La edad de oro del pop catalán… y sus posibilidades fuera de Cataluña

Por | 20 May 10, 20:32

manel-edadUn año y medio después de su salida, el precioso debut de Manel ‘Els millors Professors Europeus‘ pasa su semana número 45 en la lista española de ventas. Está en el puesto 80 y nunca ha pasado del puesto 25, pero la constancia le ha servido para vender 25.000 copias, de las que un sorprendente 97% se ha distribuido en Cataluña, según su compañía, Discmedi. En los últimos tiempos también hemos visto por la tabla de lo más vendido en España a otras bandas que cantan en catalán, algunas de las cuales llevan varios años sonando, como Mishima, Els Amics de Les Arts o, en otro estilo, Els Pets. ¿Estamos al fin ante la explosión definitiva de la escena de la que nos hablaba Mireia Pería en la Rolling Stone del pasado agosto? ¿Puede ser más rentable para un grupo de Barcelona ahora mismo intentar destacar en catalán que en castellano? Hablamos con Manel y con un par de sellos especializados sobre el asunto.


El fenómeno Manel en Cataluña es tal que sus ventas prácticamente igualan las 30.000 alcanzadas por Vetusta Morla o Russian Red en toda España y que suponen un disco de oro. Parece difícil imaginar que de haberse decantado por el castellano, aun dirigiéndose a un público potencial mucho mayor, hubieran alcanzado estas cifras.

Como aprovechando el tirón o la ausencia de novedades (Manel aún no están grabando su segundo disco, ni tocan temas futuros en sus directos) Els Amics de Les Arts, de su mismo sello, entraban al fin hace poco en el puesto 64 en la lista de ventas y ya no nos extraña tanto que Mishima hayan estado un mes en la tabla con su quinto disco, ‘Ordre i aventura’. Sin embargo, Manel, durante la presentación de su dúo con Nacho Vegas en el Día de la Música Heineken, negaron sentirse pioneros de una escena o similar, cuando les preguntamos. «No sabemos a qué te puedes referir. ¿De qué tipo de música hablamos? Ni siquiera tenemos la sensación de haber reflotado algo que estuviera latente. Por ejemplo Antònia Font, aunque de Mallorca, ya eran muy famosos y no tenemos tanto que ver».

El grupo puede tener razón en tanto que no encuentre su parecido desde luego con Els Pets, pero tampoco con l’Abdominable Gallina Nauseabunda, Anímic, que cantan en inglés, Fred i Son o gente algo más en el entorno cantautor como Maria Coma o Espaldamaceta. Quizá sólo compartan ser mucho más desconocidos fuera de Cataluña. «No sabemos cuánto hemos vendido en Cáceres, no es algo que nos haya preocupado averiguar. Tampoco sabemos si nuestro disco está bien distribuido en Madrid (Nota del editor: sí lo está y muy barato prácticamente desde el principio), pero tampoco nos da ninguna pereza tocar en la capital. Hemos tocado tres veces y todas han sido guay, aunque es verdad que la experiencia es diferente».

¿No es caspa a estas alturas de la película andar con estas tonterías fronteras idiomáticas? ¿Acaso alguien entiende todas y cada una de las misteriosas y difíciles letras de Vampire Weekend? «Es diferente, en el caso de Vampire Weekend, la gente entiende su música, hay una cultura musical alrededor. En nuestro caso, la letra es una pata muy importante de las canciones y cuando la entiendes y te identificas, se te enciende algo dentro del cerebro que quizá, si no entiendes, no».

Víctor de Sones, sello que recientemente ha editado con enorme éxito lo nuevo de Mishima y también publica a otros grupos como Fred i Son y Miss Carrusel, reconoce que Mishima están moviendo más copias que nunca, pero tampoco sabría cómo definir el fenómeno. «No creo que exista una escena como tal, en la que los grupos colaboran entre ellos, se ven todas las noches, crean juntos, etc. Sí hay un aumento de las propuestas en catalán, y en la calidad de estas». Las razones que da Víctor sobre este aumento son más que interesantes. «Tiene mucho que ver con el punto de partida que marcaron Antònia Font, quienes quizá por el hecho de venir de las islas (Baleares) podían permitirse llegar a mucha gente de una manera pura y espontánea, sin contaminación político-linguística, simplemente con el valor de sus letras y sus canciones. Esto animó a muchos artistas a expresarse en su lengua materna, sin tener que cuestionarse cómo sería acogida la propuesta. Lo que sucedió hace cinco años con el castellano, ocurre ahora con el catalán».

Álex Eslava de Discmedi (Manel, Els amics de Les Arts) reconoce que ha subido el interés en cuanto a ventas por la música en catalán. «Había caído considerablemente y ha aparecido un panorama nuevo, surgido en la ciudad de Barcelona, que tiene el visto bueno por parte de los medios. Lo de «escena» es una etiqueta aplicada por la prensa y que en este caso se supone «cool»». Álex recuerda a los Boletaires o el rock en catalán proveniente de provincias pero ahora cree que el movimiento «ha conseguido estar en línea con el pop internacional independiente».

Aunque no en un caso tan extremo como el de Manel (quizá porque estos han movido más copias y han sido un verdadero fenómeno social), Sones sitúa en un 70% las ventas de Mishima generadas en Cataluña, frente a un 30% fuera. Preguntamos a Víctor si hay interés en estos sellos por promocionar sus grupos fuera de esta comunidad o ni siquiera lo intentan. Es reseñable que no suelan preocuparse de traducir sus letras al castellano en sus webs aun cuando las consideran tan importantes. «Creo que el esfuerzo es proporcional a la demanda. En las últimas dos décadas el panorama en catalán ha estado muy politizado, dando la sensación de estar atrapado en sí mismo. Parecía que los mismos artistas eran los últimos interesados en darse a conocer fuera de Catalunya. Ahora esto ya no es así, y hay un poco más de ambición en llegar a cuanta más gente mejor. Nosotros, particularmente, lo tenemos muy claro. Con Mishima vamos a hacer un esfuerzo importante para abarcar el resto de la península, empezando por Madrid».

Por su parte, Discmedi se muestra un tanto más pesimista. «Aunque algunos se empeñen en que no, el idioma es un problema, y a pesar de que hay una corriente de «gente supuestamente al día» que siguen en Madrid o Sevilla, a Antònia Font o Manel, por ejemplo, no compran sus discos».

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