Lady Gaga cumple hoy 40 años. JENESAISPOP, probablemente el primer medio español que habló de ella en julio de 2008, es decir, un mes antes de que entrara en el Billboard Hot 100 por primera vez, ha repasado las 40 mejores canciones de Lady Gaga, a razón de una por día, durante estas últimas semanas.
Lady Gaga ha publicado unos 42 singles oficiales según la Wikipedia y este Top 40 es un recorrido por la mayoría de ellos, pero también por «deep cuts» que han servido para definirla como artista. Este repaso sirve para recordar a la performer que nos conquistó en una gala de Miss Universo, desarrolló enseguida espectaculares videoclips y presentaciones en MTV, se diferenció de otras estrellas pop por su querencia por el rock metalero y el jazz, y dejó también algunos momentos vulnerables.
El Top 40 de Mejores Canciones de Lady Gaga ha sido elaborado con los votos de 5 miembros de nuestro staff: Raúl Guillén, Fernando García, Mireia Pería, Jordi Bardají y Sebas E. Alonso. El objetivo ha sido compilar visiones distintas sobre una carrera muy diversa, que ha terminado siendo determinante para otros artistas como Kesha, Ava Max, Kim Petras, Sam Smith o últimamente Chappell Roan. La playlist ya está disponible en Spotify y Apple Music.
‘Bad Romance’ marca el momento en que Lady Gaga pasa de ser una gran promesa del pop a convertirse en el fenómeno cultural que definirá una era. Número 1 en una veintena de países, ‘Bad Romance’ consolida a Gaga internacionalmente, proponiendo un estilo musical inconfundible que parte de su alianza previa con RedOne para llevar la música a un terreno más teatral y oscuro. Gaga la escribe durante la gira de ‘The Fame’, inspirándose en las relaciones románticas «poco saludables» que mantiene durante esa época, y en la música electrónica que escucha en sus viajes por Europa del Este, que también influye en el sonido de la canción.
Presentada en primicia durante un medley al piano en Saturday Night Live, semanas antes de su lanzamiento, ‘Bad Romance’ es una gran oda al amor, pero con el enfoque invertido: el amor es «malo», feo, enfermizo, macabro. Gaga reivindica así su voluntad de amar hasta las últimas consecuencias, aceptando el lado oscuro de la persona: «I want your ugly, I want your disease / I want your everything as long as it’s free», rima la artista. Gaga canta en un registro perverso, recordando por momentos a Marilyn Manson en la forma en que alarga la frase «I want your looove» en las estrofas.
Pero ningún elemento de ‘Bad Romance’ es más icónico que su melódico, coreable y grandioso estribillo de «oh, oh, ohs», además del recurso onomatopéyico de «ga ga ra ma ma» que construye otro gancho inolvidable y que después ella misma retomará en ‘Abracadabra’. ‘Bad Romance’ condensa todos los elementos que convierten a Lady Gaga en Lady Gaga, incluido ese puente que evoca los cánticos de los desfiles de voguing: «Walk, walk, fashion, baby / Work it, move that bitch, crazy». Muchos nos hacemos fans justamente aquí.
Por si fuera poco el delirio febril de la progresión de ‘Bad Romance’ y su bombástica producción, no exenta de detalles, el videoclip termina de forjar el fenómeno, inaugurando una nueva era para los videoclips largos y de alto presupuesto solo comparable a la época dorada de MTV. Ya habíamos visto de qué era capaz Gaga en el clip de ‘Paparazzi’, pero el futurista vídeo de ‘Bad Romance’, con vestimentas imposibles, coreografías hipnóticas y un secuestro a manos de la mafia rusa, escapaba ya a toda imaginación. Jordi Bardají.
‘Poker Face’ es el comienzo de muchas cosas. Es el primer signature song de Lady Gaga (porque después habrá otros). Es su primer videoclip de alto presupuesto, en el que nace realmente Lady Gaga, la superestrella. Y es también el tema que confirma su propuesta como artista visual, aquella capaz de dar una rueda de prensa con la cara completamente cubierta por una máscara. Nos sorprenderá, pero no nos parecerá raro. Empezaremos a entender el personaje.
Nunca olvidaré la observación que hizo Alejandro Sanz -of all people- sobre Lady Gaga, cuando aseguró que no apreciaba el vanguardismo de sus estilismos en ninguna de sus canciones. Saco el tema porque, visto con el tiempo, hoy es tan imposible no darle la razón a Sanz como no reconocer que Lady Gaga ya estaba lanzando clásicos colosales del pop, aunque fuera demasiado pronto para saberlo.
‘Poker Face’ era otra producción de RedOne llena de tartamudeos, pero esta vez sofisticaba la propuesta de ‘Just Dance’, oscureciendo el tono, refinando los sintetizadores e incluyendo un gancho vocal irresistible inspirado en ‘Ma Baker’ (1977) de Boney M. Si ‘Just Dance’ era pop-dance con un punto trash, ‘Poker Face’ era pop-dance con un punto electro, allanando el camino para el feísmo de ‘Bad Romance’, pero sin llegar aún a lo macabro.
‘Poker Face’ es inusual en la discografía de Gaga por su interpolación de un viejo hit, pero también es muy representativa de los pegadizos temas que escribía en esta época, cuando no se complicaba tanto la vida. Contándonos una historia de amor y sexo inspirada en su bisexualidad, Gaga se apropiaba de la expresión «Poker Face» de la misma manera que la palabra «Umbrella» pasaría a pertenecer a Rihanna, unos años atrás. Jordi Bardají
‘Telephone’ mola tanto que 16 años después todavía estamos suplicando una secuela, sugerida al final de su vídeo, 1000 veces rumoreada, que mole tan sólo una décima parte que la primera, o solo un poquito más que ‘Video Phone’. Lady Gaga hizo lo que hacen las personas listas cuando ganan algo de dinero: invertir en crecer. En la cima de las listas dada la aceptación de ‘Poker Face’ o ‘Bad Romance’, la artista se embarcó en una superproducción videográfica de la mano del reputado director Jonas Åkerlund.
‘Telephone’ es un hilarante corto de casi 10 minutos, de temática carcelaria, posterior a ‘Prison Break’, pero anterior al feminismo, la sororidad y el rollo bollo de ‘Orange Is the New Black’. Tarantino, en concreto ‘Pulp Fiction’ y ‘Kill Bill’, es el espejo en el que se mira, sumando la marca de la casa: vestuarios imposibles, algunas de las mejores coreografías que Gaga haya hecho, humor («te dije que no tenía pene», los créditos programados a toda velocidad) y una aparición estelar a cargo de Beyoncé como conductora a la salida de prisión, que forma parte de la historia del pop desde el momento en que salió. El vídeo es una secuela de ‘Paparazzi’, donde Gaga envenenaba a su pareja por intentar asesinarla, por lo que esta otra «road movie» que se abre ofrece esperanza para las mujeres, en contrapunto al desenlace de ‘Thelma y Louise’.
Además de un gran vídeo, ‘Telephone’ es ni más ni menos que la producción más sofisticada e imaginativa que jamás haya publicado Lady Gaga, compartida con Rodney Jerkins, gracias por ejemplo a ese momento en que un teléfono colgado hace las veces de percusión.
Gaga escribió el tema para ‘Circus’ de Britney Spears, pero esta lo rechazó. El tema va sobre el miedo a dejar de pasárselo bien, ya que había dejado de ir a discotecas, como probaba el hecho de que «no hubiera imágenes suyas en clubs borracha». También sobre el «teléfono» como metáfora de la llamada de la creación. Gaga ha contado que tiene una relación difícil con ‘Telephone’ por ese motivo, no porque le parezca mala, sino más bien por lo que le costó escribirla. «Deja de llamar, ya no quiero pensar, he dejado mi cabeza y mi corazón en la pista de baile». Sebas E. Alonso.
Como sucede con muchas canciones icónicas, ‘Just Dance’ fue escrita en tan solo 10 minutos entre Lady Gaga y su productor RedOne. El día que la grabaron, su primera vez en un estudio de Hollywood de esa magnitud, la cantante tenía un resacón horrible. Lo que ella no sabía (o quizá en el fondo sí) es que estaba a punto de cambiar el curso de la música pop contemporánea. Y si esto puede sonar demasiado hiperbólico, realmente no lo es tanto.
‘Just Dance’ fue su primera canción. Un absoluto hit que, aunque no de manera inmediata, pues pasaron 5 meses hasta que llegó al número 1 en Billboard, invadió las radios (y las televisiones) de medio mundo con una autoridad pasmosa. Y llegó en un momento perfecto para propiciar ese éxito. Recordemos que era 2008 y el mundo atravesaba una crisis económica devastadora. Una canción sobre soltarse la melena, que invitaba a dejar los problemas a un lado y disfrutar sin importar nada más, era lo que muchísima gente necesitaba.
¿De dónde había salido esta tía y por qué estaba en todas partes? La respuesta, en realidad, era bien sencilla. ‘Just Dance’ hablaba por sí sola. Desde el primer segundo, esos enormes sintetizadores futuristas te transportan a la pista de baile a la velocidad del rayo. Y casi sin querer, abrían paso una nueva era para la música pop.
Gaga narra una noche ebria en la que, con la vista nublada, la camiseta del revés y sin acordarse de nada, decide que solo le queda bailar a ver si quema lo que sea que se haya tomado. Y lo hace con un poderío vocal que te vende confusión, diversión y picardía como nadie. Además, invita a Colby O’Donis a unirse a ella ¡y le sale bien! Podríamos culparla de iniciar esa insoportable moda de raperos colándose en canciones de divas pop donde no pintaban nada que tuvimos que aguantar los años posteriores, pero no se puede negar que aquí el contraste de voces y el cambio melódico que aporta el artista neoyorkino le sienta de lujo a la producción. Por último, añade el puente, que es puramente Gaga con esos “half psychotic, sick, hypnotic” para culminar por todo lo alto un electropop épico que cambió la vida de la artista, y también la nuestra. Fernando García
Hubo quien intentó acusar a Lady Gaga de “recalentar sus nachos” -lo que en lenguaje offline significa repetirse- cuando lanzó ‘Abracadabra’, el tercer single de ‘MAYHEM’ que parece el primero en realidad. Ella respondió que los nachos eran suyos y que podía hacer lo que le diera la gana con ellos, faltaría más. Pero más allá de ese aburrido debate, lo que quedó claro desde el principio al oír ‘Abracadabra’ es que, con microondas o sin él, los nachos estaban tan crujientes como el primer día. Porque sí, es inevitable pensar en la Gaga vintage cuando uno escucha esos “Abra oo nana, morta oo gaga”, o lo que sea que esté diciendo, pero a la vez, ¿cuándo fue la última vez que una canción suya nos hizo vibrar tantísimo colectivamente?
El tema fue un exitazo, de esos que a la artista hacía tiempo que no le llegaban en solitario. Y qué merecido. Nadie en su sano juicio se quedaría ni quieto ni callado si suena en una discoteca, pues como bien indica el título de la canción y parte de su letra, te hipnotiza como un hechizo. Nocturna y triunfal, ‘Abracadabra’ utiliza todo lo cosechado durante años de carrera para erigirse como uno de los mejores ejemplos del talento de Lady Gaga para hacer música pop hedonista, divertida, emocionante y hasta un poco boba (en el mejor sentido de la palabra). Porque estaremos todos de acuerdo en que «feel the beat under your feet» no es la rima más imaginativa del mundo, pero aquí no suena manida, suena eufórica y urgente. Nadie más podría firmar una canción como esta y que le saliera tan bien. Fernando García.
Lady Gaga tuvo mucha suerte con que sus tres exnovios latinos justamente tuvieran nombres que rimaban: Alejandro, Fernando, Roberto. ¡Qué casualidad! De la gorra se sacó Gaga su “chico latino” particular, solo que ella rechazaba el corazón de todos ellos, convertida en una monstrua incapaz de amar.
Curiosamente, lo más latino de ‘Alejandro’, aparte de los nombres de los chicos mencionados en la letra, y una alusión a México, son las frases que Gaga recita en una especie de español soviético. La melodía de cuerdas inicial recrea una composición en realidad húngara, ‘Csárdás’ de Vittorio Monti, y después la composición y producción de aires synth-pop y europop toman ideas prestadas de Ace of Base y de ‘Fernando’ de ABBA, resultando en una pieza de Gaga y RedOne totalmente “sota, caballo y rey”, pero efectiva.
La idea funciona y ‘Alejandro’ se convierte en otro single icónico del reinado pop de Lady Gaga, persiguiendo a todos los «Alejandros» del mundo durante un breve tiempo. Su videoclip, lleno de imaginería católica, fetish y antifascista, adelanta la oscuridad que definirá la era siguiente.
Aunque Interscope planeaba lanzar ‘Dance in the Dark’ como tercer single de ‘The Fame Monster’, Gaga batalló por ‘Alejandro’ y venció, y en 2017 la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) le dio la razón al elegir ‘Alejandro’ como una de las canciones más pegadizas del mundo. Jordi Bardají
‘Paparazzi’ fue el quinto single de ‘The Fame’. Quizás fuera un tanto raro que la tercera mejor canción de ‘The Fame’ tardara tanto en aparecer… o no tanto: porque lo hizo en el momento idóneo. Se convirtió así en la puerta de entrada al exitazo definitivo que supuso la publicación de ‘Bad Romance’ y ‘The Fame Monster’.
No sé hasta qué punto Gaga era consciente, cuando editó ‘The Fame’, de toda la ídem que se le venía encima. Pero es sorprendente que una de las primeras canciones que compuso fuera sobre asedio mediático, como entreviendo ya el reverso tenebroso de esa fama que tanto ansiaba antes aun de conseguirla. Aunque aquí usa el acoso al que los paparazzi someten a las celebridades como metáfora del acoso obsesivo al que se somete a la persona deseada. Gaga es a la vez acosada (como celebridad) y acosadora (como amante). Otra muestra más de lo que le gustaban las canciones sobre relaciones sórdidas y no muy sanas.
Una vez más, Gaga recurre al electro ochentero, con leves reminiscencias a los primeros Depeche Mode e incluso a Hot Chip. Su voz suena particularmente dulce y juvenil, casi inocente, especialmente cuando acomete el estribillo, “I’m your biggest fan, I’ll follow you until you love me, papa-paparazzi”. Uno de los mejores de su carrera, que brilla especialmente tras las estrofas, oscuras y un tanto marciales. Hay en ‘Paparazzi’ una cierta ternura sonora, que contrasta con la chunguez de lo que canta.
‘Paparazzi’ también marca el momento en que Gaga abraza del todo la estética desbordante que va a ser su marca de fábrica. Su vídeo, la primera colaboración con Jonas Åkerlund, es un muestrario de las constantes con las que asociamos a la Gaga imperial: vídeos carísimos y rocambolescos, salpicados de humor negro, feísmo, alteraciones físicas, asesinatos y vestuarios delirantes. La vemos, entre otros, envuelta en brillante armadura, cual robot de ‘Metropolis’ en silla de ruedas. O como la gemela malvada y amarilla de Minnie Mouse, en busca de venganza ante un novio interpretado por Alexander Skarsgård. Un “más es más” que alcanzaría el delirio en las siguientes entregas. Mireia Pería.
El gran himno LGBTQ+ de Lady Gaga es este ‘Born This Way’ que titula su segundo álbum y que es político en varias capas. Gaga reconoce que es su «canción de libertad», vinculándola a la historia de las canciones por los derechos civiles, y la escribe inspirándose en ‘I Was Born This Way’, una canción de Carl Bean, un pastor homosexual, de 1977. La letra es explícita: «Soy hermosa a mi manera, porque Dios me hizo así». Gais, lesbianas, personas trans y minorías raciales (en la controvertida frase «chola or orient made») son interpelados en el puente, construyendo un himno de amor universal.
La frase «My mama told me when I was young / “We are all born superstars”» introduce una canción inmediatamente histórica y que probablemente pretende serlo también, en todo su poderío, y cuyo (vago) parecido a ‘Express Yourself’, de Madonna, desata una rivalidad entre fandoms que alcanza el delirio absoluto. Mientras Gaga asegura que ‘Born This Way’ está inspirada, en realidad, en Whitney Houston, Madonna insinúa su desdén hacia la canción en una entrevista, calificándola de «reductive» y, después, fusionándola con ‘Express Yourself’ en sus propios conciertos.
‘Born This Way’ por supuesto arrasa, alcanzando el número 1 en 25 países y siendo el 7º mayor éxito de 2011, pero también resulta tan polarizante que inaugura la sección «Veredicto» de JENESAISPOP, que continúa hasta hoy. Entonces, las virtudes de la canción (su memorable melodía, su épica composición) son tan evidentes como sus defectos, entre los que cabe señalar el sonido ruidoso y recargado de la producción. Nos costará entender que Lady Gaga nunca será fina y aprenderemos a amarla por ser ella misma.
El videoclip de ‘Born This Way’, dirigido por Nick Knight ,es uno de los últimos grandes eventos de la era YouTube, evocando los grandes lanzamientos de Michael Jackson y Madonna en la época de mayor fiebre de MTV. Rick Genest, el hombre tatuado que aparece junto a Gaga en el clip, murió en 2018 a los 32 años, y Gaga le rindió homenaje en ‘Mayhem’ en la canción que lleva su apodo: ‘Zombie Boy’. Jordi Bardají.
Lady Gaga es una pecadora de la pradera y en ‘Judas’ condensa su tendencia al pecado, representada en su amor al traidor de traidores. “I’m just a holy fool, oh baby, it’s so cruel” resulta un estribillo con altura de himno, en esta canción compuesta por al menos tres hooks muy identificativos que vuelven a recurrir a sus trucos habituales, sobre todo ese post-estribillo lleno de “oh oh ohs” que recuerda demasiado a ‘Bad Romance’.
Puede que el estilo de ‘Judas’ empezara a provocar algo de fatiga ya en el público, pues el segundo single de ‘Born this Way’ quedó lejos de igualar el éxito del primero y de los anteriores, aunque aun así fue un éxito internacional. Pero, en 2011, la saturación de Gaga alcanza su punto máximo, y ‘Judas’, en principio, sonaba reiterativa, repetitiva en su uso del simbolismo religioso.
El eurodance guarro de RedOne nunca sonó adelantado a su tiempo, pero la contundencia de la producción le ha sentado bien a ‘Judas’ con el paso de los años. Hoy por hoy, la canción supera con holgura las reproducciones de ‘Born this Way’, y el lead single del álbum ni siquiera figura ya entre sus 10 canciones más escuchadas en Spotify. ‘Judas’, en cambio, ocupa el quinto puesto y supera los mil millones de reproducciones gracias a su viralidad en TikTok.
Esto quiere decir que Gaga parecía tener razón cuando, en el puente de ‘Judas’, dando voz a María Magdalena, afirmaba hablar el idioma del futuro, y sugería a quien no le gustara que se pusiera un «condón en los oídos». El videoclip, otra locura de la Gaga imperial, está coprotagonizado por el actor Norman Reedus, conocido por su papel en ‘The Walking Dead’. Jordi Bardají
En una imagen del vídeo de ‘911’, un personaje se da de cabezazos contra el suelo. No es Lady Gaga, pero sí es Lady Gaga, pues estamos ante una de sus canciones más confesionales, la que mejor recoge los problemas mentales que ha atravesado la cantante.
La letra es explícita hasta lo doloroso: «sigo repitiendo frases de autodesprecio», «mi estado de ánimo se está volviendo maníaco», «mi mayor enemigo soy yo, llama al 112». Pero también hay lugar para el optimismo: el personaje que en el vídeo se daña a sí mismo, usa un cojín para contener el impacto.
El cojín de la artista han sido los antipsicóticos. En una entrevista con Oprah en 2019, aseguró que le habían «salvado la vida»: «Al principio no comprendía lo que me ocurría, todo mi cuerpo se entumeció. Me sentía disociada. Gritaba y el psiquiatra de emergencias me calmó y me dio olanzapina. Me ayudó a mí, a mi pareja y a mis amigos. Me salvó la vida».
Y eso se refleja también en la letra de ‘911’, que decide plantar cara a las vicisitudes: «ya he escuchado suficientes voces, casi como si no tuviera otra opción». O mejor: «intento estar en lugares hermosos, el paraíso está en mis manos».
Mientras el vídeo está inspirado en la película soviética de 1969 ‘El color de la granada’, la canción es una producción robótica, perfecta para ‘Chromatica’ e ideada junto a Justin Tranter, BloodPop y Madeon. Este último explicó que cambió la melodía del estribillo muy ligeramente y añadió un «breakdown», pero que el espíritu de la canción es el mismo de la demo. Una canción esencial para entender a Lady Gaga, al margen de los números, por otro lado elevada por su situación tras el Interludio II de ‘Chromatica’ en el tracklist, lo que generó todo tipo de memes. Sebas E. Alonso.
