de ‘Brokeback Mountain’ o ese capítulo de la cuarta temporada de ‘Lost’ protagonizado por Desmond, por poner sólo unos ejemplos recientes de cómo con una buena narrativa cinematográfica se puede hacer llorar a un espectador con más de dos dedos de frente sin sentir vergüenza ajena.

Ojo que con esto no estoy diciendo que todo en ‘Milk’ sea un desastre. Como bien apunta Farala, Sean Penn está soberbio en un papel que seguramente le sumará a la larga lista de actores que ganaron premios a pesar del horror de historias que protagonizaban, ¿verdad, Halle Berry? Claro que, poniéndome un poco pécora y marica mala -que estoy en todo el derecho puesto que es de la vida de uno de mis «santos» de lo que trata la película-, siempre veía a Madonna cantando el ‘Don’t Cry For Me Argentina’ en el balcón de la Casa Rosada cada vez que Penn se subía a un cajón para dar un mitin a sus vecinos de barrio. Lo sé, la comparación es demasiado fácil, pero ya sabe la clase de cultura que tenemos los amigos de las canciones de Judy Garland.

Ya saben, los mismos a los que amarán tras ver este filme plano y gris todos aquellos que presumen de tolerancia siempre que no se utilice la palabra «matrimonio». Porque tranquilos, seguidores de Rouco y fanes obligados de Pedro Zerolo, que no hay nada en ‘Milk’ que les pueda hacer sentir incómodos. Aquí está el principal problema. 4. Piscu.

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