La enfermedad del cine: los Goya, desde dentro

Por | 03 Feb 19, 14:01

“Siento un ritmo todo el tiempo, es una canción lejana que retumba en todas las cosas. Quiero cantarla. Pero no puedo; solo la siento. ¿Puedes tú? Porque a mí me va a reventar por dentro”. Esta frase, uno de los grandes momentos de Najwa en ‘Quién te cantará‘ (mi ganadora moral como Mejor Película, sin desmerecer al resto), tiene un significado muy potente en cuanto a las entrañas de su personaje y del de Eva Llorach. Pero también es una buena descripción de lo que siente alguien que quiere dar vida a una historia que tiene en su cabeza. Quien quiere contar esa historia en una pantalla (sea de cine, de tele o de ordenador, como ha recordado el Presidente de la Academia en su discurso). Quien quiere, en definitiva, compartir una historia que no solo conoce, no solo piensa, no solo ve, sino que siente; la siente ya parte de él/ella. Y, por tanto, más que un deseo, contarla es una necesidad.

Esto puede parecer exagerado, pero quienes lo hayan sentido lo entenderán, y también sabrán que, en la práctica, todos esos sentimientos se mezclan con dosis de postureo, lujo, peloteo, hipocresía, bienquedismo y, en resumen, lo que parece ser vivir en una burbuja. A algunos les mola esta parte del asunto y otros le dedicaríamos ‘La pereza que me da‘ de Los Punsetes, pero igualmente ahí está, y se ve especialmente en las galas de premios, siendo los Goya el mejor ejemplo en nuestro país. Al fin y al cabo, es nuestra mayor fiesta del cine. Para lo bueno, y para lo malo, y de ambos aspectos queremos hablar.

En esta 33ª edición de los Premios Goya, JENESAISPOP fue uno de los medios acreditados para, desde dentro, ir narrando tanto la alfombra roja como la gala. Por la alfombra iban llegando los invitados a la ceremonia (nominados, personas ligadas al cine y la televisión, políticos, Dulceida, etc.), algunos de los cuales se pararon a mandarnos un saludito, como María Adánez, Rozalén, C. Tangana y Pol Monen. Prensa y espectadores estuvieron pendientes de la alfombra roja, analizando el vestuario y maquillaje de las mujeres asistentes, y la gran diversidad de vestuario entre los hombres asistentes (Pablo Amores, Eduardo Casanova o Aldo Comas fueron algunas excepciones a esta ironía), y fibrilaron especialmente al ver pasar a tres de las figuras más buscadas: Amaia, Rosalía y Almodóvar. Y, ya con todos dentro, dio comienzo la gala con un trailer donde se hizo protagonista a un tema que sería recurrente durante las tres horas siguientes: los límites del humor, el humor “políticamente incorrecto”, y toda esa narrativa que vimos recientemente en el anuncio de Campofrío. De nuevo, Los Punsetes: ‘La pereza que me da’… porque Andreu, Silvia y otros cómicos hicieron varios de esos chistes “incorrectos” y nadie vino a arrestarles, pero no hicieron ninguno de los que recoge este tuit que se hizo viral anoche. Burbujas, supongo.

Independientemente de eso, lo cierto es que la gala se hizo más corta que en ediciones anteriores, aunque no estuvo exenta de algún que otro gag al que habría que haberle dado una vuelta (el de Broncano y Berto extendido hasta el punto de quitar el protagonismo a la ganadora Laura Pedro, o el bonito pero fallido homenaje a ‘La lengua de las mariposas’). Y es que no es tanto la duración sino el hecho de que funcione: nadie notó largos los discursos de Javier Vidal y Eva Llorach porque, por distintos motivos, conseguían emocionar, ni a nadie se le hizo larga la actuación de Rosalía aunque su versión de Los Chunguitos no fuese precisamente uptempo.

Otro de los grandes momentos de la gala fue el homenaje a nuestro cine fantástico (con escenas de ‘Tesis’, ‘Magical Girl‘, ‘El Laberinto del Fauno‘, ‘REC 3’, ‘El día de la bestia’, ‘Los Otros’ o ‘El Orfanato‘) y, por ende, a Chicho Ibáñez Serrador, al que solo le hicieron falta dos películas -y qué películas- como son ‘Quién puede matar a un niño’ y ‘La Residencia’ para, sumadas a su gran labor en televisión, convertirse en todo un referente -desde luego tienes que ser un referente para que tu Goya de Honor lo recojan Amenábar, Bayona, de la Iglesia, Vigalondo, Plaza, Fresnadillo, Cortés y Balagueró-. Fue especialmente importante que ese lado más tradicional (y a la vez valiente y rompedor) de nuestro cine estuviese separado solo por minutos del discurso en que el Presidente de la Academia hizo guiños a Netflix, Filmin y las plataformas en sí, defendiendo que la ficción audiovisual no tiene un único modelo anquilosado. Mariano Barroso, que de hecho dirigió para Movistar la estupenda ‘El día de mañana’, estuvo acertado al insistir en considerar las distintas opciones de exhibición como aliadas, no como enemigas, sintetizando en un breve discurso tanto esa cuestión como la referente a la mujer detrás de las cámaras o incluso el recuerdo a Yvonne Blake.

En conclusión, y por lo que se vio en varios momentos de la gala, en varios discursos de ganadores, y en muchas de las películas nominadas, es cierto que el cine tiene en la burbuja comentada antes esa “enfermedad”, parafraseando el film por el que se llevó el premio Susi Sánchez. Y es cierto que esa “enfermedad” se agrava en eventos como el de anoche. Pero en una noche que es puro cine, al igual que aumenta lo malo que éste pueda tener, aumenta lo bueno. Y ves que lo malo merece la pena. Merece la pena porque, como dijo su directora Arantxa Echevarría, una película como ‘Carmen y Lola‘ puede quitarle los prejuicios (Rosy Rodríguez admite que a ella misma se le quitaron) a todos los que, queriendo o sin quererlo, en mayor o menor grado, hacen daño a los que son diferentes a ellos. Merece la pena porque una película como ‘Entre dos aguas‘ muestra esa realidad que prácticamente nunca sale en la televisión, muestra a quienes prácticamente nunca consiguen salir de ella; a quienes, en la era de las frases paulocoelhescas y del vocabulario entrepreneur, tienen un destino establecido al nacer que les cuesta la misma vida cambiar, gracias a un sistema que parece diseñado para impedírselo (y luego culpabilizarles). Merece la pena porque una película como ‘Tu hijo’ -y una interpretación como la de Coronado- te lleva al límite como espectador y, sin pretender pensar por ti o darte una moral concreta, hace que tú mismo te cuestiones esa moral. Todo esto es el poder del cine, sea en la plataforma que sea… y estos son solo tres ejemplos de ese poder en este año. Por tanto, sí: merece la pena, en definitiva, sentir esa necesidad de contar una historia, sentir esa canción que te va a reventar por dentro, como decía Lila Cassen.

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