Cuatro cómics recomendados, de lo políticamente incorrecto a la huida de todo estilo

Por | 25 Nov 18, 8:35

Tommi Musturi / Antología del alma

Tommi Musturi ha renovado el lenguaje con diálogos escasos y dibujos sencillos, logrando conectar con el lector de una audiencia globalizada, sin atarse a un estilo propio. El despliegue estético del autor es irreconocible (salvo contadas ocasiones) y siempre variable, lo que le beneficia en cuanto a internacionalización pero le perjudica en cuanto a fidelización del público, por no marcar un aspecto diferenciador respecto a otros autores. Las numerosas historias que componen ‘Antología del alma’, un trabajo de dos décadas dedicadas a la investigación, afrontan el desafío de huir del arraigo.

Para Musturi, como bien explica en el capítulo titulado ‘La prisión del estilo’, este es el mayor enemigo de todo artista, pues distorsiona la experiencia: su única premisa válida es que el arte sea capaz de conmover y conmoverse. La libertad de estilos, formatos y narraciones puede descolocar por la ausencia de hilo conductor alguno, entre propuestas tan dispares como el alcoholismo, el uso de armas, el automovilismo, la caza de animales o el acoso sexual, pero el conjunto funciona. 8.

Daria Bogdanska / Esclavos del trabajo

El primer trabajo de la polaca Daria Bogdanska nos abre los ojos del mundo laboral en la idealizada Europa del Norte. Tras una estancia en Barcelona decide trasladarse a la ciudad sueca de Malmö, donde quiere emprender una vida que incluye una beca en la escuela de cómic, un trabajo por horas para sobrevivir, y los papeleos administrativos para regularizar su situación aun siendo europea. Como es evidente intuir, no lo tendrá fácil, jugando también en su contra los percances de un par de fracasos sentimentales.

Son innegables las buenas intenciones de Bogdanska por poner sobre la mesa un problema actual que va en aumento -aunque poco dista de los jóvenes de hace sesenta años como comprobamos en ‘Nieve en los bolsillos de Kim‘- y afrontarlo con rebeldía gracias a su afición a la música punk. Las dudas nos las deja el contraste de un dibujo crudo, en blanco y negro, de trazo espontáneo e improvisado, con un relato que, pese a los intentos, poco tiene de optimista aunque pretenda serlo. 7,8. Disponible en Amazon.

Matt Furie / Coleguis

“No es país para cómics de humor” podría ser el titular para anunciar esta recopilación de cuatro entregas entre 2006 y 2011 bajo el nombre de ‘Boy’s Club’, del norteamericano Matt Furie. A tenor de la piel tan fina de las noticias, o lo políticamente correctos que nos hemos vuelto, ‘Coleguis’ no es recomendable para todos los públicos. No lo es por el detalle de bromas que se gastan estos cuatro amigos que comparten su existencia entre drogas, comida basura y videojuegos, de tinte fecal y fluidos corporales en gran parte de los sucesos.

También hay que contar que Matt Furie lo pasó mal con el nefasto uso que se ha hecho de la rana Pepe, uno de los protagonistas de ‘Coleguis’, a raíz de que Donald Trump la twitteara (a la rana Pepe) con tupé platino, desatando la euforia en las filas de la extrema derecha, que se apoderaron del personaje. Su fama en verdad ya se venía gestando mucho antes de que existieran los memes, llamando la atención de Nicki Minaj o Katy Perry. 7,8. Disponible en Amazon.

Marc Bell / Stroppy

No es tarea fácil describir el afán que Stroppy tiene por ganar un concurso musical con premios en metálico. Con el relato de Marc Bell al respecto se respira humor sin llegar a la carcajada, tocando de soslayo por el camino cuestiones como los modelos de trabajo que se imponen, la jerarquía del poder, la corrupción o el neoliberalismo del capital. Elementos que el canadiense utiliza con maestría porque nos introduce en el terreno sin echarnos la habitual serenata que acompaña estas cuestiones sociales, políticas o económicas.

El estilo de Bell conecta nuestra memoria al instante con Robert Crumb y EC Segar. Llaman la atención los personajes secundarios pequeños frente a los principales de mayor tamaño, los colores suaves casi pastel, las formas redondeadas y las viñetas plagadas de detalles minuciosos. Una apuesta que además juega a enmarañar acontecimientos unos con otros en un mismo plano, sin apenas guardar relación, dando un toque surrealista a los devaneos de Stroppy. Un clímax para tomar las cuestiones que trata, en serio… lo justo. 8. Disponible en Amazon.

Send this to a friend