Benjamin Biolay / Vengeance

Por | 08 Nov 12, 12:32

El disco doble ‘La Superbe‘ aniquiló lo que podía quedar del miedo de Benjamin Biolay por los excesos, y su nuevo lanzamiento, ‘Vengeance’, que se publica esta semana, es una obra extraña que se mueve con total confortabilidad entre lo barroco y lo sencillo pasando por lo hortera. Para comprenderla, no hay que prestar demasiada atención a ese errado primer single, ‘Aime mon amour‘, al que ni siquiera salva ese final con saxo alocado. A la moda, «no-es-representativo-del-disco».

Tampoco lo es su título, ‘Vengeance’, por mucho que a la revancha llamen dos temas gemelos llamados ‘Venganza’ y -de nuevo- ‘Vengeance’, interpretados respectivamente junto a la argentina Sol Sánchez en castellano y a Carl Barât en francés e inglés. Es este un álbum salvo excepciones poco tortuoso, en el que Biolay ha querido dejar atrás la ira y la depresión. En ‘Profite’, el dúo con la voz más sexy sobre la faz, la de Vanessa Paradis, de sensualidad tamaño Goldfrapp, deja caer un ilustrativo «la vida -mierda- es demasiado corta»; y el mismo espíritu inunda -con la asistencia de nuevo de un saxo- ‘Belle époque (Night Shop #2)’, la sencilla e irresistible ‘Trésor trésor’, la silbada ‘Confettis’ con que se cierra el disco o la intensisíma y rapeada ‘Ne regrette rien’, que ha contado con OrelSan.

Pero ‘Vengeance’ no es tampoco un aburrido disco «carpe diem». En realidad, su grandeza reside en la desconcertante e incoherente mezcla de estilos. Del rock de ‘Le sommeil attendra’ pasamos a un tema bastante electropop en el que Benjamin canta junto a Gesa Hansen sobre una pareja que se hunde (en el amor o en la sociedad actual), ‘Sous le lac gelé’; de aquí al mencionado tremebundo tema en castellano con voces del Che Guevara; de aquí a ‘Marlène déconne’, una canción sencilla y desenfadada que avanza hacia un insólito final electropop casi trance; y de aquí a algo tan bonito como ‘Personne dans mon lit’, sobre la soledad de una cama donde no quedan más que «toneladas de escombros y de cosas que no se han dicho», en lucha con el deseo de seguir manteniendo tu lado favorito de esa cama.

Este descontrol total de estilos podría hacernos pensar que Benjamin Biolay ha dejado caer las canciones en el tracklist despreocupadamente, casi al azar, juntando piezas que nunca formarían el puzzle perfecto: otra obra magna. ¿Qué pinta después de un tema tan ochentero y cinematográfico como ‘L’insigne honneur’ algo como el piano con arreglos tipo Bacharach y coros femeninos de los que gustan a Leonard Cohen de ‘La fin de la fin’? Sin embargo, el efecto conseguido dista mucho del disparate. A medida que avanza el tracklist, te das cuenta de que estás atrapado, completamente sumergido en el disco, de que después de una década publicando discos notables y sin tropezones, Biolay está en posición de poder permitirse desvaríos como este, desde ese electropop que tanto llegó a odiar, a su vertiente más clásica, todo ello sin que en ningún momento deje de parecer que está pensando: «soy Benjamin Biolay y hago lo que me sale de los huevos».

Calificación: 7,7/10
Lo mejor: la sensación WTF hacia la mitad del disco con ‘Marlène déconne’, ‘Personne dans non lit’ y ‘Ne regrette rien’ seguidas
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