Tracey Thorn / Record

Por | 02 Mar 18, 0:09

Hace 19 años del último disco de Everything But the Girl, pero es que hace ya 8 del último álbum en solitario de Tracey Thorn. Por supuesto hemos sabido de ella en este tiempo a raíz de su notable disco de villancicos ‘Tinsel and Lights‘ (uno de los pocos que recupero cada Navidad), sus libros, el recopilatorio, la banda sonora, sus artículos… pero ningún disco-disco («¡record!») desde que en 2010 nos reconquistara con ‘Love and Its Opposite‘, un estupendo álbum sobre el divorcio, la crisis de los 40 y el miedo a encontrarte en soledad en un bar a esta edad. No recibimos de Tracey Thorn todas las canciones nuevas que nos gustaría, pero al menos, cada vez que vuelve, los temas y a su vez los enfoques no son los habituales en el mundo del pop.

Y su música sigue siendo pop. Habría cabido esperar que de sus años de retiro musical surgieran canciones más intimistas e introspectivas, como sucede en los lanzamientos de su esposo y compañero en Everything But the Girl, Ben Watt. Tracey Thorn continúa apostando por un pop electrónico solo de vez en cuando bailable, mucho menos opresivo que el de la famosa remezcla de ‘Missing’ que aún suena en hilos musicales y gimnasios o el del estupendo ‘Walking Wounded’. En ese sentido, no hay sorpresa y de hecho se hubiera agradecido que Thorn, tantos años después, hubiera arriesgado con un productor que no fuese de nuevo Ewan Pearson, su persona de confianza de la última década, sin demasiado nuevo que decir.

Por suerte, las melodías están ahí. El primer single ‘Queen’ logra sonar festivo y desinhibido, autoafirmativo y a la vez irónico: es una buena representación del disco que Thorn ha querido hacer, pasando a hablar, tras haberlo hecho de «divorcio y hormonas», de una mujer liberada a la que después de media vida todo «le importa una mierda». El feminismo está muy presente en el segundo sencillo y canción central, una ‘Sister‘ de 8 minutos de duración que escribió después de asistir a las marchas de la mujer del año pasado, tras quedarse prendada de uno de los lemas, «I fight like a girl». ¿Es una vuelta de tuerca a una frase machista? ¿Hay sororidad y hermanamiento con la comunidad gay en el despreciativo «luchas como una nena»? Por supuesto, pero también, como nos contó en una entrevista que publicaremos próximamente, verdades como pianos. «Claro que lucho como una chica, ¡porque soy una chica!».

Los roles de género son los protagonistas de ‘Air’, un tema en la estela de ‘Mirrorball’, en el que Thorn recuerda lo que le afectaba de adolescente no ser la chica «femenina» que los chicos querían, para al final alzarse contra eso y concluir: «ya no me importa». ‘Babies’, entre referencias a condones y DIUs, habla sobre la elección de tener hijos o no tenerlos: de la no obligatoriedad de tener que tener hijos porque sí… pero también del acierto de haberlos tenido, en su caso, en el momento exacto en que ha querido.

Y también encontramos en ‘Record’ otras temáticas, como la gentrificación que está destrozando su adorado Londres y otras grandes ciudades como Nueva York, Barcelona o Madrid, en ‘Smoke’, en la que hace repaso de sus antepasados en la capital británica; o el amor en la era de las redes sociales en ‘Face’, sobre una mujer que se desmorona mirando Facebook al topar con un ex. No todas estas canciones están inspiradas en la vida de Tracey Thorn. La autora toma historias de sus hijos o amigos, frases sueltas o imágenes de la vida cotidiana para realizar interesantes reflexiones que van desde lo más privado (la mención expresa de familiares) a lo que nos interesa a todos: cumplir años, ligar en las redes sociales, pagar el alquiler, el miedo que da Donald Trump.

Tracey Thorn ha logrado hacer otro disco breve y universal, en el que apenas algún número como ‘Go’ está algo por debajo de la media. Y aunque hay mucha vistosidad en los arreglos a lo Daft Punk de ‘Dancefloor’ y el soul-funk de ‘Sister’, ‘Record’, llamado así porque lo que le gusta a Thorn es «grabar», hacer «discos» y no conciertos -de nuevo, no habrá gira-, nos regala también momentos intimistas que se crecen con el tiempo por encima del resto. Los singles bailables están bien, pero con el paso de las semanas, las canciones que hacen pupa son ‘Smoke’ y ‘Face’.

Calificación: 7,7/10
Lo mejor: ‘Face’, ‘Queen’, ‘Smoke’, ‘Sister’
Te gustará si te gustan: el otro pop británico, exquisito pero no tan masivo: Saint Etienne, Prefab Sprout…
Escúchalo: Spotify

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