‘Los canallas’: asomarse al abismo con Tindersticks

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‘Los canallas’: asomarse al abismo con Tindersticks

canallasClaire Denis suele bromear con su nombre cuando la acusan de ser demasiado críptica. «No quiero ser confusa, quiero ser clara. Me llamo Claire». Y es que el problema no está en sus películas, en su forma elíptica de narrar, sino en confundir claridad con linealidad, comprensión con subrayado, legible con explícito. Como en las películas de Lynch o las del primer Atom Egoyan, en el cine de la directora francesa (‘Trouble Every Day’, ‘Una mujer en África’) no hay nada más claro que la oscuridad. Un ejemplo perfecto es su última película. ‘Los canallas’, cuanto más oscura (el principio), más brilla; cuanto más clara (el explícito final), más se apaga.

‘Los canallas’ (que en francés suena más fuerte: “les salauds”, los bastardos, los cabrones, los hijos de puta) es un thriller de escritura borrosa, atmósfera turbia y contenido enigmático. Un suicidio, una mujer desnuda sangrando por la vagina y una llamada de teléfono. A partir de estos tres resortes argumentales, de estas tres potentes secuencias dispuestas a modo de prólogo, se articula un relato con elementos de cine negro clásico (incluso pulp) y formas del más exigente cine de autor.

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La directora utiliza la elipsis, el fuera de campo y la atmosférica y perturbadora música de Tindersticks (en su enésima colaboración con Denis) para narrar, de forma esquiva y en penumbra, una historia de violencia, venganza y poder; para asomarse al abismo, sórdido y tenebroso, de los juegos de dominación, ya sean sexuales o psicológicos.

‘Los canallas’ fascina por lo que sugiere, por lo que deja entrever: un submundo misterioso y corrupto (aterrador Michel Subor) que habita en el subtexto del relato. Conmueve por lo que predecimos, lo que prevemos: la imposibilidad de un amor (magnéticos Vincent Lindon y Chiara Mastroianni). Decepciona por lo que vemos: una resolución que contradice estilísticamente todo lo anterior. Y conmociona por lo inquietante y sombrío de su discurso: la sumisión “voluntaria” de las víctimas al abuso de poder de los canallas. 8.

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