‘Sacrilege’, 100% de «síes»

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‘Sacrilege’, 100% de «síes»

«‘Sacrilege’ es un sorpresón, incluso aunque Yeah Yeah Yeahs lleven ya más de diez años reinventándose disco a disco. En esta ocasión, Karen O, Nick Zinner y Brian Chase pretenden dejarnos pasmados con un clásico ritmo funky, unos riffs de guitarra que se entrelazan sinuosamente y una Karen O alternando dulzura y gritos. No parece gran cosa, pero con eso logran mantenernos expectantes hasta que, versados los dos primeros minutos, irrumpe ese coro gospel que no esperábamos pero que encaja instantáneamente, logrando un efecto demoledor. El avance de ‘Mosquito’ es tan jugoso que uno espera que no juegue en su contra, porque ahora las expectativas son mucho más altas». Raúl Guillén.

«El magnetismo que ya de por sí tiene la voz de Karen O, envolvente y desgarrada, no hace sino darle puntos extra a la primera escucha de ‘Sacrilege’. Cuando ya se tienen identificadas qué partes le recuerdan a una al ‘Call Me’ de Blondie (entre otros grandes éxitos del garaje y la new wave) llega ese coro de gospel añadiendo todo el dramatismo que le pudiera faltar al tema. Esto de sacrilegio no tiene nada, señores». Angèle.

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«En cuatro minutos, ‘Sacrilege’ consigue que pasemos del «¿esto es el single de Yeah Yeah Yeahs después de 4 años?» a «¡pero si mola más que el single de Primal Scream!». Personalmente, estoy muy satisfecho con ‘2013’, pero no cabe duda de que el regreso de los de Karen O, que aquí canta sobre enamorarse de alguien que cae del cielo, es mucho más sorprendente. Me pregunto cómo lo resolverán en directo, pero en estudio, que es lo que me importa, arde como su portada, desde luego». Sebas.

«Los Yeah Yeah Yeahs han vuelto y, esta vez, de verdad. ‘Zero’ fue un gran single, incuestionable en el poder abrasivo de sus sintetizadores, pero que quería parecer encajar en el contexto de su tiempo de manera un tanto evidente, un 2009 dominado por el matrimonio del pop y del rock con la música electrónica. ‘Sacrilege’, en este caso, recuerda a los Yeah Yeah Yeahs clásicos, a los que utilizan la suciedad del rock n’roll como un elemento más de su arte y que supone un plus de reconfortante familiaridad. Destaca, como de costumbre, la energía de Karen O, así como el pegajoso riff de guitarra eléctrica de Nick Zinner, si bien es obvio que el grandilocuente coro gospel del final se abre paso imponiéndose con fuerza como el momento más impactante, bello y memorable de toda la canción, un poco al estilo de uno de los grandes clásicos de Marilyn Manson, aquel ‘(I Don’t Like The Drugs) But The Drugs Like Me'». JB.

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