Sigue la fiebre Kitty, Daisy and Lewis

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Sigue la fiebre Kitty, Daisy and Lewis

kdl_cdEl disco de Kitty, Daisy and Lewis está resultando de los de recorrido largo. Hasta el punto de que se les está juntando su promoción con la de su segundo disco, que ya tienen anunciado en su MySpace para mediados de 2010. Se dieron a conocer sobre todo hace exactamente un año, aunque su primer single, incluido en el disco, data de 2005, pero no ha sido hasta hace unas cuantas semanas que su debut se ha editado en EE.UU. o que han tocado por primera vez en Reino Unido. En España vuelven a protagonizar su momento «hype» esta semana porque tocan por primera vez en Madrid, donde esperan repetir su éxito del Primavera Sound, o al menos el show será un llenazo seguro ya que es gratis: pertenece a los «secret shows» de MySpace y se celebrará el 26 de noviembre en la Joy Eslava de Madrid.


La atracción que ha sentido el público hacia Kitty, Daisy & Lewis ha superado incluso lo musical para basarse en el concepto. Casi podríamos decir que en un «coolismo» y una «guayedad» que de no venir de unas personas con una media de 19 años hasta diríamos que parecen impostados. Los hermanos Durham están obsesionados con los vinilos de 78 rpm citando la influencia de sus padres, que tocan con ellos, cuando ni sus padres, por edad, han vivido la época dorada de estos discos.

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Pero den las vueltas que den los vinilos de Kitty, Daisy & Lewis en su reproductor (los venden en varios formatos), su debut ha sido, con diferencia, el más apropiado para nuestros días, en que por fin se venden más vinilos que en 1998. Han podido girar con cantantes retro, como Amy Winehouse, o con grupos siempre pendientes de la escena alternativa, como Coldplay, pero nadie como ellos ha renunciado a la tecnología de nuestro tiempo para realizar sus grabaciones, en las que no interviene ningún ordenador ni ningún proceso digital.

Algo que se nota en las canciones que conforman su debut y en otros temas que han ido dando a conocer después, como el single ‘(Baby) Hold Me Tight‘, no contenido en el álbum, escrito por la misma Kitty y que, como entre la flor y nata del género, no se distingue, en el buen sentido de la palabra, del gran número de versiones que introducen en su repertorio y en sus discos. ¿Quizá su mejor canción?

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Sirvan también como ejemplo ‘Honolulu Rock and Roll’, el primer tema que recuerdan oír cantar a su padre y el primer single que el trío publicó, o ‘Polly Put The Kettle On’. Este último es un tema recuperado de un vinilo de casa de la abuela del grupo, de una grabación de Sonny Boy Williamson (II) de «finales de los 50 o principios de los 60», aunque la original creen fecharla entre 1945 y 1947. Su repetición de «get along, get along» en rima con «good enough, good enough» es adorable, pero sin dejar en mal lugar por ejemplo ‘Bugging’ Blues’, una de las más rítmicas y mejores del disco, y que es original de Lewis. Aunque incluso en este caso son lo suficientemente honestos como para reconocer que se han inspirado en Otis Spann, un pianista muy reconocido de los años 50.

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Entre guiños al «cheesy country», tirando de banjo como en ‘Hillbilly Music’, palmas, armónicas y sonidos hawaiianos como el del instrumental que cierra el álbum, Kitty, Daisy and Lewis han hecho un disco más variado de lo que parece y también más original de lo que parece, en tanto que no pueden tener una imitación creíble aprovechando su éxito. Quizá es un poco contradictorio que resulten genuinos imitando muchas cosas, pero suele pasar por todos lados en los últimos coletazos de esta década.

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