‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’: el “vuela-páginas” del verano

Por | 31 Ago 13, 15:28

joeldickerEn el avión, en la playa, en los parques… ¿Qué esta leyendo la gente este verano? Todos los años me fijo y hago un recuento. Aunque el libro electrónico me esté fastidiando esta costumbre, todavía he podido hacer mi particular ranking. Y la novela ganadora es…

No es de extrañar que ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ se haya convertido en el “vuela-páginas” del verano. Cumple dos de los requisitos obligados: prosa ligera y trama atractiva. El estilo del joven suizo Joël Dicker (la novela está escrita en francés) es sencillo y eficaz, perfecto para leer en la playa entre baño y baño, y mientras el “hey hey hey” de Robin Thicke se escucha de fondo quieras o no. Y la trama es seductora: una sugerente intriga criminal, mezclada con historia de amor imposible y juego metaliterario. Una sencillez que, en realidad, es más compleja de lo que aparenta.

El argumento principal es bastante simple, el tópico whodunit con chica asesinada en pueblo pequeño: “¿Quién mató a Laura Pal…, no, a Nola Kellergan?”. Pero partiendo de esa premisa, mientras el autor atrapa nuestro interés con la narración de la investigación criminal, la novela se despliega en otras direcciones (700 páginas dan para mucho).

La más interesante es la que transita por un laberinto de espejos metaficcional. ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ es una novela que habla sobre el proceso de escritura de una novela que a su vez se apoya en otra novela y en su proceso de escritura. Además, cada capítulo está encabezado por consejos sobre la creación literaria. Una especie de manual práctico para escritores bloqueados que incluye irónicas conexiones con la propia estructura de la novela. Pero el juego posmoderno no termina ahí. El éxito de la novela de Dicker, como la de los dos escritores protagonistas, añade una capa más de metaficción: el de la profecía autocumplida.

‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ es también una historia de amor y otra de amistad. El romance “nabokoviano” (bueno, más quisiera) entre un escritor maduro, Harry Quebert, y la quinceañera Nola (NO-LA, su LO-LI-TA particular) es lo peor de la novela. Su relación resulta tan creíble como la de Gina González y Di Stéfano. Una acumulación de tópicos romántico(ne)s que hace que Corin Tellado a su lado parezca Proust. Por el contrario, la relación de amistad, casi paterno-filial, entre los dos escritores funciona muy bien, inyectando a la trama policial una oportuna dosis de emotividad.

Larsson, Nabokov, Philip Roth… Estos son los nombres que han acompañado a la publicidad del libro. ¡Ni de lejos! ¿Philip Roth? ¿Solo porque uno de los personajes trabaje en una fábrica de guantes, como en ‘Pastoral Americana’? La verdad sobre ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ es que es un thriller entretenido, lleno de sorpresas, de ingeniosa estructura y mayor riqueza estilística de lo habitual. Pero nada más. Si empezamos a exagerar sus virtudes también podríamos hacerlo con sus defectos. Por ejemplo, ¿hay algo positivo que decir de la sucesión de giros y falsos culpables en que se convierte la resolución del misterio? 7.

Etiquetas:
  • Miguel

    yo me lo he leido y me ha parecido interesante y el final no es tan predicible como me esperaba, buen giro argumental al final

  • arn

    Yo también me he sumado a la Quebertmanía este verano y lo he disfrutado. Fácil de leer y entretenido pero sin la sensación de estar ante morralla. Sí que hay un momento que los giros argumentales parece que se vayan a ir de las manos, pero al final queda todo bien cerrado, con ganas de dar una segunda lectura y comprobar si todo se aguanta.

  • Tienen que ver este video de adictos a Joel Dicker! http://www.youtube.com/watch?v=U_hbsCerLn4

  • loati

    Comparto el artículo en su totalidad.
    Sobraron páginas y un tanto melodramático y poco creible la relación sentimental. La suposición posterior de la posible promiscuidad de la joven es dificil de creer, es obvio que solo es un recurso para buscar posibles culpables. Pero al final sigue siendo un mal recurso.
    Lo único interesante es que el final no es fácil de predecir. Sin ello sería una pésima novela, que se repite tanto en frases poco originales que uno termina salteando hojas para pasar el trago. Con 300 hojas hubiera bastado. Y bueno como veo en toda la prensa, es una lectura de fin de semana y el escritor te ratonea la cabeza con lo joven, inteligente y atractivo. Un buen vendedor de su producto.

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