Con esta canción abre Lady Gaga su disco más reivindicativo y comprometido con el colectivo LGBTQ+. Abrazar la oscuridad, empezar a aceptarse y aprender a disfrutar. Desmelenarse, quererse, vivir sin miedo. Romper con lo que no te gusta y atreverte a dar el paso a hacer lo que quieres hacer.
Es todo a lo que nos invita ‘Marry the Night’, y no necesita demasiado tiempo para transmitir la euforia de sentirse pleno por primera vez en mucho tiempo en el propio cuerpo. La cantante la escribió en un momento en el que sentía que no encajaba en Hollywood y quería volver a Nueva York y hacer música allí. Así, también puede leerse como una oda a esa ciudad y su vibrante vida nocturna.
Gaga sabía de la importancia de este tema y, pese a ser lanzado como quinto single, no se ahorró absolutamente nada en la producción del videoclip, uno de los más ambiciosos que se recuerdan. Casi 14 minutos de fantasía little monster en los que la artista interpreta a múltiples personajes, desde una interna en un hospital psiquiátrico a una bailarina de ballet, y que no hacen más que añadir más épica a una canción que ya de por sí es un auténtico subidón de adrenalina.
Quizá aquí no encontramos en lo musical a la Gaga más atrevida, pero sí a una artista plenamente consciente de sus virtudes y su valor, que es capaz de convertir una letra que podría resultar trillada en todo un himno de autoaceptación ante el que es imposible no caer rendido. ‘Marry The Night’ es una catarsis de perfección pop al alcance de pocas estrellas. Fernando García.
‘The Fame’ es un debut tan cohesivo y generoso en éxitos que a día de hoy es complicado recordar cuál fue su tercer sencillo y cuál el quinto. ‘LoveGame’, el tercero en unos territorios, y el cuarto en otros, quedó algo eclipsado porque ‘Just Dance’ y ‘Poker Face’ seguían sonando, y después por toda la imaginería que rodearía a ‘Paparazzi’. Pero sigue siendo una de las 20 canciones más escuchadas de Gaga y una de las que cimentaría el sonido de Kesha.
Compuesta evidentemente junto a RedOne, de cuyo electropop tirando a sucio va bien empapada, ‘LoveGame’ tiene su mayor baza en su carácter sexual. Con frases como «got my ass squeezed by sexy Cupid» y sobre todo esa referencia al «disco stick» que ella misma reconocería que se refiere a un pene, solo podía tener un vídeo sensual que terminaría prohibido en algunas televisiones. «Es una de mis metáforas muy meditadas. Estaba en un club, tuve un crush muy sexual con alguien y le dije eso mismo: «quiero montarme en tu palo de discoteca». Cuando actúo en directo, llevo un palo de verdad, es como una herramienta gigante de placer y caramelo, que se ilumina», declaraba con guasa la artista.
Inspirado en algunas secuencias en ‘Bad’, pues Michael Jackson siempre fue un referente estético para Lady Gaga, y exhibiendo en qué consistía aquello de «Haus of Gaga», en este caso apelando al «nazi chic», el vídeo de ‘Lovegame’ es puro sabor dos milero bajo los mandos del imprescindible Joseph Kahn.
Menos recordable es la remezcla de ‘Lovegame’ que hizo Marilyn Manson, incluso con algunas voces de este, aunque termina de probar que el universo de los dos no estaba tan alejado. Sebas E. Alonso.
No se habría entendido el concepto de ‘Mayhem’ si ‘Abracadabra’ hubiera sido el primer single, y por eso ‘Disease’ funciona como “lead” y como apertura del proyecto. Aunque luego en el disco se impondrán las guitarras e incluso cierto poso funky y disco en los ritmos, las producciones trabajadas con nombres como Andrew Watt, Cirkut y Gesaffelstein exploran texturas industriales que ‘Disease’ introduce a lo bestia, llegando al mundo como una apisonadora.
No hablo de éxito comercial, claro, ya que ‘Abracadabra’ se merienda la promoción del álbum, pero ‘Disease’ aún enriquece el mito de Gaga, llevando el sonido sintético de ‘Born This Way’ a un presente más oscuro. Conocidos han sido los problemas de salud de Gaga, físicos y psicológicos, y ‘Disease’ enfrenta ese gigante monstruoso -la “enfermedad”- con amor y synth-pop siniestro.
‘Disease’ no pide permiso para ser una composición chillona, gritona, con Gaga en su faceta más cazallera, y aunque las metáforas de “veneno”, “antídoto” o del “doctor que cura la enfermedad” no son las más imaginativas, ‘Disease’ ofrece drama, épica, ingeniería pop (esos “ah ah” de las estrofas) y breves dosis de asco estilizado, representado en una arcada que probablemente inspira una canción posterior de MØ. Jordi Bardají
Una colaboración entre Lady Gaga y Elton John parecía prometer un baladón o algo similar que hiciera que ambos lucieran sus voces y entregaran un momento tierno y sentimental. La influencia de las «piano ballads» de los 70 en la artista es evidente. Lo que era difícil de imaginar era que ‘Sine From Above’ fuera a ser el «banger» de estratosféricas proporciones que es.
El viaje comienza con un tono misterioso y cinematográfico. “Cuando era pequeña, rezaba por un rayo”, canta Gaga mientras su voz se rodea de una percusión intermitente. Pronto aterriza el beat y suben las pulsaciones. Y de aquí para arriba. La producción se vuelve épica, con un crescendo que no culmina en el estribillo, sino que explota en un pasaje eurodance tan imprevisible como perfectamente integrado.
Justo después llega el gran verso de Elton John aportando una buena dosis de su característica teatralidad («cuando era joven, me sentía inmortal») y demostrando además, que su química con Gaga es eléctrica. Un no parar de sorpresas. Una marcianada que sobre el papel no debería funcionar y, sin embargo, es uno de los arrebatos de genio más impepinables del universo Chromatica. Por si fuera poco, la artista termina incorporando una frenética coda drum and bass que ojalá no terminase nunca. Fernando García.
La obsesión de Lady Gaga con la fama, influenciada por la cultura de los tabloides, es generacional, y su figura sirve de puente entre el final de la era de los blogs y la explosión de las redes sociales. Hoy no sé si alguien como Chappell Roan citaría en una canción el romance entre John F. Kennedy y Marilyn Monroe. En 2011, esa historia inspira ‘Government Hooker’.
Por supuesto, Gaga se la lleva a su terreno, utilizando la figura de Marilyn para transmitir un mensaje de poderío sexual, situándose entre la provocación (“puedo ser todo lo que quieras, siempre y cuando sea tu puta”), la vulnerabilidad (“voy a tragarme mis lágrimas esta noche”) y el humor absurdo (“ay, mi papito”, “iku iku”).
Gaga elige un registro robótico, casi de juguete sexual, para disparar (con perdón) una producción tecno, gélida e industrial que también explora la fluidez de género (“puedo ser chica, a menos que quieras que sea chico”) y que, no en vano, se estrena en un desfile. La voz masculina que jalea en la canción es la de Pete, el guardaespaldas de Gaga en la época, aunque la frase que resume la historia es de ella: “Put your hands on me, JF Kennedy”. Jordi Bardají
En principio, ‘The Fame’ se va a reeditar con tan solo tres cortes nuevos, pero Lady Gaga acaba componiendo un minidisco paralelo, convencida de que las simples reediciones distorsionan el concepto de la obra original. ‘Monster’ es la primera canción que escribe para la reedición y la que inspira la temática de ‘The Fame Monster’: si el primer disco explora el lado bueno de la fama, el segundo se centra en el lado oscuro.
A Gaga le influye la convergencia de “muerte y sexo” que observa en el cine de terror clásico, y ‘Monster’ plasma con claridad su atracción por un “chico malo” que se “come su corazón”, como un zombi en busca de proteína. A la artista le inspira el “miedo a amar algo que no es bueno para ti”. Como la fama.
Valiéndose de los trucos compositivos que construyen la marca Gaga desde el inicio de su carrera -como el tarareo “he ate-ate-ate my heart” o la autorreferencia (en este caso, a ‘Just Dance’ y a sí misma)-, ‘Monster’ es una pequeña cápsula del pop de 2009 que, con sintetizadores electro, melodía chicle y autotune, cristaliza la unión de Gaga y RedOne en esta etapa, antes del monstruo con ruedas que vendría después.
La era ‘ARTPOP’ estuvo marcada por una gestión cuestionable de su promoción, culminando en la cancelación del lanzamiento del videoclip de ‘Do What U Want’, el accidentado segundo sencillo oficial. Esto significó que pasaran siete meses hasta que Gaga pudo promocionar ‘ARTPOP’ con un segundo videoclip, sucediendo al de ‘Applause’.
La propia Gaga dirigió el clip de ‘G.U.Y.’, que, a pesar de su ambiciosa narrativa y elevado coste de producción, resulta excesivo y caótico. Sin embargo, ‘G.U.Y.’ era uno de los sencillos claros de ‘ARTPOP’ y también uno de sus cortes más interesantes en lo conceptual.
La canción explora las dinámicas de poder en la sexualidad, con Gaga afirmando que es «power bottom» y que esto no contradice su feminismo. Las siglas «G.U.Y.» se leen como «tío» en inglés, pero también deletrean «Girl Under You», un juego que refleja la disolución de las jerarquías tradicionales de poder. Gaga explicaba que, en este contexto, ser sumisa puede ser empoderador: «Cuando estás cómoda siendo sumisa, es porque sabes que eres lo suficientemente fuerte y que no necesitas estar arriba para saber que lo vales».
‘G.U.Y.’ explora esa dinámica en composición y producción, pasando de estrofas fuertes y casi desafiantes a un estribillo que rompe con la expectativa de explosión típica del pop, ya que resulta inesperadamente contenido. Gaga produjo la canción junto a Zedd, cuyo sonido EDM era popular en la época, aunque bajo la dirección de Gaga logra amoldarse a su visión pop y femenina.
«No nos equivocamos lo más mínimo cuando asegurábamos, hace casi 10 años, que ‘Million Reasons’ parecía el gran clásico de la era ‘Joanne’. Un disco raruno, fallido, que queda como una suerte de anomalía clasicista en su carrera y que poco después cerraría -de forma más brillante y rotunda- con la BSO de ‘A Star Is Born’. Pero en él refulge este baladón que no puedo evitar conectar con la propia ‘Shallow’, si bien el tratamiento de la producción es más comedido, menos épico, que en el tema estrella de la película de idéntico título.
Su preciosa melodía resulta arrebatadora desde el primer momento, y la artista neoyorquina la acomete con delicadeza, sin excesos ni subidas de octavas impostadas. Germanotta, aunque exhibe su conocida potencia vocal, se somete a ella y no necesita más para embelesar. El clasicismo country de Hillary Lindsey, su co-autora, se percibe de manera muy clara y, aunque la canción va creciendo con la incorporación tenue de piano, guitarras eléctricas, violines y percusiones, el desarrollo del tema es comedido y delicado incluso tras ese puente, después del cual ‘Million Reasons’ se desvanece levemente, como una pluma que cae.
Incluso su letra, que lamenta el sometimiento a la figura masculina -y no solo al de una pareja, sino también a padres o hermanos- que lleva a muchas mujeres a permanecer a su lado por una única razón a pesar de haber «un millón» de ellas para salir corriendo, goza de una atemporalidad deliciosa, que bien podrían haber interpretado Dolly Parton o Mary Margaret O’Hara». Raúl Guillén.
Que ‘Chromatica’ es uno de los discos mejor cerrados de Lady Gaga es algo que prueba que los «featurings» estén tan bien integrados, al servicio de la canción y de la secuencia del disco de Gaga, y no al revés. Aquí no hay Bruno Mars (o Bradley Cooper) que valga.
Es un acierto contar con la colaboración de BLACKPINK, muy simbólica, pues el k-pop está siendo una parte innegable del ADN de la nueva década abierta en 2020, en este caso en un tema de «vibe» noventero. ‘Sour Candy’ tiene un beat primo hermano de ‘Show Me Love’, en verdad sacado de ‘What They Say’ de Maya Jane Coles, solo que retorcido. Se estanca en un momento adrede, dando con uno de los compases más identificables de la elegante producción de BloodPop.
Pese a no promocionarse como debía, ‘Sour Candy’ sumó otro top 20 en UK y otro top 40 en USA, hablando de alguien que parece «ácida» (o «amarga» o «dura») por fuera, pero es dulce por dentro: como las gominolas que inspiran el nombre de la canción. «Desenvuélveme», sugiere la letra. Shygirl y Mura Masa trabajarían en un remix incluido en el interesante ‘Dawn of Chromatica’, en el que también aparecían Charli XCX y Arca, entre muchos otros. Sebas E. Alonso.
El germen de ‘Mayhem’ es ‘Bloody Mary’. Otrora canción de culto de Lady Gaga, pues no se editó como single durante la era ‘Born this Way’ (2011), ‘Bloody Mary’ se convirtió en un éxito tardío para Gaga durante la Navidad de 2022 a 2023 tras su repercusión viral en TikTok. Esto sucedió cuando alguien decidió vincular una versión “sped-up” de ‘Bloody Mary’ con una escena de Jenna Ortega en ‘Miércoles’ bailando (en la escena original sonaba una canción de los Cramps). El viral se tradujo en escuchas, y las escuchas, en el lanzamiento oficial del sexto single de ‘Born this Way’, 11 años después.
‘Miércoles’ contó con Tim Burton en la producción ejecutiva y, durante la era ‘Mayhem’, Gaga cerrará el círculo trabajando con Burton en el vídeo de ‘Dead Dance’ y haciendo un cameo en la segunda temporada de la serie. Que ‘Bloody Mary’ ejerza como tema de apertura del Mayhem Ball Tour simboliza que la historia de ‘Mayhem’ empieza en esta canción.
Pero ‘Bloody Mary’ ya era una estupenda canción antes de hacerse viral. Fusionando synth-pop, drama y cantos gregorianos, ‘Bloody Mary’ profundiza en la imaginería católica que Gaga ya había trabajado en ‘Alejandro’ y ‘Judas’ para construir una historia de amor atormentado inspirada en la figura de María Magdalena, a quien la cantante define como la “novia de la estrella del rock definitiva». “No lloraré por ti, no crucificaré las cosas que tú hagas” ya era un estribillo icónico antes de que la canción sumara 400 millones de streamings de forma -se puede decir- milagrosa. Jordi Bardají
