‘Las chicas del cable’: como ‘Velvet’ pero con teléfonos

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‘Las chicas del cable’: como ‘Velvet’ pero con teléfonos

4694_4f_laschicas_s1_7x5_fin01-1El otro día, en la presentación de la que probablemente será una de las series de este 2017; mi compañera Marina Such comentaba que a Netflix, en Hispanoamérica, ‘Velvet’ les está funcionando como un tiro. Es probablemente ese uno de los motivos por el que la todopoderosa compañía norteamericana ha encargado a Bambú Producciones (‘Gran Reserva’, ‘Gran Hotel’ y la propia ‘Velvet’) la producción de la primera serie española que ve la luz en el gigante de vídeo bajo demanda.

Lo cierto es que, atendiendo a los parecidos razonables, es imposible no mencionar a la exitosa serie de Antena 3 cuando hablamos de esta. Si bien ‘Velvet’ se situaba en el Madrid de los albores del franquismo desarrollista; ‘Las chicas del cable’ lo hace bastantes años antes, en el Madrid de 1928, momento en el que se erigía en la capital el primer rascacielos de España (y uno de los primeros de Europa) para dar cobijo a los trabajadores de la Compañía Telefónica Nacional de España. Dentro, además del personal típico de la empresa, se encontraban las operadoras telefónicas, también conocidas como «chicas del cable», en un país en el que -todavía- el acceso de la mujer al mercado laboral era, por decirlo con un eufemismo gigante, bastante limitado.

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El problema de ‘Las chicas del cable’ pasa forzosamente por su trama, que huele de lejos a oportunidad perdida. Netflix y Bambú podrían haber presentado aquí una historia claramente feminista, que fuera más allá del típico cuento de viejos amores que se reencuentran en situaciones y lugares muy diferentes. En esta serie se podrían haber tratado temas mucho más interesantes de una forma más exhaustiva, presentando tramas con un componente social y demográfico mucho más marcado (la serie se sitúa en los años previos al reconocimiento del sufragio femenino en 1931, y justo antes de que nombres como los de Clara Campoamor, Victoria Kent o Margarita Nelken pasasen para siempre a la historia). Tanto es así que, las partes que podrían ser más reivindicativas (como el discurso de Sara, interpretada por Ana Polvorosa, en uno de los primeros episodios) aparecen trágicamente silenciadas.

Una lástima, porque en todos los demás aspectos la serie de Netflix aprueba con nota. La reproducción de la Gran Vía es absolutamente magnífica, a pesar de ser prácticamente todo efectos especiales. El diseño de producción es fantástico, desde los decorados hasta el vestuario. Las actrices principales (Blanca Suárez, Maggie Civantos, Ana Fernández y Nadia de Santiago) están increíbles. Incluso el eje central de la historia, que llena de glamour una profesión que tiene pinta de que era bastante dura, es bueno. Además, la serie se apoya en algunos hechos históricos, como la primera llamada transoceánica entre Alfonso XIII y Calvin Coolidge como ya lo hiciera otra de las grandes series de Netflix, ‘The Crown’.

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Calificación: 7/10.
Destacamos: tiene muchas opciones de mejorar con el paso de los capítulos. Sin embargo, todo apunta a que el tufillo ‘Velvet’ se queda.
Te gustará si: no puedes esperar a que llegue ‘Velvet Colección’ (otoño-invierno 2017).
Predictor: aunque sea por la curiosidad, fijísimo que triunfa.

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