‘Bacalao’: la ruta valenciana no era lo que creían tus padres

Por | 30 Dic 16, 23:25

bacalaoContra edita una historia oral sobre el verdadero origen de la mal llamada «ruta del bakalao», que viene para poner en su sitio la riqueza de la cultura musical valenciana antes de que llegase la electrónica más chabacana, el speed, Chimo Bayo y el reportaje ‘Hasta que el cuerpo aguante’ de Canal Plus en 1993 (disponible íntegro en Youtube y sí, es para verlo) para dar una visión distorsionada de lo que había sido la ruta que, además, acabaría con ella. Luis Costa (periodista, DJ y jefe de prensa de Razzmatazz) ha viajado durante un año y medio a Valencia los fines de semana para entrevistar a decenas de protagonistas de clubs tan emblemáticos como Barraca, Spook o Chocolate, tratando de ahondar en lo que fue la música y el sentir durante aquellos años en Valencia y alrededores.

Lo que se encuentra el lector en las primeras dos terceras partes del libro no tiene nada que ver con el tecnazo de mediados de los 90 sino que es una escena cultural rica, variada y apasionante que se mueve desde mediados de los años 70, tras la muerte de Franco. Tangerine Dream tocan en Valencia en 1976 para miles de personas, La Mode ofrecen un concierto multitudinario en 1983 que fue una revolución en la ciudad, Killing Joke actúan en secreto en Chocolate sin que su promotor lo anuncie siquiera, actúan en la ciudad Nico, John Cale o Jonathan Richman -por mencionar tres-, Stone Roses tocan por primera vez en España en Barraca en 1989 solo unos meses después de haber editado su debut, artistas menos conocidos encuentran su hueco en Valencia, como The Essence, Alien Sex Fiend y B-Movie. Una remezcla de Fran Lenaers de Waterboys, Patti Smith y Death in June que no puede encontrarse en la red se convierte en leyenda… Y así durante casi 400 páginas.

‘Bacalao’ -escrito con «c» como guiño a lo que fue el origen del uso de la palabra y como modo de que separemos churras de merinas- es un recorrido apasionante por una parte importante de la historia del país que hasta ahora ha permanecido denostada y casi sin tratar (a duras penas existía un ensayo escrito en valenciano por Joan Oleaque). Un camino por el que descubrir que en la loca ruta de discotecas cuyos horarios se empalmaban hasta sumar todo el fin de semana cabía lo industrial, lo siniestro, el post-punk y el synth-pop de Nina Hagen y Siouxsie, como probablemente te imaginabas, pero también el primer indie (hay buenas muestras de esnobismo en esa división que generaban U2, por no hablar de ese modo de «romper un disco» públicamente de Carlos Simó de Barraca cuando sonaba en Los 40), el jangle pop, la música jamaicana, el sonido Madchester o después, ya sí, los primeros pasos de Underworld y el acid. ¿No es curioso descubrir que la balada ‘Sara’ de Fleetwood Mac podía ser un tema recurrente al que aplicar una base de baile?

El libro cuenta con alguna laguna como la no participación de Chimo Bayo, cuya aportación cultural es más que cuestionada por algunos protagonistas y que al parecer estuvo dando largas durante meses para finalmente declinar, y quizá ofrece por su formato una historia tan romántica de los años 80 valencianos que por momentos pueda parecer hasta algo fantástica. No falta quien quite hierro al asunto, como Miguel Jiménez al final del libro («no hubo ningún colapso, ni antaño fuimos vanguardistas ni punteros en Europa (…) La única particularidad es que Valencia tomó cierta ventaja, unos metros, con respecto al resto de España»).

En cualquier caso, y a diferencia de la historia oral sobre el indie de Nando Cruz, esta sí viene con playlists incorporados sugeridos por los protagonistas y la cantidad de canciones por descubrir o recordar no es de la que nos pasa por delante todos los días. La reivindicación de la verdadera historia de Valencia, cómo todo acabó por la intervención de las autoridades, cómo según Tony El Gitano «en el año 91 y 92 se empezó a meter el rollo Techno Valencia, el Chiquetere y su puta madre y todo lo que empezó a salir era basura, basura y más basura» y cómo los medios terminaron de poner el grito en el cielo como guinda es una historia que había de ser escuchada, pero no menos que verdaderas maravillas de Anne Clark, Imagination, Glamour, El Pecho de Andy… Como híbrido de indie y electrónica, se dice esto en uno de los primeros momentos: «si B-52 hubieran venido a Valencia hubieran llenado un estadio». Qué rabia habérselo perdido. 8,5.

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