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‘Snowpiercer (Rompenieves)’: distopía entre raíles

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‘Snowpiercer (Rompenieves)’: distopía entre raíles

cartel-snowpiercerNi el origen, ni el destino. Lo que se disfruta de ‘Snowpiercer (Rompenieves)’ es el trayecto. Cuando el director Bong Joon-ho (‘The Host’, ‘Mother’) se pone la gorra de jefe de estación y grita “viajeros al tren”, el viaje que nos espera no parece muy prometedor: la enésima distopía futurista orwelliana donde un “líder natural” encabeza la rebelión de las masas contra un régimen totalitario. ¿Otra vez?

Los lugares por donde vamos a transitar en esta adaptación del cómic ‘Rompenieves’ (Bang Ediciones) son más comunes que los que recorre a diario un tren de cercanías. Pero eso sí, con una diferencia: los vagones se parecen más a los del tren de la bruja o a los de una montaña rusa. La bruja sería una irreconocible (y fantástica) Tilda Swinton. Cuando ésta saca la escoba, el tren coge velocidad y ya no para hasta al final.

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Como en un videojuego, en ‘Snowpiercer (Rompenieves)’ hay que ir pasando pantallas (vagones). Desde el furgón de cola, hay que ir avanzando; abriendo puertas y matando a los malos. Un trayecto plagado de dificultades, que el director resuelve de la mejor manera: excelentes secuencias de acción (la del túnel es extraordinaria), vistosa dirección artística, ingenios tecnológicos (el traductor), una sabia dosificación de los elementos dramáticos y un humor muy, muy negro.

Pero cuando la película va a llegar a su destino, el director decide sacarnos del tren de la bruja y montarnos en el transiberiano. Se acabó la diversión: profundidad impostada, monólogos de un sentimentalismo contraproducente (Chris Evans relatando sus traumas antropófagos), facilonas metáforas sociales y ecológicas, explicaciones poco convincentes y Ed Harris en bata y comiéndose un filete. Solo falta que aparezca Truman… 7.

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