Los monólogos de Adele

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Los monólogos de Adele

Adele publica esta semana el DVD ‘Live at the Royal Albert Hall’, que hace unos días se proyectó en un pase sólo para fans en los cines Ideal de Madrid. El repertorio interpretado en este concierto fue prácticamente clavado en selección y orden al que vimos hace unos meses en La Riviera (con sólo dos discos en el mercado, poca variedad podía haber, si acaso siguen sorprendiendo las pocas concesiones a ’19 ‘), por lo que la única incógnita era la calidad del montaje… al margen de si este tipo de convocatorias para ver un concierto en un cine tiene algún tipo de sentido.

Sobre el primer punto, la majestuosidad de este recinto, uno de los más preciados de Londres, acompaña la atemporalidad del repertorio de Adele. La cantante, que presume en mitad del set de haber vendido más de 10 millones de copias de ‘21 ‘, pide varias veces que se enciendan las luces porque no termina de creerse la devoción que se siente por ella. Sin embargo, la post-producción del show se ha centrado claramente en lo musical, de manera que el sonido de voces, piano y cuerdas casi parece de estudio, mientras en el montaje hay poco riesgo. La sucesión de planos cortos y rápidos para acentuar la tensión de ‘Rolling In The Deep’ es algo torpe, mientras que tristemente se desperdicia un momento tan psicodélico como ese primer plano al principio de ‘Make You Feel My Love’ pasando enseguida a varios planos generales que cortan toda la intensidad.

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Por el contrario, si bien la interpretación de Adele es perfecta y no tiene mancha, volviendo a emocionar sobre todo al final con ‘Someone Like You’ (aunque lo habría hecho más si no cantara el público), donde por supuesto llega a llorar frente a la audiencia (la pregunta era cuándo exactamente), la verdadera gracia de este DVD (al margen de la contemplación de sus uñas) son los largos, larguísimos monólogos que suelta entre canción y canción, casi propios de un pequeño Club de la Comedia, y donde quita hierro a los dramas que suele contar, para mostrarse como una cantante divertida, irónica y mordaz. Con un acento a medio camino entre Vicky Pollard y Kelly, a día de hoy el mejor personaje que encontramos en ‘Misfits’, se ríe de su ex, se ríe de sí misma, introduce a sus mejores amigas, presentes en el concierto, y presenta algunas de las anécdotas vinculadas a las canciones. Más parlanchina incluso que en Madrid, ella sí que se transforma cuando pasa a interpretar sus temas, generando más de una carcajada.

Entre tantísimo «speech» y temazo, la experiencia de ver un concierto en el cine, que generaba toda mi desconfianza a pesar de las buenas posibilidades técnicas que se plantean, es bastante agradecida. Casi dan ganas de aplaudir entre canción y canción.

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