El indie en España: una introducción

Por | 20 Feb 12, 16:50

El indie en España, o lo que entendemos cuando decimos la palabra indie, no ha sido muy dado a tener hitos reconocibles, momentos puntuales que se repiten en las narraciones y que sirven para conformar una mitología propia. Al contrario de lo que ocurrió entre finales de los 70 y primeros 80 con lo que se dio en llamar “La Movida”, no hay una idea general y aceptada de cómo ocurrieron las cosas. Para hablar del indie español no es mal planteamiento trazar paralelismos con lo que una década antes ocurría en lo musical en nuestro país.



Recapitulemos. A finales de los 70 hay una serie de gente haciendo fanzines. Uno de ellos, de orientación punk, La Liviandad del Imperdible, es a la vez colectivo y entre sus áreas está la musical. De ahí surge Kaka de Luxe, encuentro en el rastro de El Zurdo, Alaska, Berlanga, Canut, concierto homenaje por la muerte de Canito en la Escuela de Caminos, Aviador Dro funda DRO y a su estela nacen docenas de sellos independientes que absorben montones de grupos nacientes, Rockola, Agapo, la movida gallega, Las Vulpes creando un escándalo en la tele con ‘Me gusta ser una zorra‘, Las Costus, El Penta, ‘La Chica de Ayer‘, la muerte de Benavente, ‘Para ti’, La Edad de Oro, la muerte de Eduardo Haro Ibars, el concierto de los Smiths… podríamos seguir citando durante veinte líneas personajes, lugares y momentos conocidos por cualquiera con un mínimo interés en la historiografía musical de nuestro país. Hay una bibliografía amplia, documentales, artículos, discos, homenajes oficiales… hasta una edición de El Baile de la Rosa de Mónaco fue dedicada al asunto. En modo alguno es exagerado o inmerecido que todo esto haya pasado al imaginario colectivo patrio. En cualquier país la música popular forma parte de la cultura popular y es lo normal. Aquí nos hemos acostumbrado tanto a que la música sea parte del ocio y no de la cultura que por eso nos parece llamativo el eco recibido.



Pensemos ahora en el indie español. Hay que sudar para juntar un puñado de momentos reconocibles. May de Los Planetas tocando el bajo de espaldas, el primer FIB, Australian Blonde tocando el cielo mainstream con ‘Chup Chup‘ en ‘Historias del Kronen’ (Armendariz, 1995), El Niño Gusano cantando ‘Hoy no me puedo levantar’ en la tele, Killer Barbies protagonizando ‘Killer Barbys’ (Franco, 1996), Stephen Malkmus llevando en su gira europea una camiseta de El Inquilino Comunista y poco más. Pero si hay un momento fundacional reconocible, un kilómetro cero aceptado por todo el mundo, ese sería la gira Noise Pop Tour organizada por Elefant. 

Noise Pop Tour es una serie de cinco conciertos en cinco ciudades que se desarrollaría en los dos últimos meses de 1992. En ella participaban cuatro de las bandas más importantes que estaban dando que hablar en aquel momento: Usura, Bach is Dead (germen de Beef), El Regalo de Silvia y Penélope Trip. Bandas que cantaban en inglés, cuyos referentes musicales no podían estar más alejados de la música española en general y de la de los 80 en particular, con componentes muy jóvenes y que representaban una ruptura en la tradición musical española del momento. Igual que ocurrió en los últimos 70. Pero era justo a esos grupos a los que pretendían eliminar.



La gira resulta un éxito moderado de público pero, sobre todo, sirve para espolear a otros grupos en su misma situación y a muchísimos otros para comenzar a formar bandas, montar fanzines o juntar los ahorros y fundar un pequeño sello. Es probable que haya pocos momentos más determinantes en la música popular en nuestro país (y menos en las dos últimas décadas) pero, sin embargo, cuesta encontrar referencias a ese momento, material gráfico y mucho menos audiovisual. Esto será la norma durante mucho tiempo. Sobre el Noise Pop Tour volveremos más adelante porque merece una atención y un espacio propio. Vayamos a los antecedentes.



Si en 1991 preguntases a un periodista musical en España sobre la música independiente en nuestro país, te contaría que DRO sería el sello más representativo en ese sentido dando cobertura primero a sus fundadores Aviador Dro para editar su primer single ‘Nuclear Sí’ y más tarde a Parálisis Permanente, Siniestro Total, Los Iniciados, Agrimensor K, Nacha Pop, Decibelios… convirtiéndose en un símbolo que pronto otros seguirían. Entre ellos, Grabaciones Accidentales Sociedad Anónima o GASA. Fundado por el productor Paco Trinidad y miembros de los grupos Esclarecidos y Décima Víctima, sirvió en principio para editar sus trabajos pero luego fue dando cobijo a maravillas como Derribos Arias o Los Coyotes. También es importante la labor de 3 Cipreses, que debuta con los imponentes Gabinete Caligari de ‘Olor a carne quemada’ y que reclutará a Seres Vacíos, Loquillo, Desechables, y otros grupos que le daban un matiz más oscuro de entre los sellos más importantes de La Movida. DRO convertida en la primera independiente y en uno de los sellos más importantes del país, luchando mano a mano con las multinacionales, absorbe a GASA y 3 Cipreses (aunque manteniendo las marcas), convertida en un monstruo financiero demasiado complejo para ser manejado de manera eficiente. No sólo edita docenas de referencias al año sino que distribuye a la mayoría de los sellos pequeños nacionales y trabaja con sellos extranjeros. Crecer tiene sus inconvenientes y uno de ellos es la necesidad de mantener la máquina engrasada. Una serie de discutibles fichajes, un declive en la calidad de los grupos que van saliendo y la emigración de los más exitosos a multis terminan por desgastar a la discográfica, que en esa época ya es distribuida con Warner y con esta mantiene unos lazos de simbiosis haciendo cada vez más indistinguible una de otra. En 1988 los fundadores abandonan la dirección del sello. Cuando a finales de 1992 se anuncia que DRO deja de existir como ente autónomo y pasa a ser una división más del grupo Warner se puede hablar del último aliento (aunque fuese simbólico) de lo que un día fue la nueva ola. Esa nueva etapa se caracteriza por la edición de trabajos que no pueden estar más alejados del espíritu de nacimiento del sello. Ya en el mismo 1992 se edita al baladista italiano Marco Massini pero no será más que el punto de salida para un catálogo absolutamente carente de personalidad y errático, contando entre sus filas desde Marea a Los Mojinos Escocíos, o desde Álex Ubago a La Cabra Mecánica. Se hace duro pensar en el trayecto de uno a otro. Que sea el mismo 1992 el de la explosión indie parece un guiño, una broma del destino.



Lo mismo que se da como salida a La Movida con el homenaje a Canito en 1980 cuando llevaba gestándose ya tres años antes, el Noise Pop Tour no viene de la nada, tiene unos antecedentes difusos pero inevitables. 


Varias fuentes suelen citar a ‘Fuzz face’ (Fidias, 1987) de Sex Museum como el primer disco del indie en España. Es complicado decirlo con seguridad (a día de hoy es difícil encuadrar a Sex Museum como grupo indie y meterlo más en el sonido Malasaña que se gestó en esos mismos años) pero es a finales de 1988 y, sobre todo, en 1989 cuando publican grupos con otra mentalidad y que comienzan a citar referentes nunca antes usados: Aventuras de Kirlian, La Búsqueda, Surfin’ Bichos, Los Bichos… a estos les suceden en 1990 Corn Flakes, Los Clavos, Los Imposibles y un disco que se puede considerar crucial, ‘Hunted by the Snake‘ (Polar, 1990) de Cancer Moon. Siendo justos, ese disco, editado por el efímero sello Polar, sienta las bases de un sonido sucio, de guitarras distorsionadas que bebían tanto del espíritu de la Velvet, del rock duro, como de la locura sonora de Sonic Youth, que se convertiría en el grupo más citado y (mal) imitado en la siguiente década. Un disco que a día de hoy impresiona y conmueve de una banda tan especial, liderada por el fallecido Josetxo Anitua, como desgraciada. Producido por Jaime Gonzalo, director de Ruta 66, se convierte en un espejo en el que muchos otros se mirarán. Eso no significa que tenga excesiva relevancia mediática, aunque sirve para que la etiqueta noise se convierta casi en sinónimo de la nueva música que comenzaba a hacerse.

Nunca se dijo que ser los primeros fuese sencillo. 

En esos momentos, como en los primeros años de La Movida, también hay una gran actividad de fanzines que hablan de grupos, escenas y temas que no trata la prensa generalista. Son fanzines hechos con una voluntad rompedora y entusiasta y que estilísticamente pueden no tener que ver del todo. Algunos muy orientados al rock excéntrico y punk más sucio (La Herencia de Los Munster, Subterfuge), otros orientados al pop ensoñador y al sonido indie británico y el C-86 (Stamp, La Línea del Arco de Luis Calvo), o (más o menos) el hardcore y la música alternativa americana (Waco). Una característica de ellos es que en sus números incluían discos, singles, flexis, un ep de un grupo o recopilación de varios (práctica habitual en otros países por otra parte. Sin ir más lejos Sub Pop empezó como fanzine). Esto dio oportunidades a algunas bandas de debutar y a algunos lectores de descubrir que había muchas otras cosas que la prensa establecida no les contaba. El caldo de cultivo estaba preparado.

La prensa juega un papel determinante en que ambos periodos sean divergentes pese a sus similitudes. En los 80 la prensa generalista acoge a los músicos con un fervor y entusiasmo inquebrantable. No es difícil ver en ABC o El País críticas a página entera en la sección de cultura de grupos desconocidos que tienen apenas una maqueta. Para la prensa la llegada de estos grupos significa el inicio de algo nuevo y quieren ser los primeros en retratarlo. Quieren ser los testigos de excepción del cambio, entrar de golpe en la modernidad. Mientras, en los 90 los medios tradicionales están más que establecidos, los canales de difusión controlados muchas veces por esos mismos medios (no hay más que ver el monstruo que es PRISA). No tiene mucho sentido empresarial dar espacio a una serie de bandas que no sólo no están interesadas en entrar en el engranaje promocional que significan esos medios tradicionales sino que los desprecian de manera notoria. Además hay cierta displicencia en los medios masivos que piensan que el indie es una moda que durará un par de años y las aguas volverán a su cauce. El enconamiento y desprecio de algunos periodistas y medios establecidos contra el nuevo movimiento es de estudio. Pero a ellos no les importa. La “pureza” es un valor en alza en el mundillo alternativo. Esto será una constante hasta mediada la década, que se irá rompiendo, primero con el éxito de Australian Blonde y, luego, definitivamente con la irrupción de Dover y su segundo disco. No está de más recordar un hecho tan significativo como que el mismo día que a Los Planetas les ofrecían fichar por RCA, ese mismo ofrecimiento se le hace a El Inquilino Comunista y estos lo rechazan pensando que significaba una traición a sus principios. En aquel momento una actitud así no sólo no sorprende sino que parece la normal, y la anormal la del grupo granadino que tiene que aguantar un chaparrón de críticas a su acción. 


Las tradiciones musicales recogidas tienen mucho que ver. En los 80 el triunfo popular es un ideal. Pegamoides lo retrata de manera excepcional en ‘Bote de Colón’. La idea warholiana del éxito tiene mucho que ver con la herencia musical de la que beben. El pop británico, el glam… la idea de ser una celebridad a través de la música está en el ADN de muchos de esos grupos aunque vengan del ambiente independiente. Mientras, los 90 se fijan en escenas como el hardcore norteamericano o en sellos como Sarah o Creation, en los que la idea de escena compacta, de formar parte de algo al margen del sistema establecido es mucho más importante que la fama. La pureza y la integridad musical, al menos conceptualmente son el valor superior.


Aunque estilísticamente no tuviesen mucho que ver en espíritu sí que compartían intereses y se reconocían los unos a los otros. Esta será una de las características de estos primeros años de lo indie: más allá de un sonido determinado (que jamás lo ha habido) la sensación de reconocerse y de estar en el mismo barco era palpable tanto en la prensa marginal como en los propios grupos que compartirían escenarios, sellos y (escasos) espacios mediáticos conjuntos a pesar de su diversidad estilística. De hecho incluso el nombre indie estaba muy poco extendido en los primeros 90 para denominar a cierto tipo de música. Era mucho más habitual escuchar independiente, noise (dado que este era el estilo predominante de las nuevas bandas), la “escena” o el más utilizado, «alternativo», que era mucho más amplio y servía para acoger en su seno diferentes tendencias. Indie en esos años se usaba más para definir a las bandas británicas derivadas del espíritu C-86. Sólo con el éxito del brit-pop y la música alternativa americana el término se impuso como el genérico para un cierto espíritu generacional más que para un sonido determinado. Siempre, recordemos, hablando del panorama español.



Es difícil enmarcar temporalmente el fenómeno de la primera fase del indie español. Si damos por bueno el inicio en el Noise Pop Tour, fuentes como RockdeLux en su especial de finales de los 90 ‘La Edad del Indie’ sitúa su final con la irrupción de Dover y su medio millón de disco vendidos de ‘Devil Came To Me’ (Subterfuge, 1997). Tiene lógica pensando que es el primer momento en que el fenómeno se hace masivo y lo hace no de sus tradicionales puntales sino de un grupo surgido de la escena, que había vendido 700 copias de su primer trabajo pero que, en lo musical, en su sonido e influencias se aleja del arquetipo dominante, mucho más cercano al rock duro que a Pixies-Sonic Youth-Pavement, totems del movimiento. Además, sobre el 97-98 varios de los grupos clásicos llegan a su madurez con sus mejores y más ambiciosos trabajos: Los Planetas, El Niño Gusano, Sr. Chinarro, Penelope Trip, Sexy Sadie, Migala, Le Mans, La Buena Vida… y poco después varios de los precursores se disuelven.



Para nosotros esta etapa inicial del indie (y quizá el indie entendido a la manera de sus orígenes) termina un poco después marcada por otro hecho tan o más significativo. En el 97 debutan con un inesperado éxito Los Fresones Rebeldes y a su estela salen, literalmente, docenas de grupos que comienzan a cantar en castellano, que en apenas dos años pasa de ser una rareza a ser dominante. Bandas que no sólo no tienen prejuicios sobre los grupos de los 80 sino que los citan como influencia directa. Hay un nuevo aluvión de fanzines y nuevos medios, sellos, espacios. Al igual que la prensa generalista de los primeros 90 utilizaba el término alternativo como algo peyorativo, la prensa establecida de la independencia (Rock de Lux, Mondo…) ataca sin miramientos al “tonti-pop” tachándolo de frívolo e irritante, metiendo en un mismo saco a todos los nuevos grupos. Daba igual que fuesen estilizados compositores como Los Caramelos o Parade o poco más que chistes como La Chufa Lisérgica o Blas y las Astrales. Para mucha parte de la prensa y del público La Casa Azul, Me Enveneno de Azules, Astrud y L-kan eran lo mismo. Así que muchos de estos grupos se reconocen entre ellos y forman una escena no sólo no aupada por los medios sino contra ellos estableciendo sus propios canales y usando los prejuicios de su supuesta frivolidad como arma arrojadiza contra lo antiguo, que resultaba ser el indie canónico ya muy desgastado. Y vuelven a no tener prejuicios sobre el éxito o la promoción. Grupos como Meteosat, Ellos o Astrud dan buena cuenta de ello. A finales del año 2000 apenas queda nada de este nuevo movimiento pero con él ha arrastrado las cenizas del anterior. El nuevo milenio se abre con una mayor profesionalización, con unos canales establecidos fuertes, con los mánagers y promotores sustituyendo a los sellos como generadores de negocio, los festivales como indicador de triunfo y con una imposibilidad de agrupar a todo lo que se denomina indie bajo cualquier intento de categorización. El indie como movimiento había muerto y pasaba a ser sólo una etiqueta no genérica. Un adjetivo sin más. Pero esto es adelantar acontecimientos.


Volvamos al principio. Entre las personas más activas de los primeros años del indie está un joven con un amor desmedido por el pop que edita su fanzine La Línea del Arco (nombre en homenaje a Felt, dando pistas de por dónde iban los tiros) desde León y más tarde cuando se traslada a Madrid sigue con él dando un paso más distribuyendo discos de sellos ingleses para, al fin, decidirse a editar material propio. Es Luis Calvo, la persona más decisiva de la música indie en España. Con los años no sólo pasará de tener un fanzine a fundar Elefant Records, sino que será uno de los impulsores de la Sala Maravillas, centro neurálgico del cotarro indie nacional, parte de la organización del primer FIB, emprenderá una loca labor editorial con la revista Spiral, la primera y única centrada en la escena volcándose en lo nacional, dando apoyo incondicional (a veces excesivo) a los proyectos nacientes, y también dirigiendo y presentando el programa de radio primero en Cadena 100 y luego en Los 40 Principales ‘Viaje a Los Sueños Polares’ (y su versión televisiva en Canal Satélite Digital), auténtica ventanita dentro del mainstream para la música independiente en nuestro país. Y, por supuesto, por organizar la citada gira del Noise Pop Tour, punto cero del que partimos en esta aventura de la que seguiremos hablando a lo largo de este año. Nuclear Sí, Estanis Solsona.

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