Terror disparatado en ‘Los ojos de Julia’

Por | 29 Oct 10, 18:07

A pesar de las opiniones que llegaban de Sitges, no acababa de creérmelo. Pero sí. Se la han colado a Guillermo del Toro, Antena 3, TV3 e incluso Belén Rueda, que no creo que lo esperara. La que parecía iba a ser una nueva entrega de terror español de qualité, ha terminado resultando un estiloso giallo catalán que hubieran firmado los mismísimos Dario Argento o Sergio Martino (e incluso el español Carlos Aured). Si ‘El orfanato’ era la obra del primero de la clase, de un empollón que escribe despacio y con buena letra (gótica), ‘Los ojos de Julia’ es el trabajo del que se sienta en las últimas filas, del que no estudia, escribe con tachones y mala caligrafía, pero tiene destellos de genio.


La segunda película de Guillem Morales (‘El habitante incierto’) tiene uno de los guiones con más giros inverosímiles, telenoveleros y delirantes vistos en los últimos años. Un despropósito que llega a su cima en un disparatado final con una antológica Julia Gutiérrez Cava como protagonista. Además, como buen “producto del Toro”, la película está salpicada por esos (molestos) detalles cursi-fantásticos que tanto le gustan. Y, por último, a pesar de que las situaciones piden a gritos una mayor carga sexual (voyeurística), su naturaleza de blockbuster para todos los públicos cercena de raíz esa posibilidad.

¿Por qué, entonces, es tan buena (o bastante buena) ‘Los ojos de Julia’? Por varias razones: 1) la elaboración de una sugerente atmósfera que se aleja del manido (y cansino) goticismo y se acerca a una visión más estilizada, subjetiva y significativa de la realidad: la que (entre)ve la protagonista; 2) la poderosa presencia de una estupenda y sexy Belén Rueda; 3) la increíble pelucaza que lleva Lluis Homar; y 4) por encima de todas estas razones, la sofisticada puesta en escena de Morales: un fabuloso trabajo de cámara que juega constantemente con la mirada de la protagonista/espectador para crear momentos de suspense memorables (que no voy a desvelar). Una película imperfecta pero fascinante de un director que escribe mejor con la cámara que con un teclado. 7.

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