Landista, y a mucha honra

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Landista, y a mucha honra

LandaLanda era el landismo y tan consciente de este logro era que incluso presumía de ello cuando el género era mirado con desprecio por aquellos que, restando el valor que en su contexto tuvo, ignoraban que este cine que durante los sesenta y setenta dio de comer a muchos intérpretes fue también el origen de toda una generación de actores que, liberados del yugo del cliché turístico, siguieron dando grandes momentos que hoy son historia.

La vergüenza no ha sido nunca el sentimiento adecuado para enfrentarse a estos años. Landa tenía razón y por eso él defendía películas como ‘Vente a Alemania, Pepe’, ‘Manolo La Nuit’ o ‘Cateto a babor’, títulos que además de convertirle en género le permitieron demostrar después que, lejos de caer en el encasillamiento, guardaba dentro talento suficiente como para dejar con el corazón encogido al más recto de los críticos.

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Y así lo hizo cuando en plena transición José Luis Garci le ofreció el papel principal en ‘El crack’ (1981), filme que le sirvió para cambiar a un registro más maduro y de paso adentrarse en un cine más serio que le hiciera ganarse por fin ese aplauso intelectual del que ya disfrutaban antiguos compañeros de reparto como José Sacristán, José Luis López Vázquez o Concha Velasco.

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Claro que él, aunque tarde, podría decirse que lo hizo casi mejor que ellos, ya que de aquella generación del cine de suecas, playas, tetas y paletos es el único que puede presumir de haber ganado un premio de interpretación en Cannes junto a Paco Rabal por ‘Los santos inocentes’, la adaptación cinematográfica que Mario Camus hizo en 1984 de la obra de Delibes que hoy, todavía, nos sigue poniendo los pelos de punta. Y no es sensiblería barata de obituario, sino una verdad como la que nos escupía esta historia tanto en su original literario como en su versión fílmica.

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Y no fue esa la única cinta “seria” en la que Landa participó. Tampoco la única que le dio premios. Se puso a las órdenes de Berlanga en ‘La vaquilla’ (1985) y de José Luis Garci, además de en la ya mencionada ‘El crack’ y su continuación ‘El crack II’ (1983), en otras películas como ‘Historia de un beso’ (2002), ‘Canción de cuna’ (1994) o ‘Luz de domingo’ (2007), la última que filmó antes de su retirada definitiva del mundo de la interpretación.

Fue José Luis Cuerda el responsable de ponerle en bandeja los dos Goyas ganados por hacer de Bartolomé en ‘La marrana’ (1992) y, por supuesto, por dar vida al Bandido Fendetestas en ‘El bosque animado’ (1987), personaje que nos hizo entender a los niños de los 80 que aquel señor tan gracioso que salía en las pelis de la tele persiguiendo a rubias en Benidorm (entonces cualquier playa era Benidorm o Torrevieja) también era un buen actor, aunque a esa edad no podíamos explicar qué significaba exactamente eso. Simplemente lo sentíamos, así de primaria era nuestra conexión, o al menos la mía, con el actor.

Conexión que se reforzó con los años más allá de los límites del cine, concretamente en la televisión, cuando series como ‘Lleno, por favor’ eran comentadas por toda España al día siguiente de su emisión. En esa época para un actor de cine aquello se entendía como caer muy bajo, mientras que hoy no hay estrella que no mataría por tener su propia serie en el primetime de cualquier cadena. Los mayores no sé, pero insisto que de niños, o de preadolescentes, aquello no nos importaba lo más mínimo. Si algo te gustaba era bueno y no había más tu tía. Y a Landa, de cascarrabias dueño de gasolinera, no podías dejar de quererlo.

Precisamente por esto me preocupa que, como toda gran estrella que se va mayor y casi apagada, su imagen pase incompleta a la generación que sólo le ha conocido dando aquel incoherente discurso en 2007 cuando recogía su Goya honorífico en una de sus últimas apariciones públicas. Entonces sabíamos que se nos iba, y él, para evitar preocuparnos, o simplemente por esa vergüenza de la que nunca hizo gala, pasó sus últimos años postrado en una silla por culpa de un ictus sin permitir siquiera que sus amigos más cercanos le vieran.

Alguien lo decía en Twitter al poco de conocerse la noticia y no se puede explicar mejor lo que muchos sentimos ahora. “Se murió Paco Rabal y ahora fallece Alfredo Landa. En este país de Santos Inocentes sólo va a quedar el señorito”. Por eso nos gusta tanto el cine y los que lo hacen, porque allí, a diferencia de en la vida real, los buenos no solo viven, sino que también ganan.

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