‘El Libro de los Baltimore’: la novela del verano no es un thriller, es un dramón

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‘El Libro de los Baltimore’: la novela del verano no es un thriller, es un dramón

el-libro-de-los-baltimoreHace unos días, en nuestro top de libros veraniegos, comenté que iba a empezar a leerme «el que parece está siendo el thriller del verano». Pues bien, estaba equivocado. La nueva novela de Joël Dicker está siendo el libro del verano, sí, lleva no sé cuantas semanas en el número 1, pero no es un thriller, no es la secuela ni la precuela de la absorbente ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert‘. Comparten protagonista, el escritor y detective ocasional Marcus Goldman, pero no género literario. ‘El Libro de los Baltimore’ es un drama familiar que esconde un pequeño misterio. ¿Thriller melodramático, como he visto escrito por ahí? No, drama familiar.

Dicker pone la vista muy, muy arriba. En Nabokov y Philip Roth, principalmente. A hombros de esos gigantes, el joven escritor suizo elabora un eficaz pero no demasiado enjundioso entramado narrativo a través del cual narra la historia de las dos ramas de la familia Goldman: los de Baltimore y los de Montclair, a quien pertenece Marcus. Una historia de amistad y conflictivas relaciones familiares, estructurada por medio de continuos saltos temporales que dan vueltas y vueltas alrededor de una fecha, el día en que ocurrió un hecho crucial, «el Drama».

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¿Merece la pena tragarse casi quinientas páginas para saber qué pasó ese día, qué ocurrió en el «Drama»? Bueno, como lectura veraniega, quizás sí. Leer ‘El Libro de los Baltimore’ es como zamparte un helado industrial que tenga una forma divertida: te refresca, te hace gracia y estás entretenido un rato mientras lo acabas. Pero no vas a ir a por más. Pasarás las páginas como ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’, sin que te des cuenta. Podrías cazar pokémons al mismo tiempo. Pero no se te quedarán las manos pegadas a ellas. La historia que narra, melodramática y casi folletinesca, no es tan atractiva ni estimulante como la anterior.

Dicker acierta donde siempre, en su admirable capacidad para elaborar una estructura narrativa compleja -más de lo habitual en un best seller- sin que el lector lo note ni se resienta el ritmo, ágil y fluido. Como ya hizo en su anterior best seller, al estar narrada en primera persona, juega constantemente con las expectativas del lector, dosificando la información que el protagonista le va proporcionando.

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El problema es que esto es un drama, no un acertijo. Y como tal, no funciona demasiado bien. La historia está más vista que los pectorales de Cristiano Ronaldo, los diálogos son demasiado funcionales y los personajes siguen estando perfilados con el rodillo con el que acabo de pintar mi casa. Esto hace que sigamos la trama con interés, pero pasemos las páginas sin emoción. Quizá hubiera sido más previsible y facilón, pero yo hubiera preferido un ‘Harry Quebert 2’. 6.

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