‘La alta sociedad’: Juliette Binoche protagoniza la película más loca que verás este año

Por | 21 Abr 17, 23:42

laaltasociedad¿Quién es Bruno Dumont? Teniendo en cuenta que es un director que no apareció por las carteleras españolas hasta 2013, con su ¡séptima película!, se hace imprescindible hacer un breve repaso. Dumont irrumpió en el cine en 1997 con ‘La vida de Jesús’, un incomodísimo y provocativo debut que dejó con el culo del revés a medio Cannes. El impacto fue enorme. Era como si el hijo de Bresson y Pasolini hubiera nacido en el norte de Francia, donde el director rueda casi todas sus películas. Dos años después, el mismo festival, con David Cronenberg como presidente del jurado, se rindió definitivamente al talento del cineasta francés. La brutal ‘La humanidad’ se llevó tres premios. Dos de ellos escocieron mucho a la profesión: mejor actor y actriz para dos intérpretes no profesionales, algo habitual en el director.

Luego Dumont se fue de viaje a Estados Unidos y rodó ‘Twentynine Palms’ (2003), su particular ‘Viaggio in Italia’. Una abstracta road movie, con mucho sexo explícito y final híper violento, que se pudo ver en Sitges y no gustó a casi nadie. De vuelta a Francia, realizó otra de sus películas más aplaudidas: ‘Flandres’ (2006), una durísima cinta bélica con la que volvió a ganar en Cannes y dejó sobrecogida a la Croisette. El estreno de esta película en el festival de Gijón, acompañada de una retrospectiva (y un estupendo libro de Nando Salvá), fue la oportunidad que tuvimos muchos de descubrir a este cineasta. Luego llegó la fascinante ‘Hadewijch’ (2009), que ya reseñamos hace unos años, y la impenetrable ‘Hors Satan’ (2011).

Con esta última (para mi gusto la menos lograda de su filmografía) pareció llegar a un callejón sin salida. Y de él le sacó Juliette Binoche. La actriz francesa hizo casi como Ingrid Bergman con Rossellini: le telefoneó ofreciéndose a trabajar con él, aun sabiendo que no le gustaban los actores profesionales. El resultado fue ‘Camille Claudel 1915’ (2013), la primera película de Dumont ambientada en el pasado y protagonizada por una estrella de cine. La presencia de Binoche facilitó su estreno internacional (incluido España, por fin), y marcó un punto de inflexión en la carrera del director.

En ‘La alta sociedad’ no solo vuelve a situar su película a principios del siglo pasado, en el verano de 1910, sino que ha multiplicado el número de estrellas: Fabrice Luchini, Valeria Bruni Tedeschi, Binoche y la presentación de Raph, una magnética actriz transgénero que seguro dará mucho que hablar (ganó el premio a la mejor actriz en el festival de Sevilla). Todos ellos son miembros del clan Van Peteghem, una excéntrica y endogámica familia de la alta sociedad, que llega a la costa norte de Francia (en eso no ha cambiado el director) para pasar el verano. Dumont construye su película en clave de lucha de clases. Coloca enfrente de esos burgueses interpretados por estrellas del cine francés (convenientemente sobreactuados) a una familia de pescadores encarnados por actores no profesionales (convenientemente hieráticos). De ese encontronazo surgirá el amor… y el humor.

Y es que, además de los actores y la mirada al pasado, ese es otro de los aspectos que destacan en la nueva película de Dumont: su bufonesco sentido del humor. Como ya hiciera en la miniserie de televisión ‘El pequeño Quinquin’, que fue estrenada en salas, el director hace la croqueta como uno de los personajes más divertidos de la película y se lanza playa abajo en busca de la comedia más alocada, excesiva y, a ratos, desconcertante que se pueda imaginar. A partir de un mcguffin policial que parece extraído directamente de la mencionada serie, el director desenrolla una historia donde cabe de todo: el amor interclasista con discurso anti-transfobia, la sátira sociopolítica, las apariciones marianas, las apariciones nudistas, la antropofagia y hasta la aerofagia como gran chiste surrealista de inspiración felliniana. Dumont ha pasado de cineasta de culto festivalero a recibir nueve nominaciones en los últimos Cesar. Y lo ha hecho sin renunciar a su insobornable estilo. 7,5.

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